Cotillear en las redes: cómo saber si has pasado de la curiosidad a la obsesión

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El 46% de las personas admite haber espiado online a un ex o a su pareja actual. [Foto: Getty Images]
El 46% de las personas admite haber espiado online a un ex o a su pareja actual. [Foto: Getty Images]

 

Puede que la comunicación sea el leitmotiv de las redes sociales, pero no es el único. Cada vez es más común cotillear en el perfil de antiguos amigos, la pareja, un ex o personas que nos atraen. Dicen, sin embargo, que la curiosidad mató al gato. Por lo que antes de zambullirte en perfiles ajenos debes saber que existe una línea muy sutil entre la curiosidad y la obsesión.

Hace poco, una encuesta realizada a más de 2 000 personas y descubrió que el 46% admite haber espiado online a un ex o a su pareja actual. Un 9% fue un paso más allá y creó un perfil falso en las redes sociales para poder vigilar a esas personas sin ser descubiertos. Todo ello, por supuesto, a sus espaldas y sin su consentimiento. Curiosamente, las personas más jóvenes son más propensas a cotillear en las redes de los conocidos y piensan que es una actividad inofensiva. Aunque en realidad no es tan inocua.

¿Por qué husmeamos en los perfiles de los demás?

El 44% de las personas confiesan haber espiado online a alguien porque no confiaban en él/ella. [Foto: Getty Images]
El 44% de las personas confiesan haber espiado online a alguien porque no confiaban en él/ella. [Foto: Getty Images]

Según dicha encuesta, al 38% de las personas las mueve la simple curiosidad. Si damos un salto en el tiempo, recordaremos que cuando nuestras abuelas sentían curiosidad por los vecinos, miraban a través de las persianas. Ahora nosotros usamos Internet. Aunque los medios han cambiado, la motivación sigue siendo la misma.

Un estudio relevó que fisgonear en la vida de los demás satisface algunas de nuestras necesidades sociales más básicas. En práctica, miramos lo que hacen nuestros amigos, conocidos y extraños porque son un patrón de comparación que nos permite saber cuán bien – o mal – lo estamos haciendo. Buscamos pistas en las fotos y comentarios online que nos permitan reafirmarnos o corregir la trayectoria para adaptarnos mejor a nuestro entorno social.

Sin embargo, la curiosidad y la necesidad de validación social son tan solo una parte de la historia. El 44% de los encuestados confesaron haber espiado a una persona porque no confiaban en ella o porque pensaban que estaba tramando algo en su contra.

De hecho, no solemos escoger nuestras “víctimas” al azar. Una curiosidad sana puede llevarnos a cotillear en el perfil de algún famoso o un antiguo amigo, pero cuando se trata de búsquedas más profundas a las que dedicamos mucho tiempo, lo habitual es que nos enfoquemos en nuestra pareja actual, un ex o alguien que nos interesa por algún motivo especial.

En esos casos, la curiosidad no es el único aliciente. Es probable que se deba a nuestra necesidad de tener las cosas bajo control, el miedo, la inseguridad personal y/o la falta de autoconfianza.

Cotillear online no es tan inofensivo como parece

Emular a Sherlock Holmes puede hacernos más daño de lo que imaginamos. [Foto: Getty Images]
Emular a Sherlock Holmes puede hacernos más daño de lo que imaginamos. [Foto: Getty Images]

La curiosidad puede convertirse en un arma de doble filo. Lo creamos o no, emular a Sherlock Holmes puede hacernos más daño de lo que imaginamos. Cuando nos sumergimos en el mundo digital, es fácil perder la perspectiva y terminar imaginando que los demás tienen vidas perfectas, son felices y comen perdices, lo cual puede hacer que nos sintamos doblemente desdichados e insatisfechos.

La tentación de compararnos con un/a ex de nuestra pareja actual o con la pareja de nuestro/a ex puede convertirse en un ejercicio de masoquismo que termine haciendo añicos nuestra seguridad, autoconfianza y equilibrio emocional. No es casual que la costumbre de husmear en los perfiles de los demás se haya vinculado a una menor autoestima y un nivel de felicidad más bajo, así como a menos capacidad de autocontrol, según reveló otro estudio de la Universidad Estatal de los Apalaches.

El cotilleo online también puede conducirnos a peligrosos errores de interpretación. En Internet - sin más contexto que el que añade nuestra fértil imaginación - es fácil malinterpretar imágenes y comentarios, lo cual puede empeorar la relación. De hecho, una encuesta reveló que más de la mitad de las personas que espiaron online a su pareja descubrieron algo que los llevó a creer que la habían engañado y, como resultado, el 45% decidió terminar la relación.

