'Crónicas Marcianas': el éxito de una era y el bochorno de otra

Teresa Aranguez
·11 min de lectura
'Crónicas Marcianas': el éxito de una era y el bochorno de otra

Los 90s fueron un auténtico revulsivo televisivamente hablando. La puesta en escena de las cadenas privadas dio rienda suelta a un contenido mucho más radical y atrevido, y entre aquellas propuestas tan novedosas se encontraba Crónicas Marcianas, el late night de Xavier Sardà que dos décadas después vuelve a ser noticia, no precisamente para bien. El documental Rocío: contar la verdad para seguir viva y sus polémicas imágenes de archivo, como las de Kiko Hernández insultando sin piedad a Sonia Arenas, han abierto la caja de los truenos y sacado a la luz el lado más espeluznante del show de Telecinco.

Unos documentos que, analizados en el contexto actual, nos hacen llegar a la conclusión de que el programa estrella de aquellas madrugadas hoy sería impensable en la pantalla chica.

Jamás pensé que diría esto, pero echar la vista atrás y ver imágenes de aquel espectáculo dantesco hace que las riñas y peloteras que actualmente se producen en Sálvame y realities varios queden reducidas a la nada. Un juego de niños comparado con esa guerra campal de ‘sálvese quien pueda’ donde los insultos, las faltas de respeto y las burlas (a ellos y ellas) sobrepasaban todos los límites.

En realidad, en eso radicaba parte de su éxito, que no había límites. Por aquel entonces era algo impensable que el presentador de turno, o séase, Xavier Sardà, echase de plató o llamase la atención al colaborador que insultara a un compañero o invitado. Allí las palabrotas y ataques ofensivos se paseaban a su antojo convirtiendo lo inaceptable en algo cotidiano y normalizado.

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Y aunque Kiko Hernández haya querido echar balones fuera en estos días y responsabilizar a Sardà de aquel teatro esperpéntico, todos, y me incluyo como espectadora, nos alimentábamos y, hasta cierto punto, éramos partícipes de aquel circo mediático. “Señores, todo lo que se hacía en el plató de Crónicas marcianas, por lo menos conmigo, estaba guionizado. Todo. Por Xavier Sardà. Lo digo más que nada, porque como están colgando un vídeo troceado, porque luego lo gordo cuando me viene a mí lo gordo por parte de lo que estaba guionizado, eso lo cortan”, explicó Kiko Hernández en su programa eximiéndose de toda culpa.

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Pero no fue la única escena de Crónicas marcianas donde los insultos y agresiones verbales tomaron el protagonismo. Hubo muchas más. Ahora que afortunadamente hemos avanzado como sociedad y existe menos tolerancia ante el espectáculo de ataques gratuitos en televisión, lo vemos desde otra perspectiva y quizás sea más fácil entender aquellas palabras que una explosiva Mila Ximénez pronunció en el Chester de Risto Mejide refiriéndose a Crónicas marcianas hace tres años. La periodista hacía un perfil desolador y terrorífico del programa del que fue colaboradora. Aunque inicialmente lo vio como su oportunidad de oro para regresar a la televisión, pronto se daría cuenta que aquello no era trigo limpio, al menos para ella. "Si pudiera borrar de mi vida y de mi currículum mis años en Crónicas, daría cualquier cantidad de dinero por hacerlo", afirmó con dolor la colaboradora. "Para mí fue la actuación y la colaboración más humillante… Éramos como cerdos metidos en el corral. Era todo insultar y ver quién insultaba más y ver quién era más zafio y quién era más cruel... Jamás volvería a hacer un programa como ese", aseveró entre lágrimas. Así lo vivió ella y así lo describió sin pelos en la lengua.

