Crítica: la película de ‘Downton Abbey’ es un final imprescindible (solo) para los fans

PUNTUACIÓN: 80/100

El sentimiento briánico (o britishness) de época en su máxima potencia lleva décadas conquistando el cine y la televisión, aunque su exponente más influyente de los últimos años fue, sin dudas, Downton Abbey. Aquella serie creada por Julian Fellows nos transportaba como en un sueño a una realidad familiar imposible entre aristócratas y sirvientes en una era de guerras, hambruna y extremas diferencias de clases sociales. Pero no en Downton, allí todo era perfecto y a cuatro años del final de la serie (2010-20015), nos toca volver a ese mundo en donde flotamos en una nube de idealismo edulcorado prácticamente perfecto.

(Jaap Buitendijk; © 2019 FOCUS FEATURES LLC. ALL RIGHTS RESERVED.)

Porque sí, Downton Abbey (la película) es un ejercicio de puro placer culposo. Realizada por y para los fans, la producción recrea ese universo familiar en donde las vidas de los aristócratas y sus sirvientes se mezclan entre las mismas paredes -aunque en pisos diferentes- y todos bajo el mismo techo de protección de esa mansión que reúne humanidad y grandeza a partes iguales.

En esta ocasión, la historia avanza a 1927, un año después del final de la serie, reencontrándonos con una familia que no ha cambiado mucho, y una servidumbre que tampoco. Las que más han cambiado son las hijas de la familia, Lady Mary (Michelle Dockery) y Edith (Laura Carmichael). La primera por ser la responsable de tomar el testigo como protectora y mujer del castillo, y la segunda por sentirse desconforme con su vida como esposa trofeo de un aristócrata tras verse obligada a dejar su carrera.

(Jaap Buitendijk; © 2019 FOCUS FEATURES LLC. ALL RIGHTS RESERVED.)

Pero la vida idílica de Downton termina dando un vuelco de 180 grados cuando reciben la noticia de la visita del rey Jorge V y su esposa María. Imagínense el revuelo. No solo entre los dueños de la casa que deben asegurarse de que todo sale a la perfección, sino en el subsuelo, donde los sirvientes deliran de la emoción imaginando servir a los reyes, hasta que descubren que los monarcas tendrán a su propia servidumbre para cocinar y servir el banquete. Esta situación permite crear los momentos más divertidos, pícaros y tiernos de la película, haciendo que el espectador -se entiende que conocedor de cada personaje- se alegre, ría y disfrute con cada momento de victoria.

Mientras los personajes que representan a la servidumbre se llevan muchos momentos del filme, hay dos figuras que se roban el protagonismo absoluto. El primero es Tom Branson (Allen Leech), a quien descubrimos siendo fiel a sí mismo a pesar de su posición privilegiada, mientras sigue intentando descubrir su verdadero lugar en la familia justo cuando la vida le vuelve a dar una segunda oportunidad en el amor. Y la segunda, pero la mejor, es Maggie Smith.

(Jaap Buitendijk; © 2019 FOCUS FEATURES LLC. ALL RIGHTS RESERVED.)

La reina de las actrices británicas (con perdón de Judi Dench) se roba cada momento que aparece en pantalla gracias a las frases perfectas que Julian Fellows escribe para ella. Irónica, doliente y soberbia, Violet Crawley sigue igual que siempre y sus escenas con la Sra. Hughes (Phyllis Logan) son pura delicia. Sin embargo , existe una escena que comparte con Michelle Dockery que no me extrañaría que coloque a la veterana intérprete en la carrera hacia el Oscar a mejor actriz secundaria. Se trata de un momento cargado de emoción, en donde Maggie Smith transmite sentimientos encontrados en la audiencia a través de sus palabras, su mirada y su actuación al completo. Es un momento realmente brillante, y si no eres fan de Downton Abbey, al menos por dicha escena merece la pena verla.

Para ser una película basada en una serie que solo atraerá a los seguidores, funciona. Digamos que es completamente innecesaria (y hasta incomprensible) para el público en general, pero imprescindible para los fans. Si bien podría resumirse como un capítulo más en la historia de los Crawley, su creador y el director Michael Engler, consiguen expandir el universo dándole más grandeza al escenario, vestuario y producción, haciendo que sea digna de esta visita a la gran pantalla.

En Downton Abbey (repito, la película), los fans encontrarán la conclusión perfecta a la historia, una especie de eslabón redondo para los Crawley y sus sirvientes. Así como hizo la serie, edulcorando la realidad con una visión épica, pastelada y perfecta de una era que no lo fue tanto, la película vuelve a convertir a Downton en Narnia. Aquellos que llegaron a encariñarse con los habitantes de Downton vivirán un reencuentro inolvidable. Una obra de escapismo perfecto.

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