Cosmética natural: ¿mejor, peor o igual que la convencional?

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Cosmética natural: ¿mejor, peor o igual?ullstein bild Dtl.

Los procesados en la dieta sabemos que son malos, pero ¿y en la cara? Cremas bio, ecológicas, orgánicas, naturales, clean, sin conservantes, sin siliconas, sin parabenos… ¿Nos estamos pasando con el concepto total free o es la cosmética natural mejor forma de cuidarnos? Según se recoge en el Estudio de mercado de perfumería y cosmética en España, realizado por Stanpa, en los últimos años se ha producido el nacimiento de un nuevo perfil consumidor, el conocido como CSS: consciente, solidario y sostenible. “El consumidor post-pandemia ha incluido nuevos hábitos en su patrón de consumo y elevado su compromiso con el medioambiente, modificando sus preferencias de compra basándose en estándares de sostenibilidad”, señalan.

Esto está bien, pero al final acabamos mezclando conceptos, porque una cosa es que el packaging no contenga plásticos, esté elaborado con cartón reciclado, el frasco se pueda rellenar, etc., y otra que un cosmético natural sea mejor que uno que no tenga esa clasificación.

Y es que el lío con la cosmética natural parte ya de su propia clasificación, que no es la misma para todos los países y que utiliza conceptos en ocasiones confusos o que se mueven una zona verde tirando a gris. “Términos como natural, orgánico, ecológico o biológico se han acuñado de la legislación de alimentación y dependiendo del país se utilizan indistintamente. Para que un cosmético sea considerado ecológico tiene que cumplir con la norma ISO 16128”, apuntan desde Stanpa.

Dicho esto, como cabe aventurar –sin mucho margen de equivocación– que ningún usuario va a consultar esa norma infinita y con listas de ingredientes indescifrables, vamos a tratar de hacer más ameno el artículo, además de ilustrativo.

Por intentar esclarecer qué es qué en la cosmética natural, dado que no hay una regulación para términos como bio, orgánico, etc., Weleda maneja una clasificación, que es la suya, pero que perfectamente podríamos dar por válida, y es esta:

  • Cosmética natural. Aquí entrarían los productos elaborados con ingredientes naturales, tanto procedentes de las plantas, como de animales, microorganismos o minerales.

  • Cosmética biológica, ecológica u orgánica. En esta categoría lo relevante no es solo la calidad de las materias primas (deben ser naturales), sino también su proceso de obtención, pues deben proceder de agricultura o ganadería ecológica. Es decir, se han utilizado los recursos naturales de manera óptima, sostenible y equilibrada.

  • Cosmética vegana. Los productos veganos no contienen ingredientes procedentes de animales ni tampoco generados por ellos.

  • Cosmética vegetariana. Las fórmulas vegetarianas no tienen ingredientes animales, pero pueden estar formuladas con sustancias procedentes de estos, como son la leche, la miel, la cera, la baba de caracol, etc.

Hasta aquí parece todo claro, pero el asunto se lía un poco más. Y es que una cosa es el origen natural de los ingredientes y otra la naturalidad del producto después de su transformación. Lo explica Paula Gugliotta, fundadora de Sepai, máster en Dermocosmética y postgrado en Genética e Inmunología por Harvard: “Hay sustancias que son de origen natural y 100% naturales después de su transformación, al haber sufrido solo manipulaciones físicas, mecánicas o de extracción (por presión o con glicerina). Por ejemplo, puedes tener una manzana y de ahí sacar un extracto de manzana que sea 100% natural. Pero imagina que cogemos la misma manzana y queremos extraer de ella un péptido específico que necesitamos por su función antienvejecimiento. Para ello la pasamos por procesos químicos, y al reaccionar con esas sustancias que no son de origen natural, el extracto de manzana obtenido acaba teniendo un 10% de naturalidad. Y muchas marcas juegan con eso, con el porcentaje del origen natural y el porcentaje final de naturalidad en la formulación”.

Y ahora que tenemos claros todos los conceptos, vayamos a la pregunta del millón: ¿Es mejor la cosmética natural que la convencional? “Ni todas las sustancias sintéticas son dañinas ni todas las sustancias naturales son inocuas”, afirma contundente la dermatóloga Andrea Combalia.

Y es que casi instintivamente hemos identificado natural con adjetivos como bueno, inofensivo, de calidad… y no siempre es así. Las farmacéuticas Marian García y Gema Herrerías lo dicen alto y claro en el libro que acaba de publicar, Radiografía de un cosmético: “Existe la falsa creencia de que la cosmética natural evita la aparición de dermatitis irritativas o alérgicas de contacto, y no es cierto. La aparición de estos y otros problemas dependerá de los potenciales alérgenos de los cosméticos. Por ejemplo, el aceite de coco puede provocar acné, ya que es comedogénico, y los aceites esenciales pueden ser sensibilizantes”.

Otro de los claims que más impacto tiene en el consumidor es el de “sin conservantes”, pero Pedro Catalá, cosmetólogo, doctor en Farmacia y fundador de Twelve Beauty, nos desmonta este concepto que, a priori, suena tan bien. “Los productos libres de conservantes se contaminan con facilidad, y lo ideal para la piel y el organismo en general, es entrar únicamente en contacto con productos microbiológicamente puros. Los microorganismos están en todas partes se caracterizan por su capacidad para multiplicarse y crecer rápidamente, y los cosméticos son el caldo de cultivo perfectos para ellos, en especial los que contienen agua en su formulación”.

Catalá insiste en que no todos los conservantes son malos, es más, señala que son necesarios, y que los conservantes naturales no siempre son suficiente: “Cuidado con algunas etiquetas que mencionan ciertos conservantes naturales. Por ejemplo, el propóleo y algunos aceites esenciales tienen propiedades antimicrobianas, pero a la hora de formular el cosmético se necesitarían dosis muy elevadas para que funcionaran, lo cual no es viable”.

Cuestión espinosa donde las haya la de la cosmética natural, pero si algo está claro es que ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Y, que la cosmética natural, si es de calidad, aporta beneficios a la piel. “Ninguna tipología es más eficaz que la otra. La eficacia de un cosmético va a depender de la composición del producto, de la biodisponibilidad de los ingredientes y de la rutina personalizada en la que se integre su uso”. Pues, tema zanjado.