Ojalá esta pandemia sirva para...

Lecciones de una pandemia

En el momento en que me pongo delante del ordenador a teclear estas frases nuestro país alcanza ya los 40.000 contagios confirmados y se acerca, triste e inexorablemente, a las 3.000 personas fallecidas. Las cifras son impactantes sobre todo cuando sabemos que seguirán creciendo durante los próximos días. Resulta una fácil tentación caer en el desánimo, en la crítica abrupta, en la desesperanza, se antoja largo el camino que aún queda por recorrer y afloran las dudas sobre cómo o cuándo terminará esto. Pero terminará, no hay duda, las curvas se aplanarán, la vacuna llegará y la normalidad aparecerá paulatinamente en nuestras vidas. El mundo continuará, aunque no será el mismo. Algunos de los cambios que se produzcan a partir de entonces serán inexorables y poco o nada podremos hacer para detenerlos, otros cambios sí dependerán de nuestras decisiones. El tren del tiempo ha entrado en un cambio de agujas y, en la medida de lo posible, deberíamos plantearnos qué dirección vamos a tomar, qué lecciones habremos aprendido y qué errores volveremos a repetir.

Ojalá esta pandemia sirva para dejar de considerar la investigación científica como un gasto y se entienda, de una vez por todas, como una clara y decidida inversión de futuro. Durante la última década, partidos de uno y otro espectro, han encontrado en la ciencia una excusa, cuando no un lastre, en los momentos de crisis. Las consecuencias de esos recortes dejan un panorama claro del que debemos aprender: Necesitamos la ciencia para resolver problemas, algunos de ellos inconcebibles o impensables en el momento en que se invierte… por eso mismo hay que hacerlo.

Ojala está pandemia sirva para proporcionar los debidos medios al personal del que depende, literalmente, nuestra vida. Los aplausos en los balcones son bonitos, pero deben convertirse en recursos y personal cuanto antes. Nuestro bienestar, esta cómoda sociedad que hemos construido, la seguridad y avances sociales que muchos daban por asegurados, todo eso puede derrumbarse de la noche a la mañana si no se refuerzan los cimientos e instituciones sobre las que se basan.

Ojalá esta pandemia sirva para que prestemos más atención en las próximas epidemias, que seguro llegarán. Primero fue China, luego Lombardía, ahora Madrid y parece que Nueva York empeorará todos esos escenarios anteriores. ¿Cómo es posible que, a pesar de ver lo que ocurre con antelación en otros lugares, los siguientes países y regiones que vienen empeoren sus cifras? Necesitamos preparar mejores protocolos, más unificados, más efectivos.

Ojalá esta pandemia sirva para concienciarnos más sobre otros problemas globales. Los desastres y tragedias personales que el cambio climático nos prepara en los años venideros están tan documentados y son tan conocidos que nos hemos acostumbrado a sus predicciones. La próxima amenaza está ahí, la conocemos desde hace décadas y no la estamos tomando en serio… Hemos comprobado, con un alto coste en vidas y pérdidas económicas, que la dejadez y el aplazar las decisiones no soluciona problemas, los empeora.

Ojalá esta pandemia sirva para que descartemos de una vez por todas la pseudociencia ¿dónde están hoy los centros de Reiki, donde están los antivacunas, donde los homeópatas? Cuando consigamos, con suerte en los próximos meses, obtener una vacuna que frene esta sangría, no podemos consentir que vuelvan a aparecer y retrasen su administración. Cuando tu país asiste, diariamente, a miles de hospitalizaciones y cientos de muertos, contar con una vacuna se convierte en prioritario.

Ojalá esta pandemia sirva para facilitarnos la distinción entre lo necesario y lo superfluo. Para entender que cambiar y mejorar es simplemente una opción, una decisión. Ojalá nos haga más humanos, más comprensivos, más amables, menos radicales. Ojalá aprendamos algo nuevo, o recordemos algo viejo.


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