Crítica: La casa de papel regresa con una vuelta de guion que no deja parpadear

Aún recuerdo mi desconfianza cuando anunciaron la tercera temporada de La casa de papel tras el broche de oro que supuso el desenlace de la segunda parte. Para mí la historia estaba cerrada.

Pero viendo el inicio de la tercera temporada, confieso que estaba equivocada.

(Autor: Tamara Arranz Ramos; ©Netflix)

Esta serie de culto regresa a Netflix el 19 de julio y lo hace con sus protagonistas llevando a cabo un nuevo robo, superando con creces el mayor atraco que nos pudiéramos imaginar y, por supuesto, el ya cometido en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que centró las dos primeras tandas. Tenía razón Álvaro Morte cuando me prometió en una charla previa que los nuevos episodios no decepcionarían.

Tuve la oportunidad de disfrutar de los tres primeros capítulos antes del estreno y puedo asegurar que esta tercera temporada presenta un mayor ritmo. La acción se disfruta desde los primeros minutos cuando uno de los integrantes de la particular banda organizada por El Profesor resulta capturado tiempo después de completar el ambicioso plan y de cruzar aguas internacionales.

En este contexto, tras el cierre de la segunda parte, siempre me pregunté cuál sería el paradero de los protagonistas del mayor atraco de esta historia ficticia, destinos paradisiacos que en estos nuevos episodios quedan al descubierto. Y es que la nueva trama nos hace viajar junto a Tokio, Nairobi, Denver y compañía sin movernos del sitio, aunque he de aclarar que pronto la trama se concentra en Madrid. Sin embargo, cabe destacar que los nuevos episodios están montados con continuos recorridos en el tiempo antes de la designada “hora cero”. Esto permite flashes al pasado donde descubriremos a uno de los personajes más queridos y que tuvo un fatal desenlace en la anterior entrega.

No obstante, también descubriremos nuevos personajes, interpretados por Rodrigo de la Serna, Fernando Cayo o Najwa Nimri, que resultan esenciales en la nueva historia para que el regreso a la pequeña pantalla no resulte forzado. Desde luego el guion cumple con las expectativas y además da la sensación de que no se ha escatimado ni un euro en la producción.

Esta tercera parte se concibe como la primera original de Netflix, después de que la serie que fuera producida en 2017 por Atresmedia en colaboración con Vancouver Media se adquiriera por el gigante del streaming. Esta circunstancia no influye en el propio contenido, el tono es el mismo que en los episodios iniciales y, de hecho, hasta Úrsula Corberó, que con su nuevo look recuerda a Mavis de Hotel Transylvania, se sigue reservando el papel de narradora de la historia.

Aunque como digo, la esencia permanece intacta, quizás el factor sorpresa no tanto. Aventurarse a desarrollar otra temporada y centrar la trama en un nuevo atraco, que no pongo en duda que resulta más grandilocuente, me resulta muy osado y no termina de convencer del todo. Sin embargo, asumo que este contenido era necesario para homenajear a los fans que han convertido a esta historia made in Spain en la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix y que además han propiciado que el pasado año se le otorgara un Premio Emmy en la categoría de mejor drama internacional.

El tributo a los seguidores se palpa rápidamente en los diálogos, haciendo un guiño continuo a este esperado regreso de la banda desde ese Bienvenidos… otra vez que el personaje encarnado por Álvaro Morte escribe en la pizarra antes de preparar el nuevo plan. Pero quiero recalcar una escena concreta que estoy segura que sorprenderá porque deja entrever una auténtica realidad: las características máscara de Dalí, acompañadas de los monos rojos que lucen sus protagonistas, se han convertido en un símbolo de resistencia en nuestra realidad más reciente.

(Autor: Tamara Arranz; ©Netflix)

Como ha sucedido con El cuento de la criada, donde sus distintivas cofias blancas y túnicas rojas se lucen especialmente en protestas feministas y hasta Elisabeth Moss ha calificado esta acción de honor, el atuendo de La casa de papel refleja nuestra propia indignación colectiva que se ha podido apreciar desde una manifestación por los derechos de las mujeres hasta en las gradas de estadios de fútbol. Porque, como bien expresa el autor intelectual del atraco, han inspirado a gente en su lucha.

Para quienes nunca se hayan adentrado en esta serie creada por Álex Pina puede sonar alarmante que una historia, que a priori enaltece las acciones de un grupo de asaltantes, se haya convertido en un fenómeno social que ha traspasado la pantalla. Aquí está el quid de la cuestión que no se pasa por alto en el arranque del primer episodio de la tercera temporada con el discurso de un dolido Arturo Román, personaje encarnado por Enrique Arce, rehén de los primeros episodios y una de las principales víctimas de esta revolución que nos ha llevado a querer a los personajes que antaño fácilmente calificaríamos de villanos de la pequeña pantalla pero que ahora sirven para criticar al sistema.

Pero esta tendencia no es nueva ni poco explotada. A nivel internacional tenemos el reciente ejemplo de los miles de fans que sigue arrastrando el personaje de Cersei, encarnado por Lena Headey, o los de Daenerys Targaryen, interpretada por Emilia Clarke, cuyo personaje manifestó un giro sanguinario en la octava y última temporada de Juego de Tronos. Esta corriente de antihéroes es especialmente llamativa en nuestro país. Y no lo digo sólo por el hecho de que las protagonistas de Las señoras del(h)AMPA se cargaran en el primer episodio a una de las madres de la asociación escolar y se quedaran tan pichis, sino más bien por la fama que han adquirido Zulema y Maca, protagonistas de Vis a vis. El favor del público ha sido tal que próximamente Najwa Nimri y Maggie Civantos liderarán una serie derivada del éxito carcelario.

Y como recientemente, el 17 de julio, se ha celebrado el Día Mundial del Emoji prefiero emplazar a los nuevos capítulos de La casa de papel con la advertencia del icono de la cara aturdida. Sí, aquel con los ojos en cruz y la boca abierta que simboliza emociones fuertes, las mismas que provocará este nuevo golpe según mis primeras impresiones.

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