El impacto positivo del confinamiento para los enfermos cardiovasculares

Mónica De Haro
·10 min de lectura

La telemedicina, el autocuidado y la revisión de terapias son algunas de las consecuencias positivas destacadas por los médicos de familia, quienes reconocen que, desde que están en casa, sus pacientes se cuidan más y están haciendo las cosas mejor

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La teleconsulta ha permitido optimizar la atención. "Muchos pacientes, médicos y gestores han sido hasta ahora reacios a las consultas telemáticas”; sin embargo, atendiendo a su experiencia,  el Dr. José Luis Górriz, jefe de Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, reconoce que“esta crisis ha demostrado la gran utilidad de esta estrategia tanto para una optimización de los cuidados como para la eficiencia del sistema". (Foto: Getty)

Aunque resulta complicado atisbar consecuencias positivas de la actual situación de pandemia de coronavirus y del confinamiento domiciliario impuesto, expertos reunidos por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) señalan algunas tendencias y comportamientos que podrían suponer un cambio significativo y positivo en la salud de las personas confinadas que tienen una enfermedad cardiovascular y/o renal.

Ante esta situación, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) ha llevado a cabo un estudio, cuyas conclusiones comparten en su plataforma online, donde han analizado tanto los últimos avances como las consecuencias que produce la COVID-19 en personas con patologías cardiovasculares y renales, así como sus efectos en distintos grupos de pacientes o colectivos sociales.

Los expertos ponen el acento en los efectos “positivos” para la salud de la pandemia de coronavirus, como señala el Dr. Vicente Pallarés, médico de Familia y coordinador del grupo de trabajo de Hipertensión Arterial y ECV de SEMERGEN,“muchas personas con enfermedades cardiovasculares o renales cumplen más y mejor con los consejos higiénico-dietéticos habituales y con el tratamiento farmacológico prescrito”.

Por otro lado, motivados por la situación de excepcionalidad, que impone restricciones para abandonar el domicilio, médicos y pacientes han establecido, fomentado y mejorado nuevas formas de relación, basadas en recursos tecnológicos.

Sacamos partido a las consultas telemáticas

“Sin perder la esencia de la relación médico-paciente, estamos comprobando que se ha transformado y tecnologizado, y que el cambio puede ser definitivo”, asegura el Dr. Pallarés. “Ahora empleamos muy a menudo recursos de teleconferencia o telefonía, como Skype, FaceTime o WhatApp, para hacer un seguimiento de los pacientes”, informa el experto de SEMERGEN, quien apunta también que “lo mejor es que los pacientes y los propios médicos empiezan a confiar mucho más que antes en estas tecnologías, se sienten cada vez más cómodos a la hora de utilizarlas y asumen que pueden resultar necesarias e imprescindibles en la etapa postconfinamiento, sobre todo para hacer seguimientos o controles rutinarios, extender la prescripción de medicación ya establecida o responder dudas sencillas”.

Nos cuidamos más

El refuerzo del empoderamiento y el autocuidado es otra de las consecuencias de la situación actual. Y una de las claves para conseguirlo ha sido ”la formación previa del paciente, que se hace de forma habitual en colaboración con Enfermería; de esta manera, el paciente conoce los parámetros a monitorizar, así como los signos de alarma, facilitando su manejo (incluyendo el ajuste de fármacos y recomendaciones generales)”, indica el Dr. José Luis Górriz, jefe de Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia.

Por lo tanto, se aconseja trabajar con plataformas que incluyan sistemas de monitorización digital (balanzas, podómetros, pulseras/relojes de monitorización) para una adecuada monitorización del paciente; “esto, sin duda, podrá mejorar el pronóstico del mismo y reducir las hospitalizaciones”, destaca el Dr. Górriz. Poniendo como ejemplo su unidad cardiorenal en el Hospital Clínico Universitario de Valencia, los pacientes con insuficiencia cardiaca, ayudados por Enfermería y algunas consultas telemáticas por parte del médico, han mostrado capacidad para un manejo de la enfermedad, con ajuste de diuréticos y otras medicaciones.

