Los costes ocultos de conservar la naturaleza, sobre todo para los más pobres

Los costes ocultos de conservar la naturaleza, sobre todo para los más pobres

Luchar contra el cambio climático implica renuncias y costes; esto es algo que debería ser obvio y que se tiene en cuenta. El problema está en que hay más costes de los que pensamos normalmente… y estos costes ocultos tienen un impacto importante en cómo de justa es la lucha por el planeta.

En un artículo reciente se expone un caso concreto, pero generalizable: la idea de “devolver terreno” a la naturaleza, recuperando antiguos terrenos de cultivo como bosques, hace que los cultivos que quedan sean menos productivos.

Y son menos productivos por dos razones. Una que ya se había previsto: los terrenos son más pequeños, y con más “bordes” - más terreno en contacto con el medio natural, que es menos productivo. Pero hay un segundo factor que no se había tenido en cuenta, y por lo tanto se trata de un coste oculto.

Con la reforestación, no sólo vuelven árboles, arbustos y demás vegetales. También una cantidad importante de especies animales. Lo que es, desde un punto de vista ecológico, no sólo inevitable sino positivo.

Pero a los agricultores les hace polvo. Porque muchas de estas especies tienen un impacto sobre los cultivos. Aprovechan la cercanía de los terrenos agrícolas para alimentarse, afectando a la producción de los cultivos.

Algo que, tal vez, se debería haber tenido en cuenta Pero la realidad es que no se ha hecho, y por lo tanto los costes no se han incluido en las políticas de recuperación de territorio que se han puesto en marcha en distintos lugares.

El artículo que estamos analizando se centra en las medidas que se han tomado en China. Y los autores realizan un cálculo del coste que supone tener cerca a las especies que colonizan los terrenos recuperados.

Algo más de una cuarta parte del dinero que se da en forma de compensaciones – en concreto un 27% - se pierde a causa de la fauna que retorna a los espacios recuperados. Y esto sin tener en cuenta el efecto que tienen algunas especies vegetales – que se puede comportar como “malas hierbas” – en los cultivos.

Visto así, la situación es preocupante. Pero lo es aún más si tenemos en cuenta que, de manera generalizada, quienes más lo sufren son los agricultores más pobres. Que podríamos dar multitud de razones, pero hay una muy clara: es a ellos a quienes más se les “fomenta” el cambio de usos del suelo.

Así que, a la hora de continuar con este tipo de prácticas y diseñar nuevas estrategias, se deben tener en cuenta los costes hasta ahora ocultos de la reforestación. Porque conviene recordar que la lucha contra el cambio climático debe ser lo más respetuosa y justa posible, o no será viable.

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