Cronenberg empuja al público "a los mismos límites" que se lleva a sí mismo

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San Sebastián, 21 sep (EFE).- David Cronenberg, creador de las películas más pertubadoras, provocadoras y orgánicas del cine de los últimos cincuenta años, ha asegurado hoy en San Sebastián que su intención no es tanto empujar al público a ir más allá de sus límites, sino a sí mismo.

"Invito al espectador a que se apunte y tenga mi misma experiencia", ha señalado el cineasta canadiense que esta noche recibirá de manos del realizador argentino Gaspar Noé el segundo Premio Donostia del 70 Festival de Cine de San Sebastián, que le reconoce una de las carreras más singulares.

"Solía pensar que cuando te daban un premio a toda tu carrera era como decirte 'bueno, basta, para de hacer cine' pero ahora me doy cuenta de que es para decirme 'sigue haciendo más películas'", ha señalado el canadiense en una rueda de prensa en la que también ha respondido preguntas sobre su último filme, "Crimes of the Future", que se proyectará después de la gala en la que recibirá su farola de ocho brazos.

"He estado haciendo películas durante cincuenta años y he ganado algunos premios, pero es un honor ser reconocido en un sitio como San Sebastián, un festival con un trasfondo histórico y cultural y que ha sido importantísimo durante muchos años. Me alienta a seguir adelante en el futuro", ha señalado el canadiense.

Nacido en Toronto, en 1943, Cronenberg ya está en la historia del cine como creador del "horror biológico", un lenguaje diferente y rompedor, muy orgánico, un estilo que ya han incorporado seguidores como la brillante realizadora francesa Julia Ducornau, autora de "Titane".

"Me satisface que me digan que soy un modelo a seguir o inspiración, pero no es por esa razón por la que hago cine. Que existan nuevos directores como Ducornau me confirma que tengo una familia nueva que no son coetáneos míos pero si los considero contemporáneos por la intensidad o el estilo de su cine".

El director de "Crash" (1996) y "eXistenZe" (1999) ha recordado que empezó su carrera como escritor, porque su padre lo era, pero el cine le "raptó". Asegura que si alguna vez hiciera un guion "demasiado extremo", que no se pudiera rodar, lo convertiría en una novela.

Siempre interesado por la tecnología -de hecho, todas sus películas incluyen las relaciones del hombre y la máquina- asegura que, a diferencia de lo difícil que era hacer cine para el chaval que era en los años 60 recién llegado a Nueva York desde su ciudad natal, hoy con un buen móvil puedes hacer una película. De hecho, reta a encontrar algunos planos de "Crime of the Future" que han sido rodados así.

"Uno de los problemas que tenemos con la traducción -que hubo que realizar con una persona que le hablaba al oído- es porque llevo audífonos. Y recientemente me han operado de cataratas, por tanto no tengo las lentes con las que he visto los últimos 75 años, hoy lo tengo todo tecnológico, así que soy biónico, yo soy el futuro", ha comentado con gran sentido del humor.

Y su cine no tiene nada de "profético", afirma: "Ese no es mi trabajo, no intento predecir el futuro ni soy político para sugerir cómo arreglarlo, pero como artista tengo antenas que me hacen más sensible, solo accidentalmente predigo el futuro, pero no intento avisar a la gente de nada".

Aunque, eso sí, a menudo se encuentra con "cosas desestabilizadoras, perturbadoras". Las que nutren una filmografía de medio centenar de filmes, entre los que se encuentran obras maestras como "La mosca" (1986) o "Promesas del este" (2007), donde ya trabajó con Viggo Mortensen, una especie de alter ego del director que protagoniza la inquietante "Crime of the Future".

En ella, Mortensen es Saul Tenser un artista que utiliza su cuerpo como materia prima para sus obras, también sus vísceras, que ha logrado tatuar; a veces siente dolor, un sentimiento olvidado por sus contemporáneos que se fascinan con las performances de los artistas corporales como Tenser.

Además del arte, que Cronenberg considera que tiene "una esencia criminal, al igual que los artistas", la película es una distopía en la que los humanos necesitan mutar para poder alimentarse de los residuos que ellos mismos producen.

"Me preocupa el éxito que podamos tener para arreglar el mal que le hemos lanzado al mundo, pero con tal de que tengamos el deseo de cambiarlo, creo que algo haremos. El problema es que tenemos locuras como la guerra de Ucrania, aparte del cambio climático; no tengo respuesta sobre si nos hemos pasado y no lo conseguiremos, pero no soy demasiado optimista".

Según ha dicho, el único tema que no tocaría en una película son "los perritos".

"Eso es un tema casi tabú, prohibido... Sólo tienes que tener un perrito muy bonito y matarlo de verdad en una película y darás la vuelta a Twitter", apunta con humor negro.

"El shock 'per se' no me interesa, me interesa crear una narrativa para tratar de entender por qué me siento de una manera o de otra, que sirva para pensar si nuestros cuerpo se modifican por la tecnología o por los errores con el medio ambiente".

(c) Agencia EFE