Crítica: Rocketman, la redención brillante de Elton John

Durante gran parte de su carrera, Elton John fue un misterio para sus fans. Una especie de alter ego musical que brillaba sobre el escenario, con gafas estrambóticas y con un vestuario más brillante que el de Freddie Mercury. Pero ahora, a sus 72 años, Elton se desnuda por completo poniendo su vida en manos de Dexter Fletcher con un biopic que trasmite su pasión, pero sobre todo su dolor.

Autor: David Appleby; © 2019 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED.

Rocketman aterriza en la cartelera el 31 de mayo, medio año después del éxito de Bohemian Rhapsody, y con el mismo director al mano. Dexter Fletcher fue el cineasta que tomó las riendas del biopic de Queen cuando Bryan Singer desapareció del rodaje tras las vacaciones de Acción de Gracias. Y si bien el crédito final de la película fue para Singer por cuestiones del Sindicato de Directores, muchos opinamos que era Fletcher quien se lo merecía. Y ahora con Rocketman tiene su redención, al igual que Elton John.

Protagonizada por Taron Egerton (Eddie, el águila, Kingsman), con la cabeza rapada y una peluca que simula la calvicie del cantante, prótesis dental y una voz excepcional, se entrega por completo en un personaje que sin dudas marcará un antes y un después en su carrera. Incluso, tras el debut de la película en el Festival de Cannes, su nombre ya es de los primeros (junto a Antonio Banderas) que lideran las quinielas para los Oscar 2020.

En la escena vemos a Bryce Dallas Howard como Sheila, Gemma Jones como la abuela Ivy, Taron Egerton como Elton John y Jamie Bell como Bernie (Autor: David Appleby; © 2019 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED)

Rocketman bien podría definirse como un biopic musical, ya que utiliza las canciones de Elton como parte de los diálogos, siendo la corriente que une la película y la manera en que el cantante desnuda su alma. La película comienza con el ingreso de Elton en rehabilitación. Pero lo hace a su estilo. Con plumas, brillos y cantando, manteniendo su alter ego musical en una situación en donde la honestidad y la redención personal no le va a ser nada fácil. En tono musical, cantando, bailando y con todo el colorido que lo representa, comienza a contar su historia delante de un grupo de extraños, remontándose a su niñez y revelando la relación nula que tuvo con su padre, la presión de su madre y el amor incondicional de su abuela.

Elton nos muestra la carencia afectiva que siempre sufrió y que tanto anheló, encontrando en el piano una pasión que le era innata. Así llegamos a su adolescencia y sus primeros años de adultez, cuando comienza a componer la música para las letras de su compañero y socio de toda la vida, Bernie Taupin (Jamie Bell). Entonces el éxito toca a su puerta, actuando en el clásico recinto musical The Troubadour de Los Angeles y comenzando un camino sin retorno. Con la fama llega un manager oportunista (Richard Madden), las drogas y la soledad.

La película resume cómo, a pesar del éxito, el amor tardó mucho tiempo en llegar a su vida, utilizando la falta de amor propio como uno de los factores esenciales, así como el rechazo familiar por su condición homosexual. Uno de los momentos claves de la historia es cuando confiesa a su madre su condición, quien le contesta: “estás eligiendo una vida en la que siempre estarás solo, nunca serás amado de verdad”. Una daga contundente que penetra en él y en el espectador.

Sin embargo, sus 121 minutos de metraje hacen que la película resulte demasido extensa en la narración central. La historia recurre al dolor personal con un hincapié que resulta repetitivo y nos pierde por momentos, pero Fletcher consigue recuperarnos con el retorno de Jamie Bell a escena y la cercanía del perdón propio.

Bryce Dallas Howard brilla en el papel de la madre de Elton, aunque las interacciones más efectivas del filme las encontramos en las que mantiene con Richard Madden -en la piel de su manager John Reid y amante- y con Jamie Bell.

En esta ocasión, Jamie Bell nos recuerda porqué sigue siendo una de las grandes promesas del cine británico, aportando una magia única a cada una de sus escenas como el amigo, consejero y compañero de Elton durante toda su vida. Una interpretación natural y honesta que bien merecería llegar hasta la temporada de premios en calidad de actor secundario.

A diferencia de Bohemian Rhapsody, Rocketman es una biografía honesta y sin reparos a la hora de contar la verdad. Elton se quita la máscara y deja su alter ego en el pasado, transmitiendo su dolor pero también el perdón y la redención. Y la película lo transmite, siendo una propuesta diferente, original y efectiva, de esas que se quedan contigo cuando sales del cine.

PUNTUACIÓN: 8/10

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