La crítica de Tamara hacia ‘MasterChef Celebrity’ adquiere ahora un nuevo significado

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Tamara en 'Déjate querer' (Mediaset)
Tamara en 'Déjate querer' (Mediaset)

La cantante andaluza Tamara se ha convertido en una de las protagonistas de la televisión durante este fin de semana. La pasada noche del sábado, la intérprete de temas como ‘Si nos dejan’ visitó el plató de Déjate querer, el programa de sorpresas de Toñi Moreno en Telecinco, y allí nos dejó, de forma muy generosa, conocer a la persona que hay tras la figura pública que todos conocemos. Su relato fue bastante emotivo, dejó las máscaras y las buenas caras a un lado para mostrar su universo más interior (y oscuro), con un relato que me hizo pensar en su pasado en MasterChef Celebrity.

Tamara conoce los medios de comunicación desde muy joven; siendo una niña ganó un concurso en Antena 3 imitando a Pocahontas, y siendo una adolescente publicó su primer disco, titulado ‘Gracias’. A lo largo de su extensa carrera, en la que ha grabado 11 álbumes y ha publicado varios trabajos recopilatorios, ha dado muchas entrevistas, pero pocas con la transparencia de la de este sábado.

Por un lado, Tamara habló de cómo la pandemia alteró la economía de su familia. Casada desde hace casi 20 años con Daniel Roque, la cantante es madre de cuatro hijos, y uno de ellos tiene necesidades especiales, pues tiene un trastorno de espectro autista leve, por lo que tiene que ir semanalmente a terapia. Tamara quiso que, al contar su historia, se deje de pensar en el TEA como en una enfermedad, y que su caso sirva para visibilizar y normalizar a las personas que lo tienen. En ese sentido, reconoció que cuando le dieron el diagnóstico tuvo bastante entereza, pero que su esposo sí se derrumbó.

Más tarde, Tamara reconoció haber tenido depresión severa. Ha estado varias veces en el hospital por esto, e incluso ha admitido haber intentado acabar con su vida en dos ocasiones. Lo más positivo de todo fue su mensaje, dejando claro que de la depresión se puede salir. “Lo primero es ponerse en manos de profesionales, psiquiatras, psicólogo, y después mucha fuerza de voluntad”, aseguró sobre su propia experiencia. “Yo, después de dos años de una depresión severa, me levanté y dije ‘no voy a tomar más pastillas de depresión’, y nunca más”, añadía.

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Toda esa historia personal era necesaria para que el espectador entendiese su presencia en el programa. Y es que dio una sorpresa a una amiga llamada Mónica, quien inicialmente era una fan, pero se volvió un pilar imprescindible en la vida de la de los boleros. “No quería existir y ella fue la única que me tendió la mano”, reconocía con emoción.

Con mucha generosidad, como decíamos, Tamara nos permitió descubrir esa mochila emocional que tiene a sus espaldas, y que otorgan una nueva dimensión a otro episodio de su vida en el que la televisión tuvo mucha importancia. Hablamos de su paso por MasterChef Celebrity, formato del que fue participante en la edición de 2021; ella fue a la prueba de expulsión en la primera noche, y entonces ya preveía lo peor. “Si salgo no me lo perdonaría en la vida. Tengo cuatro niños y quiero que estén orgullos de mí. Si me voy, no quiero decepcionarlos”, decía entonces. Poco después, Jordi Cruz anunciaba su nombre como primera expulsada, y ahí la sevillana se vino abajo. Para ella, estar en MasterChef Celebrity era una manera de seguir trabajando, pues la pandemia del coronavirus había interrumpido su gira como cantante. “Tengo cuatro hijos y es difícil de mantener”, lamentaba.

Poco después, la artista hizo un directo de Instagram donde reflexionó sobre su breve trayectoria en la competición. “La expulsión creo que fue un poco injusta. Aunque adore a todos mis compañeros, fue un poco injusto porque es verdad que en la nominación del delantal negro, había compañeros que sabían menos de cocina que yo. Cocino desde que tengo ocho o nueve años”, aseguró. Para la sevillana fue una decepción toda la experiencia porque se encontró en algo que era más “un reality que un concurso de cocina. El que más llamase la atención se quedaba. Yo me preparé más para cocinar que para hacer show. Que igualmente con esa salida lo di”, reconocía la artista.

Ahora, sabiendo que Tamara ha estado dos años peleando con una depresión severa, que la ha llevado a pasar por el hospital, y que ha implicado intentos de suicidio, sus palabras adquieren otro significado. No imaginábamos cuánto de terapéutico podía suponer su paso por MasterChef para sanar las heridas de su alma, ni tampoco, cuánto dependía el bienestar de sus hijos de su permanencia. Porque hasta entonces ella no había hablado del autismo de su hijo, ni pensábamos que el bienestar de uno de sus cuatro vástagos implicase un gasto mayor que el de cualquier otro chico de su edad.

Tamara nos ha ayudado a conocerla más, nos ha recordado que no todos los famosos tienen una vida entre algodones como se proyecta en los medios de comunicación. Sus lágrimas y lamentos en MasterChef tenían un trasfondo más grande del que hubiésemos imaginado hace justo un año, y ha visibilizado tanto a las familias cuyos hijos tienen autismo como a las mujeres que, como ella, hayan pasado por una depresión severa. Su mensaje le ha dado humanidad, a la vez que ha abierto una puerta a la esperanza, porque, como ella dijo, de la depresión (y de otras muchas situaciones complicadas de la vida) se sale.

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