“Es una oportunidad para implementar el empoderamiento del paciente en su autocuidado, y lo han hecho muy bien; de hecho, no hemos tenido ingresos hospitalarios por descompensación en este periodo”, asegura.

Hacemos más casos a los médicos

Y es que la mejoría del autocuidado es otro efecto secundario derivado del estado actual. En el ámbito de la Atención Primaria, como revela el Dr. Pallarés, “estamos comprobando como muchos pacientes con enfermedades crónicas, como las cardiovasculares o renales, llevados sobre todo por el miedo o recelo a experimentar un agravamiento de su enfermedad de base y verse obligados a acudir a su médico de cabecera o al hospital, están siguiendo de forma más estricta las recomendaciones de su médico”.

En este sentido, según su experiencia, “aprecio diariamente como mis pacientes no solo van entendiendo mejor que no hace falta que acudan como antes a mi consulta, sino que también han puesto mucho más empeño en realizar actividad física, tomar menos sal…En general, están haciendo las cosas mejor…y se sienten mejor”.

Sin embargo, como advierte el Dr. José Luis Llisterri, presidente de SEMERGEN, “esto no debe confundirse con evitar acudir al médico de Familia o a Urgencias ante signos claros de agravamiento de la enfermedad cardiovascular o renal; es importante que la población no tenga miedo a acudir a los centros asistenciales ante cualquier sospecha de enfermedad grave, porque se constata un aumento de complicaciones y fallecimientos al retrasar o eludido esta visita”.

COVID-19 y enfermedades cardiovasculares y renales

Por eso los doctores José Luis Llisterri, presidente de SEMERGEN, y José Luis Górriz, jefe de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, junto con el Dr. Pallarés nos resumen las ideas o mensajes clave -de acuerdo con la evidencia disponible actualmente y su experiencia- en lo que respecta a la COVID-19 y el paciente cardiovascular y renal.

Idéntico riesgo de infectarse. Los pacientes con ECV (HTA, diabetes, insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica, etc.) tienen las mismas probabilidades de desarrollar la infección que causa la COVID-19 que aquellos que no padecen una ECV.

Mayor mortalidad y complicaciones. La mortalidad aumenta con la edad, así como con la coexistencia de enfermedad cardiovascular, en cuyos pacientes alcanza tasas del 13,2 por ciento (según los últimos datos disponibles). Si en estos pacientes se desarrolla la COVID-19, las posibilidades de complicaciones son mayores; son pacientes de riesgo.

Más desestabilización. La ECV crónica estable puede hacerse inestable como consecuencia de la inflamación sistémica y de los efectos procoagulantes inducidos por la infección vírica. El aumento de la actividad inflamatoria sistémica y procoagulante puede persistir en el tiempo aunque la infección respiratoria se haya curado. A juicio del Dr. José Luis Llisterri, “esto es importante para evaluar el impacto en la morbimortalidad a corto y medio plazo en personas con ECV que han sufrido la infección por SARS-Cov-2”.

Aumento de ictus e infartos. Según han expuesto los expertos participantes en este webinar, se puede producir un incremento en la mortalidad cardiovascular a medio y largo plazo (muerte súbita extrahospitalaria, ruptura cardiaca o infartos). En este sentido, un reciente registro de la Sociedad Española de Cardiología alerta sobre la disminución significativa de la actividad en la cardiología intervencionista, “con una reducción del 40 por ciento en el tratamiento del infarto durante el estado de alarma”, subraya el Dr. Llisterri.

Evitar consultas innecesarias. Los pacientes con ECV estable (síndrome coronario crónico, insuficiencia cardíaca crónica, fibrilación auricular crónica…) deben evitar acudir a la consulta de Atención Primaria si no es necesario. Deben cumplir con las recomendaciones de protección y de cuarentena y con el tratamiento farmacológico prescrito. No deben abandonar la medicación por ningún motivo sin consejo médico.

