Crítica de 'Élite': la serie juvenil de Netflix vuelve para seguir rompiendo tabúes y con misterio incluido

Las series de adolescentes vuelven a estar de moda en España tras un largo vacío en la parrilla televisiva. Y yo que me alegro.

Si eres de los espectadores que echaban de menos Gossip Girl y, que se adentró en You sólo porque se trataba del nuevo proyecto de Penn Badgley sin apenas conocer que esta historia abordaba el papel que juegan las redes sociales en la obsesión, puede que el pasado año también sucumbieras a Élite porque entre sus filas se encontraban protagonistas de otro de los pelotazos de Netflix, La casa de papel.

(Manuel Fernandez-Valdes/Netflix)

Pues bien, el próximo 6 de septiembre esta propuesta juvenil regresa con una segunda temporada con la que darse una buena maratón. Y nosotros ya hemos tenido la oportunidad de disfrutar de los dos primeros episodios que conforman esta nueva tanda y podemos adelantar que el asesinato que centró el arranque de la historia seguirá dando juego, provocando un choque continuo entre los hijos de la élite que lo tienen todo y los que no tienen nada que perder.

Y es que la segunda temporada de Élite es justo lo que se esperaba por lo que los apenas 50 minutos de cada episodio vuelven a pasarse en un suspiro.

A pesar de que en las últimas décadas numerosas producciones teen se han ambientado en centros de estudios como las españolas Física o Química, Compañeros o Al salir de clase (que ya pasaron a la historia), la estadounidense Gossip Girl, la argentina Rebelde Way y su respectivo remake desarrollado en México, Rebelde, Élite sobresale porque en un colegio tan exclusivo como se presupone que es Las Encinas se narra una historia donde nada es lo que parece, captando la atención del mismo público que, posiblemente, también se dejó seducir en 2007 por El internado que empleó tintes paranormales para diferenciarse.

ROMPIENDO TABÚES

Esta segunda temporada está dirigida más si cabe a jóvenes espectadores que pueden encontrarse a sí mismos en la pequeña pantalla gracias a unos personajes bastante bien definidos que viven sus propios dramas. Porque los que hemos crecido con los protagonistas de Glee, The O.C, o si me apuras de Salvados por la campana, nunca tuvimos una mirada tan descarnada a la vida adolescente por mucho que en estos títulos ya se empezara a abordar temas como la sexualidad o el bullying.

La audiencia que hoy sigue Élite es testigo directo de cómo las series juveniles han avanzado en la representación de esa sexualidad que comentaba y que ahora se trata con naturalidad en la trama. De hecho este metraje de Netflix se aleja bastante de la imagen más convencional que puedan ofrecer otras ficciones en cuanto al descubrimiento del sexo por parte de sus protagonistas. Aquí, como ya se pudo comprobar en la primera temporada, interesan otras realidades como las relaciones abiertas que experimentan los personajes interpretados por Miguel Herrán, Álvaro Rico y Ester Expósito o las relaciones fraternales que se exploran en la segunda tanda.

En este sentido, Élite es una de las series españolas más rompedoras porque se atreve a abordar sin complejos temas políticamente incorrectos en la pequeña pantalla. Aunque, con un pero ya que apenas se preocupa de tratar el análisis social y las consecuencias negativas que en la realidad de nuestros jóvenes puedan tener determinadas acciones. Quizás aquí está la clave del triunfo que explicaría cómo ha conseguido trascender y ampliar el abanico de público al que, impepinablemente, se ha dirigido desde su estreno. Porque más allá de narrar (a veces con calzador, todo sea dicho) el despertar sexual que tanto juego da a los guionistas y cómo muchos jóvenes están en contacto con las drogas o sumidos en su propia espiral de destrucción, Darío Madrona y Carlos Montero siguen explorando en los siguientes episodios nuevos matices que resaltan lo complicado que resulta a veces adaptarse al entorno en plena adolescencia.

(Manuel Fernandez-Valdes/©Netflix)

Me ha sorprendido especialmente el papel reivindicativo que adquiere Mina El Hammani en la trama con un conflicto emocional muy interesante debido a la contraposición entre la vida que sus padres musulmanes quieren que siga y la que está descubriendo por ella misma distanciándose de su religión, buscando la aprobación sin hijab.

Pero no sólo aplaudo el peso de esta actriz en la historia sino que me complace comprobar que la representación LGTBI continúa presente contribuyendo a un retrato más fidedigno de nuestra sociedad. Así, Élite sigue dando bombo a la relación entre Omar, interpretado por Omar Ayuso, y Ander, encarnado por Arón Piper, abordando de forma clara el miedo de estos jóvenes homosexuales a la homofobia en sus diferentes vertientes. No obstante, todo apunta a que su historia de amor en la nueva entrega será compleja por culpa de terceras personas.

UNA SEGUNDA TEMPORADA ENVUELTA EN MISTERIO

La segunda temporada de Élite arranca a la par que el nuevo año escolar en Las Encinas que trae de vuelta a estudiantes nuevos y antiguos. Estos últimos intentan volver a la normalidad tras la muerte de una de las alumnas que centró la primera tanda. En este contexto, cabe destacar la incorporación de Jorge López en su papel de Valerio que trae consigo un soplo de aire fresco a la historia aunque se vuelve a caer en el estereotipo de niño rico que se rebela. También revoluciona las aulas Claudia Salas en su rol de Rebeca y Georgina Amorós, actriz que deja atrás su papel en Vis a vis, como Cayetana. Sin duda, los tres fichajes nos ayudan a olvidar rápidamente el personaje ejercido por María Pedraza en la serie.

(Manuel Fernandez-Valdes/©Netflix)

La tensión dramática vuelve a estar presente desde el primer episodio de esta segunda tanda provocando que la audiencia continúe con el siguiente capítulo sin pestañear para descubrir cómo han evolucionado los personajes y cómo los secretos se convierten en una carga casi imposible de soportar para algunos de ellos. Por eso, estos episodios cuentan nuevamente con una estructura similar a los capítulos que conformaron la primera entrega repleta de flashbacks y guiada por una trama de interrogación de la policía que ahora cuestiona a los diferentes estudiantes la misteriosa desaparición de uno de los protagonistas. Y sí: otra vez todos los alumnos de Las Encinas son sospechosos.

La segunda temporada de Élite engancha desde el minuto uno por su capacidad de sorpresa constante que estoy segura que tanto ruido generará en redes sociales tras su lanzamiento. Porque, aunque estaréis de acuerdo en que no es (ni de lejos) la mejor serie del mundo es un guilty preasure de esos que tanto bien nos hace devorar, una serie atrevida con una vuelta de tuerca en esta segunda temporada que logra hablar el lenguaje de los jóvenes de la misma manera que, a nivel internacional, lo ha hecho Por trece razones.

Me quedo con ganas de proseguir la tanda, sobre todo ahora que Bluper acaba de confirmar en exclusiva la renovación de este drama adolescente por una tercera temporada a falta de una semana para el estreno de esta segunda entrega. La plataforma extiende así el recorrido de Élite buscando seguramente un nuevo enfoque con el que sorprender al público y con el que mantener a sus personajes caminando sobre el alambre.

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Imágenes: ©Netflix