Crítica de 'No te preocupes querida', idílico barrio residencial

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Photo credit: Warner Bros.
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Alice y Jack, el matrimonio protagonista de ‘No te preocupes, querida’ de Olivia Wilde, habitan uno de esos idílicos barrios residenciales que el cine y la televisión estadounidense han convertido en escenario privilegiado del sueño americano. La pareja es británica, pero el paraíso “suburbial” de los Estados Unidos de la década de 1950 parece venirles como anillo al dedo. Su vida transcurre entre un festín de hedonismo y paz… hasta que el paraíso empieza a revelar signos extraños. Como ocurría con la oreja que descubría en su patio el protagonista de ‘Terciopelo azul’ de David Lynch, Alice (Florence Pugh) comienza a encontrar elementos anómalos en el pulcro lienzo de su perfecta existencia: una mujer que hace topless en una fiesta privada, una respuesta demasiado hostil por parte de un amigo, el atisbo de enajenación que se percibe en el rostro alelado de una compañera… Indicios de que este mundo edénico, en el que impera el orden y donde no llegan las noticias del mundo, podría estar ocultando algo siniestro. ¿Podría esta felicidad de sabor dulce y colores pastel ser una ilusión, una farsa?

La premisa del nuevo film de Wilde entierra sus raíces en una larga genealogía de alegorías con las que el cine de Hollywood ha cuestionado los cimientos del imaginario yanqui. Primero fueron las películas de terror de los años 50 que evocaban el miedo a la catástrofe nuclear. Después, en los años 70, cineastas como Alan J. Pakula o Francis Ford Coppola utilizaron las coordenadas del thriller para retratar la paranoia que consumía a un país acongojado por el Caso Watergate. Luego, en los 90, el advenimiento de los simulacros digitales en la era de la posmodernidad generó una oleada de fábulas sobre las falacias de la sociedad de consumo, de ‘El show de Truman’ a ‘Matrix’, y llegando hasta ‘El bosque’ de M. Night Shyamalan. Y ahora, ¿a qué responden las alegorías antisistema del audiovisual norteamericano? La respuesta hay que buscarla, seguramente, en el despertar generado, en la conciencia social, por movimientos como el #MeToo o el #BlackLivesMatter. Así, a la estela de una serie como ‘Bruja Escarlata y Visión’, un thriller como ‘Última noche en el Soho’ de Edgar Wright o una ficción histórica como ‘El último duelo’ de Ridley Scott, ‘No te preocupes, querida’ pone el foco en el desconcierto generado en el patriarcado por una sociedad que reclama igualdad.

Embistiendo con furia contra el Make America Great Again de Donald Trump, Wilde pone en escena un lustroso cuento de terror en el que el mal se esconde tras la máscara del optimismo y el glamour. Una operación de agitación pop en la que la actriz-directora echa mano del talento interpretativo de la siempre afinada Florence Pugh, que destila elegancia en la piel de una “mujer desesperada” para luego destapar su cara más acongojada –esa maravillosa expresión de emoticono triste–. Por su lado, el ex-One Direction Harry Styles cumple su cometido como un hombre entregado, a partes iguales, al amor matrimonial y al éxito personal. Unas buenas actuaciones que se convierten en la mayor virtud de una película que, en su tramo central, está a punto de verse absorbida por su propia premisa: la creación de un universo artificial e insulso. Es posible cuestionar el sentido del ritmo cinematográfico del que hace gala Wilde (menos inspirada que en ‘Super empollonas’), y el imaginario meloso-lúgubre del film puede que esté algo manido, pero resulta imposible cuestionar el modo oportuno en el que ‘No te preocupes, querida’ dialoga con una realidad en la que las ansias de progreso social topan con el conservadurismo más recalcitrante.

Para interesados en la siniestra trastienda del sueño americano

FICHA TÉCNICA

Dirección: Olivia Wilde Intérpretes: Florence Pugh, Harry Styles, Olivia Wilde, Gemma Chan, Chris Pine País: Estados Unidos Año: 2022 Fecha de estreno: 23–09-2022 Género: Thriller Guion: Katie Silberman, Carey Van Dyke, Shane Van Dyke Duración: 122 min.

Sinopsis: Alice (Pugh) y Jack (Styles) tienen la suerte de vivir en la comunidad idealizada de Victoria, una ciudad experimental de la compañía en donde los hombres que trabajan para el Proyecto Victoria de alto secreto viven con sus familias. El optimismo por el estilo de vida de la sociedad en los años 50 que tiene el Director General, Frank (Pine), visionario corporativo y Coach Motivacional de Estilo de Vida, ancla todos los aspectos utópicos de la vida diaria y unida en el desierto. Pero cuando empiezan a aparecer grietas en su idílica vida, exponiendo destellos de algo mucho más siniestro que se esconde bajo la atractiva fachada, Alice no puede evitar cuestionarse exactamente qué están haciendo en Victoria, y por qué.