Mejorar el autocuidado. El autocuidado tiene especial importancia en los pacientes con ECV. Como recomienda el Dr. Pallarés, “siempre que sea posible, se debe registrar autocontrol de la presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura, frecuencia respiratoria, saturación de O2, glucemia y peso”. Además, como añade el Dr. Llisterri, “se debe consultar siempre ante la aparición de alteraciones en estos parámetros y/o ante signos y/o síntomas de alarma que pueden no deberse a COVID-19”.

Ante síntomas de alarma, no dudes. Los pacientes con una urgencia cardiovascular, con síntomas de angina o infarto de miocardio, arritmias, dolor torácico inexplicable, aumento de la disnea en paciente con insuficiencia cardíaca,...deben llamar al 112 para activar el código infarto o establecer la derivación oportuna al hospital. El miedo de los pacientes a contagiarse puede ocasionar la no demanda de asistencia médica en caso de urgencia. Los centros de salud y los servicios hospitalarios siguen funcionando; cuando sea necesario realizar pruebas complementarias (ECG, analítica, Rx…) deben hacerse.

No abandonar tratamientos. Actualmente se cuenta con tratamientos que consiguen gran beneficio cardiovascular y renal, especialmente en diabetes mellitus tipo 2. En este sentido, como subraya el Dr. José Luis Górriz, “la suspensión de nuevos tratamientos puede privar a los pacientes de importantes beneficios cardio-renales”. En esta situación el contacto con Nefrología por vía telemática puede ayudar a aclarar dudas.“Es crucial la utilización de los sistemas informáticos oficiales para la interconsulta de cualquier tipo de problema”, afirma este experto.

Usar el apoyo domiciliario. En pacientes renales que precisan diálisis, las técnicas domiciliarias (como la diálisis peritoneal o la hemodiálisis domiciliaria) suponen una gran ventaja, “ya que el paciente permanece en casa, tiene menor probabilidad de infectarse y de infectar a los demás, y evita el enorme coste que supone una logística compleja de tratamiento (generalmente en el hospital)”, señala el Dr. Górriz. En este sentido, la Sociedad Española de Nefrología ha iniciado un registro de personas con infección por SARS-Cov-2 que, en poco más de dos semanas, ha reclutado a cerca de 700 pacientes.

La hora (definitiva) de la telemedicina y las TICs.La situación actual relacionada con la crisis de la COVID- 19 nos ha enseñado que la asistencia mediante telemedicina se puede utilizar en un porcentaje elevado de pacientes”, asegura el Dr. José Luis Górriz, quien aconseja “ver esta situación como una oportunidad para un novedoso y más eficiente manejo de los recursos sanitarios”. Como resume el Dr. Pallarés, “hay que aprovechar la situación actual y convertirla en oportunidad, sobre todo para promover la consulta no presencial (virtual)”.

Por otra parte, la necesaria apuesta por las tecnologías de la comunicación e información que ha impuesto esta pandemia también puede y debe facilitar la asunción definitiva de estos recursos en Atención Primaria, sobre todo para optimizar el manejo de información y datos de los pacientes. “En la era del Big Data, la Inteligencia Artificial y el Machine Learning, no se acaba de entender que no dispongamos de cifras reales y en tiempo real”, denuncia el Dr. Pallarés.

La AP es fundamental. Como resalta el presidente de SEMERGEN, “la Atención Primaria constituye un nivel asistencial clave para el cuidado de la población con ECV y/o renal”, quien recuerda también que “el seguimiento domiciliario es crucial en la detección precoz y rápida de los síntomas y/o signos de alarma en estos pacientes”. Y es que, a juicio del Dr. José Luis Llisterri, “ninguna maquina o smartphone podrá suplir a estos profesionales del primer nivel asistencial en su función de control o seguimiento de los pacientes con problemas cardiovasculares y/o renales”; sin duda, asegura, “aquí cobra todo su valor la AP, por su cercanía, confianza y accesibilidad”. Por eso, como demanda el Dr. Pallarés, “medicina de Familia debe reforzar aún más su papel de director/gestor de la gran orquesta (resto especialidades) que atiende al paciente, en colaboración y asegurando la continuidad asistencial”.

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