Crecimiento o protección del medio ambiente: ¿un dilema para Latinoamérica?

Los grandes recursos naturales que posee América Latina son, al mismo tiempo, un motor de crecimiento para la región. Pero el gran dilema es seguir explotándolo y creciendo de una forma sostenible. Foto desde el espacio de parte de Sudamérica. Imagen: Getty.

Las previsiones de crecimiento económico para la región no son las más alentadoras. Los cálculos de la Cepal indican que para 2019 la actividad de la región aumentará solo el 1,8% en términos generales, con picos altos en Bolivia (4,4%) y Perú (3,8%), y bajos en Argentina (-1,8%) y Venezuela (-8,0%).

En medio de ese panorama desafiante, nuestros países se ven enfrentados a tomar decisiones sabias y contundentes para superar sus metas y escalar en sus ambiciones económicas, teniendo que acudir a todos sus recursos disponibles que así lo posibiliten.

Así lo refleja el Informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2019, coordinado por Eduardo Cavalho y Andrew Powell para el BID: “una mayor inversión en infraestructura podría proporcionar una vía para relajar las limitaciones e impulsar la actividad del sector privado”.

Sin embargo, ese escenario plantea otro panorama igual o más preocupante: el de la conservación y protección de sus recursos naturales. En ‘Perspectivas económicas de América Latina 2019: Desarrollo en transición’, un documento publicado, entre otras instituciones, por la Cepal, el CAF, la Comisión Europea y la OCDE, lo expresan como la “trampa medioambiental”.

La alta concentración de fuentes móviles y fijas han hecho de Ciudad de México una de las urbes más contaminadas del mundo (Foto Miguel Tovar/LatinContent vía Getty Images).

Así la describen: “Muchas economías de ALC hacen uso intensivo de materiales y recursos naturales, lo que podría llevarlas a una dinámica insostenible en términos ambientales y económicos. Es difícil —y costoso— abandonar una vía de crecimiento de alto contenido de carbono. Además, los recursos naturales en los que se basa el modelo se van agotando a medida que pasa el tiempo, lo que lo vuelve insostenible. Esto ha cobrado importancia dado el mayor compromiso global para combatir los efectos del cambio climático”.

¿Qué debe hacer la región? ¿Cómo salir de ese dilema? O mejor, ¿es un dilema? ¿Tiene que escoger?

“No hay que oponerlos”

Sobre la curva ambiental de Kuznets se han referido numerosos autores para señalar que el crecimiento económico, en el corto plazo, afecta al medio ambiente, pero en el largo plazo ocurre todo lo contrario, pues los beneficios económicos que se generan son reinvertados en la conservación y protección de los recursos naturales que son intervenidos en todos los sectores industriales.

El docente colombiano Francisco Javier Correa Restrepo, de la Universidad de Medellín, ha investigado desde hace más de 16 años la relación entre crecimiento económico, desigualdad social y medio ambiente, y justamente hace un lustro escribió sobre la curva ambiental de Kuznets.

En diálogo con Yahoo Finanzas, Correa Restrepo comentó que no es adecuado plantearse esa disyuntiva como un dilema, y lo correcto es pensar en cómo la actividad económica genera valor agregado para las industrias pero también para la utilización de la tierra y los recursos naturales.

“A medida que se genera mayor actividad económica, hay mayor contaminación, pero luego cuando se generan suficientes ingresos, se deben generar inversiones ambientales para reducir la utilización de los recursos naturales a través de políticas de mitigación de emisiones o de transformaciones tecnológicas y de sustitución que permitan compensar”.

La deforestación de la región amazónica para la extracción ilegal de minería y de madera es uno de los males que aquejan a esta reserva natural de Latinoamérica, consecuencia de las presiones productivas que provienen de algunos sectores económicos (Foto Reuters/Bruno Kelly).

El autor pone como ejemplo a Brasil, donde en su concepto hay una gran base de capital acumulado en algunos sectores económicos, como la industria aérea y la automotriz, que tienen una buena gestión de los recursos generados.

Otros, en cambio, no han hecho la tarea, y expone a su país al no hacer una inversión adecuada.

Una fórmula, dice Correa, es fortalecer la regulación ambiental, mediante el impulso al crecimiento económico verde a partir de sectores importantes en la gestión adecuada de recursos naturales, como la bioeconomía, el turismo ecológico o la biotecnología.

Crecimiento económico vs desarrollo sostenible

Como lo señala el BID, la región enfrenta una disyuntiva por cuanto su riqueza natural, que cuenta con “algunos de los ecosistemas más primitivos y diversos del mundo”, es uno de los insumos básicos para su crecimiento económico.

De allí que uno de sus desafíos sea el de conciliar, por un lado, la demanda del crecimiento con la necesidad de “proteger y administrar debidamente sus hábitat y recursos, a fin de alcanzar un desarrollo sostenible”.

Algunos países ya vienen ajustando sus políticas y estrategias para enfilarse en esa línea. En julio de este año, los cuatro integrantes de la Alianza del Pacífico: Colombia, Chile, México y Perú -que en conjunto son la octava economía más fuerte de mundo, con una capacidad exportadora anual de US$502.000 millones (2016)-, establecieron junto a ONU Ambiente una serie de oportunidades para acelerar el crecimiento verde e inclusivo.

“El crecimiento verde es la única opción inteligente de nuestro tiempo. Nos ayudará a impulsar nuestras economías mientras evitamos los peores efectos de la crisis climática y garantizamos el bienestar de los ciudadanos. Los países de la Alianza del Pacífico tienen un magnífico potencial para avanzar en ese sentido y ONU Medio Ambiente los seguirá acompañando en su transición”, dijo Leo Heileman, director regional de ONU Medio Ambiente en América Latina y el Caribe, citado por el sitio web de la entidad que representa.

De otro lado, la Cepal, el Anuario Estadístico de Cepal 2019 señala que, de un total de 33 países en Latinoamérica y el Caribe, todos han firmado, aprobado, mantienen vigente o han adherido a acuerdos multilaterales ambientales como el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, el Protocolo de Montreal relativo a las Sustancias que Agotan la Capa de Ozono, o la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, que dan cuenta del compromiso de sus gobiernos en la protección de su riqueza natural.

Empero, solo 13 han hecho lo mismo con el Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres.

El reto, como se ve, no es fácil. La región tendrá que mantener unos altos índices de productividad para incrementar sus valores de crecimiento económico, sin descuidar uno de sus atractivos más valiosos: la riqueza natural, cumpliendo así con gran parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de cara a 2030.