En Internet es fácil sacar las cosas de contexto, sobre todo cuando estamos involucrados emocionalmente. Basta pensar que uno de cada nueve encuestados cree que enviar besos al final de un mensaje de texto es una traición y el 6% afirmó que dar un “me gusta” a la publicación de otra persona en las redes sociales es un indicador de infidelidad.

Por otra parte, husmear continuamente los perfiles de personas que ya no forman parte de nuestra vida, como antiguos amigos o ex parejas, nos mantendrá anclados a una relación inexistente. Ese hábito nos impide pasar página y abrirnos a nuevas experiencias y relaciones que pueden ser mucho más satisfactorias o hacernos más felices.

Las 3 señales de alarma que indican que estamos traspasando el límite

Existe una línea muy fina entre el cotilleo despreocupado y el espionaje obsesivo. [Foto: Getty Images]
Existe una línea muy fina entre el cotilleo despreocupado y el espionaje obsesivo. [Foto: Getty Images]

Cotillear en los perfiles online de los demás no siempre implica un problema. De hecho, si vamos a quedar con una persona que no conocemos, intentar verificar su identidad y conocer más detalles sobre su vida puede ser útil para protegernos o prepararnos para el encuentro.

Sin embargo, es muy fácil traspasar la línea y terminar desarrollando comportamientos insanos. Por eso es importante prestar atención a algunos signos de alarma que nos indican que nos estamos obsesionando:

1. La curiosidad se convierte en necesidad. Ya no buscamos información o revisamos el perfil movidos por un interés saludable sino que nos empuja una sensación de urgencia. “Necesitamos” saber cada vez más sobre esa persona y estar al tanto de todo lo que hace y publica, hasta el punto que cuando no podemos hacerlo experimentamos inquietud y ansiedad.

2. El cotilleo online ocupa cada vez más tiempo. En algunos casos, incluso podemos desarrollar una auténtica compulsión que nos lleva a revisar los perfiles de esas personas automáticamente. Aunque nos propongamos no volver a hacerlo, el impulso es más fuerte y terminamos dedicando un tiempo considerable a esa actividad, descuidando otras cosas más importantes.

3. Nuestro equilibrio emocional se resquebraja. Husmear en los perfiles ajenos comienza a convertirse en un problema cuando le prestamos demasiada atención a las cosas que encontramos y les damos vueltas continuamente, de manera que en vez de tranquilizarnos o reafirmarnos nos generan más preocupaciones, acrecientan nuestros temores y refuerzan la inseguridad.

En definitiva, cuando el cotilleo deja de ser un acto divertido y despreocupado para pasar el tiempo y comienza a ocupar cada vez más espacio en nuestra vida haciendo que nos sintamos mal, es probable que estemos a punto de traspasar un límite.

¿Cómo parar cuando parece imposible?

No vale la pena exponer nuestro equilibrio mental por unas migajas de información. [Foto: Getty Images]
No vale la pena exponer nuestro equilibrio mental por unas migajas de información. [Foto: Getty Images]

Existen ciertas líneas rojas que no se deben traspasar. No se trata únicamente de que esa persona tenga derecho a su intimidad, sino de una cuestión de respeto y dignidad personal. No vale la pena exponer nuestro equilibrio mental por unas migajas de información.

En primer lugar, debemos preguntarnos: ¿qué hago cotilleando el perfil de esa persona continuamente? ¿Qué vacío estoy intentando llenar? ¿Qué pretendo conseguir con ello? Es probable que sintamos nostalgia por el pasado, que estemos buscando respuestas para dar sentido a una ruptura de pareja dolorosa o que ansiemos certezas para apuntalar la relación actual. Sea cual sea el motivo detrás de ese comportamiento, es importante detectarlo antes de que se convierta en una obsesión.

En segundo lugar, debemos preguntarnos: ¿puedo hacer algo más útil y satisfactorio con mi tiempo libre, en vez de estar husmeando en Internet? Nos sentiremos infinitamente más felices si invertimos nuestro tiempo y energía en nosotros mismos, en lugar de dedicarnos a vivir la vida de los demás a través de las redes sociales. Podemos sumergirnos en la naturaleza, disfrutar de un pasatiempo, relajarnos, pasar más tiempo con nuestros amigos, aprender algo nuevo… Existen mil actividades más provechosas y saludables por hacer.

Es importante que recordemos que obsesionarnos con una persona suele generar más sufrimiento. Necesitamos asumir una distancia psicológica. Comprender que lo que vemos en las redes sociales suele ser una vida idealizada. Aprender a soltar y conectar con el presente. Empezar a priorizarnos y respetarnos. Vivir y dejar vivir.

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