Ni corto ni largo. Los mejores mediometrajes, en La Cabina 2022

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La historia oculta del mediometraje (La Cabina 22)20th Century Fox

Sara Mansanet, directora del único festival de mediometrajes de España, nos explica por qué llevan tantos años luchando por sostener un certamen de películas cuyo único lazo de unión es que no son ni cortas ni largas. Un "mediometraje" dura entre 30 y 60 minutos... Demasiado para ser llamado corto, aunque no lo suficiente para equipararse a sus hermanos mayores, los largos. El mediometraje, cuyo nombre ya es una suerte de patito feo ("es largo, cuesta de pronunciar", opina Mansanet), vive cual fantasma: las salas y los festivales saben de su existencia, aunque rara vez llegan a tocarlo.

Sin embargo, el formato prácticamente nace con el cine: "Las primeras películas de Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd duran unos 50 minutos. Ese era el tiempo para el que daban las bobinas de 35 milímetros". Como explica este ensayo sobre el cine de los orígenes, si bien 'Quo Vadis' (Enrico Guazzoni, 1913) inauguró una racha de apuestas hiperbólicas de parte de directores con los medios suficientes para montar auténticos espectáculos de dos horas o más, en los inicios el formato corto o medio bastaba para atraer al público.

la cabina festival 2022
La Cabina

"Me queda investigar en qué momento las películas empiezan a tener una duración estándar de hora y media, y por qué. Ahora, cuando en la cartelera ya predominan títulos que se van a las dos horas, te planteas si el cambio ha sido una cuestión de moda o un pacto con interés económico", comenta Mansanet. Por el camino, en todo caso, quedó un formato cuya existencia quedaría relegada fuera del circuito de carteleras comerciales. Eso también puede tener una cara positiva: "Abundan las óperas primas, las películas autoproducidas y, en menor medida, las películas de autores consagrados en el largo que deciden desviarse para experimentar". Quien lo ha visto lo sabe, fuera del camino demarcado se encuentran ideas frescas, alicientes para el paladar cinéfilo.

¿Pero dónde metemos al mediometraje?

¿Cómo encontrar las trufas del mundo "medio"? La labor de programación en La Cabina es muy parecida a la de un festival de cortos al uso. Abren convocatoria en FestHome, activan alertas en Google, están atentas a retrospectivas y novedades, y buscan en otros certámenes, como Clermont-Ferrand. En Clermont-Ferrand, la Competición de cortos más prestigiosa del mundo, pueden encontrarse obras de hasta cuarenta minutos. Pero ¿es eso corto?

"Como en Europa, la categoría 'mediometraje' no existe en España y, por extensión, tampoco de cara al repertorio de ayudas del ICAA. Desde hace unos años, es 'corto' todo lo que dure entre uno y sesenta minutos, por mucho que las necesidades de cualquier pieza varíen radicalmente dependiendo de su tiempo". Ello, cómo no, perjudica al "corto" cuellilargo. Y apunta Mansanet: "Además, en festivales los recopilatorios de cortos suelen limitarse a programar películas de veinte minutos como máximo, por cuestiones totalmente ajenas a la calidad de las piezas".

Los festivales, que reciben ayudas en función de la cantidad de obras que proyectan, suelen preferir atiborrar una sesión de hora y media a base de muchos cortometrajes escuetos, antes que programar solo un par de medios: "En consecuencia, las productoras tiendan a capar también sus películas a un sumo de veinte minutos", para poder venderlas a festivales, que a menudo son las únicas pantallas que el corto encuentra, "y eso sí afecta a las obras".

El mediometraje requiere de otros tiempos. "Figúrate: tienes que meter 'Las meninas' en la sala de un museo, pero no te cabe. ¿Tu primera reacción va a ser cortar el cuadro o buscarle otra sala? ¿Por qué los festivales tienen que marcar de manera tan arbitraria la duración de las películas?". En pleno siglo XXI, cuando internet parece haber ablandado la rigidez de los formatos tradicionales, parecería que el mundo de la exhibición de cortos se sostiene inmóvil, mirando arriba.

Si su dependencia de ayudas ya es suficiente motivo para la inquietud, ¿cómo conseguir, además, que no nos perdamos grandes obras a raíz de sus criterios de programación?

lost in the mountains
Jeonju International Film Festival

Gran cine, de treinta a sesenta

El mediometraje no necesita que nadie lo valide, pero enumerar a grandes cineastas que han jugado con el formato puede ayudarnos a pensarlo como lo que es: pieza fundamental dentro de la historia del cine. Ese es el criterio que parece guiar la sección Inèdits de la Cabina, que desde hace nueve años recupera películas de autores consagrades entre los treinta y los sesenta minutos (la mayoría de ellas, obras prácticamente desconocidas).

Allí se han proyectado mediometrajes como 'Antoine et Colette' de François Truffaut (1962), 'Apuntes del natural' de Martin Scorsese (dentro de 'Historias de Nueva York' de 1989), 'The Hand' de Wong Kar Wai (2004) o 'Scenes from the suburbs' de Spike Jonze (2011). Son algunos de les grandes directores de películas pequeñas que ha presentado el festival, junto con directores nacionales de la talla de José Luis Cuerda ('Total', la precuela de 'Amanece que no es poco' de 1983), Cecilia Bartolomé ('Margarita y el lobo', 1969), Helena Taberna ('Alsasua 1936', de 1994) o Antonio Mercero, con la epónima 'La cabina' (1972).

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20th Century Fox

En 2022 por Inèdits han pasado cuatro nombres de estricta actualidad cultural. Recuperábamos 'Lost in the Mountains' de Hong-Sang Soo (2009), un batiburrillo culebronesco en el mejor de los sentidos, lleno de alcohol, sexo y gentes muy dramáticas. También 'Ich bin den Sommer über in Berlin geblieben' de Angela Schanelec (1994), una pieza de cámara entre dos amantes endurecides por todo aquello que nunca se dijeron y que ahora deben decidir sobre su futuro), y 'A conquista de Faro' de Rita Azevedo Gomes (2005), suerte de preludio duro y cerebral a 'La venganza de una mujer' (2012). Además, 'Mirando al mar' (2007), donde François Ozon expande su recurrente interés por el deseo y la muerte en una home invasion entre lo divertido y lo inquietante. Por último, el festival recuperó 'Something's Gotta Give', comedia de George Cukor que Marilyn Monroe dejó inconclusa debido a su repentina muerte, y que hoy se vive como una auténtica historia de terror.

El mediometraje forma parte de la cinefilia que, día tras día, nos enriquece y acompaña. Una vez más, ¿estamos dispuestes a darle la espalda?