Crítica de 'Fast & Furious: Hobbs & Shaw': acción de infarto para ver más de lo mismo

PUNTUACIÓN: 55/100

A 18 años de comenzar el furor más “rápido y furioso” del cine y cosechar más de 3.52 mil millones de euros ($3.89 mil millones) con ocho películas, Fast & Furious busca nuevos aires con su primer spin off: Fast & Furious: Hobbs & Shaw. Pero el resultado no aporta nada nuevo, ni al género ni a la saga.

Autor: Daniel Smith; © Universal Pictures

Dirigida por David Leitch, el mismo que demostró su valía en el cine de acción dirigiendo Atómica (2017) y Deadpool 2 (2018), la entrega se desliga de la “familia” de Dominic Toretto para centrarse en dos de las figuras más explosivas de la saga: Dwayne Johnson y Jason Statham. Si bien ambos llevaban apareciendo de forma esporádica en varias entregas, fue en Fast & Furious 8 que le robaron el protagonismo al macho alfa de la saga, Vin Diesel, con una escena de fuga trepidante en una prisión. Allí demostraron que Luke Hobbs y Deckard Shaw tenían una química que merecía ser explotada.

La Roca se está acostumbrando a encontrar compañeros con los que compartir complicidad cómica a través de insultos mutuos y bromas. Lo hizo con Kevin Hart y ahora expande su repertorio de sidekicks con Statham. La diferencia en esta ocasión es que los dos son tipos rudos, aunque Jason ocupa el lugar de compañero secundario ante la presencia acaparadoramente natural de Dwayne en sus películas.

Pero no deja de ser más de lo mismo. Y es que Fast & Furious: Hobbs & Shaw no es una película original. Y no porque se trate de dos personajes salidos de una saga longeva que no deja de regresar a los cines (Fast & Furious 9 se estrena en 2020 y Fast & Furious 10 en 2021), sino porque es una película que bebe de los clichés habituales del género sin aportar elementos nuevos.

Tiene influencias del buddy cop, el subgénero policial en donde dos protagonistas masculinos comparten camaradería a través de bromas en momentos de vida o muerte como lo hicieron Mel Gibson y Danny Glover en Arma letal o Mark Wahlberg y Will Ferrell en Los otros dos, como muchas otras. Bebe del cine imposible como las películas de Tom Cruise y repite el mismo estilo de siempre de ambos intérpretes: tipos duros, sin miedo y cuya única profundidad aparece a través de la familia. Lo mismo que la saga original.

(c) 2019 Universal Pictures. All Rights Reserved.

Dicho esto, no quita mérito que Dwayne Johnson sabe cómo ganarse al público. Su público. Ese que no se aburre viéndolo interpretar personajes similares que sacan a relucir su desparpajo y carisma natural. La Roca hace alarde de su maestría para conquistar a la audiencia a través de bromas y escenas de acción en donde su destreza es la pelea ruda. Mientras Jason Statham es el tipo rápido, de rostro serio que sabe regalarnos una buena secuencia de lucha de varios minutos de duración.

A todo esto hay que sumarle la colaboración de Vanessa Kirby, una de las actrices británicas que no deja de abrirse camino en Hollywood a pasos agigantados. En esta ocasión es la protagonista de una de las virtudes de este spin off al colocar la valentía y destreza de un personaje femenino a la par que sus compañeros masculinos. O incluso más en ocasiones.

Vanessa interpreta a Queenie, la hermana de Shaw y agente secreto del MI6 que se une a los dos malotes protagonistas para derrotar a un villano equipado con habilidades cibernéticas que amenaza el futuro de la humanidad. Ese villano es Idris Elba, en un papel de clichés caricaturescos.

(c) 2019 Universal Pictures. All Rights Reserved.

El londinense interpreta a Brixton, un villano inusual en esta saga al contar con facciones que recuerdan a Terminator o Robocop, capaz de ver con su mirada un panel de controles o frenar balas con una mano. Esta figura coloca a la película en un género de acción cercano a la ciencia ficción, lejos de lo que representa el resto de las entregas.

Queenie se inyecta un virus para no dejar que caiga en manos del villano, y el resto de la película es una historia de persecuciones continuas en donde los héroes se lucen con escenas de acción acordes y un villano que quiere pero no puede. Un malo malísimo que a mí me recuerda a los viejos villanos obstinados de James Bond.

Es por eso que Fast & Furious: Hobbs & Shaw es una película que lleva el nombre de su saga madre, pero que en realidad no comparte casi nada con ella. Es una película que puede comprenderse sin necesidad de conocer el resto. Y es por eso que abre las puertas a una continuación que podría tener a Dwayne Johnson conquistando la saga que hasta ahora abanderaba Vin Diesel.

A pesar de no aportar nada nuevo a la saga o al género, lo mejor de Fast & Furious: Hobbs & Shaw es que se trata de una propuesta entretenida para aquellos amantes del cine de Dwayne Johnson, plagada de momentos de acción que no escatiman en recurrir a todos los medios de transporte posibles. Lo peor es que resulta repetitiva en medio de un género plagado de ideas en las últimas décadas y un villano tan exagerado que nos hace sentir pena por Idris Elba.

Fast & Furious: Hobbs & Shaw está en cines desde el 1 de agosto.

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