Crítica: 'El vicio del poder', la biografía política más inteligente del año

Dick Cheney fue vicepresidente durante los dos mandatos de George W. Bush y, según muchos expertos, fue la sombra constante detrás de las decisiones más importantes de aquella presidencia. Las más polémicas y las que dieron forma a nuestra historia mundial. La repuesta al 11S, las guerras de Afganistán y la farsa de las armas de destrucción masiva en Irak. Por nombrar algunas. De eso nos habla El vicio del poder, la nueva apuesta cinematográfica de un director experto en crear debate metiendo el dedo en la llaga en la reciente historia americana. Y en consecuencia, de nuestro mundo en general.

(Crédito: Annapurna Pictures)

Después de contagiarnos la rabia generalizada al conocer a los aprovechados de la crisis económica de 2007-2008 en La gran apuesta, Adam McKay se adentra en el terreno político con la historia de una figura de la que poco se sabe y poco se habla. Protagonizado por Christian Bale con la maestría camaleónica que lo caracteriza -y unos 18 kilos de más-, el galés nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera con un personaje de capas, matices y un tono que juega entre el papel de villano y ser humano con la codicia más astuta de Washington. Un trabajo que fue premiado con el Globo de Oro a Mejor Actor en Comedia/Musical y que lo coloca como el favorito a los próximos premios Oscar. Con perdón de Rami Malek. 

Una actuación que, sin dudas, se apoya en un reparto de lujo que da lo mejor de sí mismo en la figura de Sam Rockwell como un George W. Bush ingenuo y estúpido; un Steve Carell codicioso como Donald Rumsfeld y una Amy Adams brillante como la fiel esposa.

La película transcurre durante sus años junto a Bush hijo, arrancando con el 11 de Septiembre y mostrando cómo fue él quien tomó las decisiones militares aquel día sin consultar al presidente. Gracias al uso de flashbacks, la historia nos permite conocer su pasado como estudiante borracho y sin futuro que, gracias al ultimátum de su esposa (interpretada por una sublime Amy Adams), cambia de rumbo hacia la política. Enseguida encuentra su lugar en la Casa Blanca, sirviendo en puestos diferentes a lo largo del mandato de cinco presidentes.

McKay pasó muchos meses entrevistando a periodistas políticos y expertos; e investigando sobre la figura de Cheney, creando una película que revela y advierte al mismo tiempo. Jugando con el humor, la ironía y la comedia negra, está sátira política humaniza a Cheney como un padre y esposo, aferrado su familia pero con una codicia por el poder tan peligrosa como la de Frank Underwood (el personaje de Kevin Spacey en House of Cards).

(Crédito: Annapurna Pictures)

El director recurre al análisis y los datos para recrear conversaciones claves que marcaron el rumbo de la historia, innovando incluso con un diálogo shakespeariano entre Bale y Adams que toma por sorpresa pero triunfa en ingenio. Sin embargo, muchos críticos han criticado duramente esta escena por salirse de contexto, pero no es más que parte de la intención de McKay de generar sorpresa y debate. Y en mi humilde opinión, triunfa.

Veredicto: El vicio del poder es un biopic diferente, de esos que impactan y remueven las entrañas; y de esas películas que cobran vida cuando salimos del cine. Mordaz y original, es de esas producciones que dividen pero no dejan a nadie indiferente.

El vicio del poder de estrena en España el 11 de enero, y en Hispanoamérica lo hará semanas más tarde bajo el título El vicepresidente: más allá del poder.


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