Crítica de 'La forja de un campeón', el nacimiento del boxeo con Russell Crowe

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Crítica de 'La forja de un campeón'Vertice

“Si no puedes convertir a los boxeadores en caballeros habrá que convertir a los caballeros en boxeadores”. Esta frase, premonitoria respecto a la deriva del pugilismo a partir de finales del siglo XIX y muy adecuada al subtexto que amaga 'La forja de un campeón' (lo que nació como una enrabiada lucha de clases y terminó como un negocio de las élites explotando a quienes combatían sobre un ring y a quienes pagaban por verlo), se pronuncia en una de las mejores películas sobre el boxeo: 'Gentleman Jim' (o 'Caballero Jim'), obra maestra (una de decenas) de Raoul Walsk rodada en 1942 y con un increíble Errol Flynn interpretando a Jim Corbett, el deportista que popularizó más ese boxeo moderno (guantes y espectáculo para caballeros) a finales del siglo XIX tras la asunción de las reglas del marqués de Queensberry. Corbett coincidió con el británico Jem Melcher, el campeón de los pesos medios protagonista de 'La forja de un campeón', cuando este viajó (como hizo durante años) a Estados Unidos para ¡con 65 años! seguir peleando profesionalmente en un cuadrilátero. Era una época en que los hombres eran hombres, los boxeadores, boxeadores y en el caso de 'Gentleman Jim' el cine era cine.

'La forja de un campeón' no es 'Gentleman Jim', no solo porque las separa la nacionalidad de sus pugilistas biografiados, sino porque el electrizante film de Raoul Walsh tenía muy presente a pesar de su aire de comedia ligera (que no pesos ligeros) la arrolladora conversión de una clase baja-media inmigrante estadounidense en una floreciente burguesía que se coronaba precisamente a puñetazos derrotando al estilista John L. Sullivan. La película dedicada a Belcher, un empeño personal (guión e interpretación) de Matt Hookigs, en un ejercicio que recuerda al Sylvester Stallone de 'Rocky', no esconde ese clasismo (no deja de ser si te la miras una historia típicamente británica de arribismo social a lo 'Barry Lyndon', de cuya exquisita y asentimental adaptación cinematográfica de Stanley Kubrick toma el look visual) ni su clímax personal y de clase dirimido en un combate final (lo mejor del largometraje), pero todo acaba siendo tan ligero como con escasa pegada.

Sigue el esquema clásico del cine boxístico (vocación, preparación, éxito, tentación, fracaso, redención, resurrección y triunfo) aunque solamente en su primera mitad, donde Russell Crowe brilla brevemente como esa especie de maestro jedi con lado oscuro que fuera el abuelo de Jem Melcher, y en la mencionada conclusión. Entre medias hay una plácida, agradable mas poco interesante, crónica de época que se recrea en vestuario, diseño de producción y una historia de amor mil veces vista en cualquier producto de la BBC. Que sí, que sirve para contrastar los orígenes de Belcher, un ingenuo salvaje a domesticar por el té de las cinco, un Sansón a punto de toparse con una puritana Dalila, y para narrarnos lo que sería más tarde el boxeo, y sin embargo muy lejos del uppercut directo de otros títulos del género y del de Raoul Walsh con Errol Flynn en particular.

Para historiadores del boxeo y el cine boxístico

FICHA TÉCNICA

Dirección: Daniel Graham Reparto: Russell Crowe, Ray Winstone, Matt Hookings, Marton Csokas País: Reino Unido Año: 2022 Fecha de estreno: 04–11-2022 Género: Drama Guion: Matt Hookings Duración: 111 min.

Sinopsis: A principios del siglo XIX, cuando el boxeo era el deporte de los reyes, Jem Belcher, un joven y talentoso boxeador, siguiendo los pasos de su abuelo Jack, luchó hasta convertirse en el campeón más joven de la historia de Inglaterra. Esta es la historia real, jamás contada hasta ahora, del nacimiento del boxeo.