¿Por qué algunos pacientes de COVID-19 no sienten sus niveles alarmantemente bajos de oxígeno?

Detalle de un pulsioximetro colocado en el dedo de un herido. (Imagen creative commons vista en wikimedia).

La casualidad ha querido que (laboralmente) me encuentre en una posición privilegiada para observar las distintas fases por las que hemos atravesado en nuestra lucha contra el COVID-19. Soy agente de aduanas, y algunos de mis clientes se dedican a la importación de material sanitario y quirúrgico.

Trabajando para ellos he vivido los agobios iniciales por traer a España mascarillas de todo tipo, EPIs, protectores faciales, guantes de nitrilo, test basados en reacciones inmunológicas, gafas de seguridad, termómetros de infrarrojos, etc. Hoy para mi sorpresa, he visto pasar por aduana la primera partida de pulsioxímetros.

Reconozco que no tenía ni idea de para qué servían estos cacharros, que básicamente son un dispositivo en el que se introduce un dedo para que sobre él actúe un pulsómetro (que te mide la frecuencia cardíaca) y un oxímetro (que mide los niveles de oxígeno en sangre sin necesidad de pincharte, con la ayuda de un LED y un fotoreceptor al otro lado).

¿Por qué se están poniendo “de moda” estos dispositivos? La respuesta la descubro en un interesante artículo publicado en Science en el que se habla de cierta “incongruencia” detectada por los médicos en algunos pacientes infectados de COVID-19 que muestran niveles alarmantemente bajos de oxígeno en sangre, al tiempo que afirman sentirse completamente bien.

Como sabéis, uno de los síntomas más reportados por COVID-19 es el de falta de aire. Ahora imaginad la perplejidad de los doctores cuando se enfrentan a infectados con el coronavirs que muestran niveles muy preocupantes de hipoxia (que así es como se llama a este estado de deficiencia de oxígeno) al tiempo que no reportan ninguno de los síntomas asociados a ella: como dolores de cabeza, fatiga, palpitaciones y falta de aire. No es de extrañar que los doctores se refieran a ellos como “hipóxicos felices”.

Los niveles de oxígeno en sangre considerados normales oscilan entre el 100% y el 95%. En la mayoría de las enfermedades pulmonares, como la neumonía, se produce un descenso en la saturación de oxígeno en sangre que viene acompañada de otros síntomas preocupantes, como una rigidez manifiesta en los pulmones, que en ocasiones se llenan de líquido, o un aumento en los niveles de CO2 en sangre (ya que los pulmones no pueden expulsarlo de manera eficiente).

Estos son verdaderamente los síntomas que hacen que nuestro cerebro provoque la sensación de falta de aire. Y es que nuestro cuerpo posee varios sensores que se disparan si los niveles de CO2 suben, pero en cambo no es capaz de percibir de ninguna manera los descensos de oxigeno por si mismo.

Es bien sabido que en los casos graves de COVID-19 los pacientes luchan por respirar con sus pulmones dañados, lo cual no siempre es posible, razón por la que acaban intubados y conectados a un respirador. Sin embargo, en las primeras fases de la enfermedad, los descensos en la saturación de oxígeno no siempre vienen acompañados de dificultados respiratorias evidentes. De hecho, según informan algunos doctores, en ocasiones se encuentran con infectados por coronavirus con niveles de CO2 normales en sangre, que dicen respirar sin ningún problema, a pesar de que los oxímetros de pinza que tienen en los dedos arrojan lecturas tan bajas como un 70%, 60%, 50% o incluso menos.

Estos peligrosos niveles de hipoxia, que los expertos solo habían observado ocasionalmente en alpinistas profesionales, deberían hacer que quien los experimenta se sintiese desfallecer. Pero nada de esto ocurre. ¿Cómo es posible?

Existen algunas hipótesis cuya veracidad está bajo escrutinio. Una de ellas, sostiene que la coagulación podría ser un rasgo a tener muy en cuenta, que avisa que el paciente podría sufrir un caso grave de COVID-19. Los doctores que proponen esta hipótesis creen la coagulación podría comenzar, de un modo apenas perceptible, en los pulmones, tal vez debido a una reacción inflamatoria que afectaría a la red de finos capilares de los alveolos. Esta inflamación, podría desencadenar una cascada de proteínas que incitaría a la sangre a coagularse, evitando que esta se oxigenase adecuadamente.

La idea se le ocurrió a Elnara Marcia Negri (neumóloga del Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo, Brasil) tras tratar a una mujer con dificultades respiratorias, que también mostraba problemas circulatorios en los dedos de los pies. El equipo de Negri suministró heparina (un anticoagulante común) a la paciente y esta mejoró de ambas afecciones. A raíz de este caso Negri se preguntó si la heparina podría hacer que los pacientes con niveles de hipoxia alarmantes que veía en emergencias, podrían recuperar su saturación de oxígeno.

Para encontrar respuestas, Negri realizó un estudio a pequeña escala con 27 pacientes de COVID-19 (cuyo pre-print puede consultarse aquí) en el que estos recibían heparina, al tiempo que se medía la formación de coágulos en sangre mediante una prueba llamada Test de Dímero-D. Si los niveles de Dímero-D se elevaban, los pacientes recibían una dosis mayor de heparina.

Uno de los 27 pacientes participantes en el estudio fue trasladado a otro hospital, razón por la que sus datos se perdieron. Sin embargo otros 24 participantes (incluyendo a 6 de los 8 que necesitaron ventilación mecánica) se recuperaron. Otros dos, continúan en estado crítico, a pesar de los cual las cifras de recuperación son mejores que las vistas en otros hospitales, si bien como pasa tan a menudo últimamente, sería necesario realizar estudios a mayor escala para poder tomar en consideración las conclusiones del equipo de Negri.

Mientras llega ese momento, algunos doctores creen que la presencia de múltiples coágulos diminutos  en los vasos capilares pulmonares podrían estar detrás del misterio de los “hipóxicos felices”. Por ello, en algunos hospitales comenzarán a tratar con anticoagulantes a aquellos infectados de COVID-19 que puntúen alto en los test de Dímero-D. Pero en realidad todo está por explorar, y de hecho hay otras explicaciones posibles, como la presencia de una película cerosa (a veces observada) alrededor de los pulmones.

¿Entonces un pulsioxímetro, ayudará a anticiparse a todos los episodios graves de coronavirus? Bien, según un artículo publicado en el New York Times por Richard Levitan (médico de New Hampshire que trata a enfermos de COVID-19 en el área de emergencias de un hospital de Nueva York) la respuesta es “no, definitivamente no en todos los casos”.

Sin embargo, dado que la hipoxia temprana puede progresar rápidamente a neumonía y muerte, y puesto que cuanto menos enfermo esté el infectado por coronavirus, más fácil será tratarle con anticoagulantes, o con otros fármacos, la idea no parece para nada estúpida. En realidad estaría bien que todos los infectados por COVID-19 que pasaran la cuarentena en casa, vigilasen su saturación de oxígeno. Si observan que esta desciende por debajo del 93%, deberían acudir al hospital.

Lo dicho, ahora entiendo por qué mis clientes han comenzado a importar estos pequeños dispositivos.

Me enteré leyendo Science.

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