Crear un mundo más justo es la mentira escondida tras los millones saudíes

Real Madrid, Barcelona, Valencia y Atlético de Madrid viajarían a Arabia Saudí. (Burak Akbulut/Anadolu Agency/Getty Images)

Arabia Saudí está realizando una campaña internacional de lavado de imagen a través del deporte, y distintas federaciones y organizaciones están pasando por el aro. Estas acciones forman parte del Programa Nacional de Transformación, un plan económico que pretende diversificar los ingresos y dejar de depender económicamente de la industria del petróleo. Vision 2030 es parte de este programa y el deporte es una de sus piezas fundamentales. 

Es difícil resistirse a los millones de este gigante del petróleo, y si no que le pregunten a la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), que con éste llevará ya dos años celebrando su Supercopa en el país a cambio de alrededor de ocho millones de euros. La organización mundial de lucha libre, World Wrestling Entertainment (WWE), con sede en Estados Unidos, trasladó muchos de sus eventos allí desde 2014 por una contrapartida de alrededor de 50 millones de dólares por cada velada. Poco le importó a la WWE que las mujeres luchadoras tuvieran prohibida la participación hasta la presente edición. Desde el inicio, varios luchadores se negaron a formar parte de los combates por diferentes motivos de carácter moral y religioso, eso sin contar con problemas como la reciente retención en el país de varios luchadores por desavenencias económicas entre la WWE y Arabia Saudí. El fútbol no ha llegado a ese punto. 

World Wrestling Entertainment (WWE) en Arabia Saudí. (AMER HILABI/AFP via Getty Images)

El deporte está sirviendo como cortina de humo ante situaciones como el asesinato del periodista saudí Jamal Kashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, las lapidaciones a homosexuales y a las mujeres que tienen relaciones sexuales extramatrimoniales, el hecho de que hasta recientemente conducir o el acceso a estadios deportivos haya estado prohibido al género femenino (ya no lo está pero las mantienen hacinadas) y un larguísimo etcétera. Pretenden hacer olvidar sus acciones con dinero contante y sonante y con unos eventos tan atractivos como el próximo Rally Dakar de 2020, un potencial Gran Premio de Fórmula 1, combates de boxeo de gran calibre o la última perla, la flamante Supercopa de España

Durante el sorteo de los emparejamientos de este lunes, la Real Federación Española de Fútbol Español (RFEF) hizo oficial lo que varios medios barruntaron durante meses, y es la que la próxima edición del campeonato se celebrará en Arabia Saudí. La decisión no gusta a todo el mundo, especialmente a los aficionados de los cuatro equipos involucrados en el nuevo formato. Valencia y Barcelona acudirán como campeones de la Copa del Rey y LaLiga, y Atlético de Madrid y Real Madrid como segundo y tercer clasificados en la competición regular de 2018-19. El club valenciano se medirá al dirigido por Zinedine Zidane el 8 de enero, mientras que los azulgrana y los rojiblancos disputarán la otra semifinal el 9 de enero. La final será el 12 de enero y todos los enfrentamientos se llevarán a cabo en la ciudad de Yeda.

Más allá de las preferencias de ubicación que tengan los aficionados, existe una cuestión moral difícil de obviar: la de complacer a una de las naciones más déspotas y activas contra los derechos fundamentales que existen en el planeta. Ante esta perspectiva, el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, ve el vaso medio lleno y ha incluido medidas para potenciar los derechos a las mujeres saudíes para que éstas puedan acceder al estadio sin limitaciones, algo que ya informaron diversos medios durante la semana, incluido la Cadena Cope, donde en el programa radiofónico, El Partidazo indicaron que el máximo mandatario de la federación quiere aprovechar el torneo en el país árabe para aportar su grano de arena y así contribuir a que se produzca un cambio paulatino. 

“Cuando dice los valores lo dice de verdad. Ha exigido una serie de cláusulas importantes para que esta iniciativa ayude a la gente que vive allí y sirva para sacarles de la Edad Media. Aunque sea un poquito”, apuntó el periodista Juan Antonio Alcalá refiriéndose a Rubiales.

El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales. (Getty Images)

Aparentemente, este deseo es perfectamente compatible con un contrato que, según distintas informaciones, supondría alrededor de 40 millones de euros al año durante al menos tres temporadas. Básicamente, las ansias solidarias de la federación en el rígido país árabe para ayudar a sus ciudadanos le costaría al Gobierno saudí en torno a 120 millones de euros. Hay algo que no cuadra en esta realidad. Existe una contradicción entre las ganas de crear un mundo mejor y el aceptar grandes sumas de dinero de los responsables de incumplir derechos básicos. 

Con la celebración de la Supercopa en Arabia Saudí, España, a través de la Federación y Rubiales - sin olvidar los constante contactos del rey emérito Juan Carlos de Borbón con los saudíes - sería otro de los países que sucumbiría a los encantos económicos del gigante petrolífero en el aspecto deportivo. Por eso, el Gobierno en funciones presidido por Pedro Sánchez no quiso que la noticia trascendiera hasta después de las elecciones. Es un asunto espinoso y no convenía airearlo de manera oficial antes de pasar por las urnas

Si de verdad Rubiales y la institución que preside quieren aportar su grano de arena a una situación más justa en Arabia Saudí, no formar parte del circo hubiera sido más efectivo que la lluvia de millones. Las cláusulas incluidas en el contrato nunca serán suficientes para reparar un problema demasiado arraigado que va más allá de lo que dure una mera competición deportiva. No sólo aceptar, sino enmascarar la motivación real de trasladar la Supercopa a Arabia Saudí a base de demagogia es infinitamente peor que dar portazo a la tiranía y a la opresión. Eso hubiera sido lo correcto.