Aquellos debates analizando la actualidad rosa se convirtieron en algo épico. Todavía recuerdo esas noches en el salón de casa junto a mis padres y hermano esperando con ansias a que empezara el espectáculo. Y como nosotros, la mayoría de la población española. Por aquel entonces, y se dice pronto, el show de Sardà podía llegar fácilmente al 40% de share un día sí y al otro también. Los índices de audiencia eran bárbaros, casi irrepetibles desde entonces, pero ¿a costa de qué? De actuaciones sin sentido, humillaciones y, en ocasiones, salidas de tono que fueron incrementando en sus últimos años. 

Por aquel corral de gallitos donde todos querían tener la razón y soltaban lo que fuese con tal de tener su minuto de gloria pasaron todo tipo de colaboradores. Desde los concursantes de realities más polémicos y personajes activos de la prensa rosa como Antonio David, Alessandro Lecquio, Nuria Bermúdez o Aida Nízar, hasta personalidades de lo más relevantes del mundo de la cultura y el arte como el inolvidable señor Galindo, el escritor Boris Izaguirre, Manel Fuentes y Bibiana Fernández. Esa mezcla explosiva era una de las cosas que lo hacía más atractivo, casi adictivo, diría yo.

Pero visto con los ojos de ahora, uno se da cuenta de las barbaridades que pasaron en aquel plató marciano. Y no nos referimos a los calvos de Boris, que eran el pan nuestro de cada día y lo más light del programa, sino a situaciones verdaderamente inaceptables hoy en día en un plató de televisión. Como por ejemplo las afirmaciones de un jovencísimo Antonio David asegurando que en la Guardia Civil no debería haber homosexuales. Y lo peor de todo es que nadie le llamaba la atención. Una cosa es respetar la opinión del otro, otra dar voz a un argumento que pisa los derechos de muchas personas. 

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No fue la única situación denigrante hacia otro ser humano. Cómo olvidar a aquellos famosos ‘frikis’ que un principiante Javier Cárdenas encontraba por varios puntos de la geografía española y que llevaba a plató para colocarlos en el centro de la parodia. Carlos Jesús, El Pozí, Paco Porras y Carmen de Mairena son tan solo algunos de su larga lista.

Teniendo en cuenta que algunos eran personajes marginados y que la única razón por la que estaban allí era por las risas que despertaban, la cosa no tiene tanta gracia. Era una burla constante de los defectos y, en ocasiones, hasta discapacidades de algunos de sus invitados. ¿Había mala intención? Seguramente no, pero ni era lo correcto ni venía a cuento.

De aquellos peculiares invitados Cárdenas hizo la película FBI: Frikis buscan incordiar en 2004 de la que todavía recordamos aquella fractura de brazo del señor Porras al ser atado, muy a su pesar, a una lancha y ser arrastrado al mar. Menudo momento. Aquello salió en todos los zapping de entonces y a día de hoy también. 

Todo eso y mucho más fue por lo que se acuñó el término de telebasura a Crónicas. Ellos fueron los responsables del nacimiento de una de las palabras más usadas para describir contenido televisivo. El Semanal TV publicó un reportaje sobre esta nueva forma de hacer televisión en cuya portada aparecía Sardá y compañía saliendo de cubos de basura. Un acto que provocó la ira del presentador que dedicó nada menos que la primera media hora de uno de sus programas a criticar a la publicación. "Me parece injusto que cuando acaba esta temporada el balance sea que en un periódico de un grupo accionista de Telecinco nos hagan salir de un cubo de basura. En mi libro, alguien me pregunta que qué hago cuando alguien me dice que lo que hago es telebasura. Y yo le respondo, en plan de cachondeo, como basura tiene vocación de insultar, yo le digo: Telebasura, tu puta madre" dijo a su público y a quienes quisieran sentirse aludidos.

Mucha telebasura y muchas críticas pero allí estábamos todos como ovejas del rebaño esperando ansiosos a que empezara el show, y nunca mejor dicho. Hasta el propio Coto Matamoros, un animal televisivo donde los haya que callaba a quien fuese con sus afilados argumentos, reconoció a ABC en 2016 que, por muy bien que se lo pasara en Crónicas Marcianas, ha “pagado una factura elevadísima” por formar parte de este programa. Yo dejé la televisión por mi hija [...] Estaba en una edad en la que consideré peligroso seguir por ese camino porque realmente la figura que me había creado era la caricatura de un monstruo: el tío más golfo del mundo, que se drogaba para desayunar y no paraba hasta acostarse", compartió.

Matamoros no culpó entonces ni a Sardà ni al programa de esa imagen monstruosa de su persona, al contrario, consideró que el contenido del late night era mucho “más light que las guarrerías que se hacen ahora”. En eso no puedo darle la razón. Si bien hay muchos puntos en común entre los programas de la cadena de aquel entonces con los de ahora, como los gritos, montajes y pantomimas de todo tipo, hay algo que ha cambiado, y es el ‘no’ rotundo a los insultos gratuitos. Haberlos, haylos, pero se cortan de raíz con la llamada de atención de un presentador y expulsión del plató si se hace caso omiso.

Una situación que en Crónicas brillaba por su ausencia, allí insultaba hasta el presentador. Todavía tengo grabado a fuego el día que Sardá llamó hija de punta a Aida Nízar. El desagradable episodio ocurría cuando la concursante de Gran Hermano dijo a un chico en silla de ruedas que Dios daba a cada uno “lo que se merece”. Un comportamiento deplorable que el catalán cortó en seco, pero no de la forma más apropiada. En ese momento casi todos le agradecimos el gesto y sentimos que hacía lo correcto. Pero no, no fueron las formas adecuadas.

No se trata de poner en tela de juicio la carrera de este periodista que ha demostrado ser uno de los pesos pesados de la televisión de una época. Y este apartado en su extenso currículum así lo demuestra. Llegó y arrasó. Punto pelota. Supo como nadie tomar el relevo de Pepe Navarro y su Cruzamos el Mississipi para llevarnos a un planeta nuevo que nos mantuvo pegados al sofá durante 8 años. Hizo historia en la televisión con sus audiencias bestiales y controversias de alta tensión, y de la misma manera que llegó, un día se fue.

Cómo olvidar aquel último programa. Lo confieso, a mí se me saltaron las lágrimas, y estoy convencida de que a muchos de mi generación les pasó lo mismo. Para decir adiós, el equipo recopiló algunos de los mejores momentos de los 1.300 shows emitidos en estricto directo. Por primera vez, el público estaba formado por los familiares de los trabajadores del programa, cámaras, editores y demás compañeros que se dejaron la piel en este proyecto. A la fiesta de ‘fin de emisión’ se sumó un clásico de Frank Sinatra, el tema My way con el que se puso punto final a todo un clásico de la televisión.

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El objetivo de Crónicas, para bien o para mal, era el de divertir, y como tal cumplió su cometido en una era diferente. Sin embargo, todo cambia cuando lo analizamos con los ojos de ahora. Quizás dentro de 20 años, cuando echemos la vista atrás, nos llevaremos las manos a la cabeza cuando veamos los contenidos actuales.

De lo que no me cabe duda es que hay un antes y un después tras el programa creado y producido por el fallecido Joan Ramón Mainat. Fue líder de su franja nocturna casi hasta el final, etapa en la que se empezó a percibir un desgaste evidente y que supuso el principio del fin. Como dijo Sardà en una entrevista reciente al programa de La Sexta, Palo y astilla, lo de trabajar en la madrugada y acostarse a las 8 de la mañana le dejó literalmente fuera de juego. “Yo soy diurno… Sencillamente no sabía dormir”, explicó. Él estaba listo para volver a la tierra y el público para recibir savia nueva, y de eso se aprovechó un ingenioso y atrevido Buenafuente que llegó con su humor para quedarse con las madrugadas.

Sí, Crónicas Marcianas fue un programa políticamente incorrecto que nos definió como una sociedad diferente hace apenas unas décadas. Por entonces fue un éxito inconmensurable, pero hoy guarda recuerdos bochornosos para la historia televisiva.

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