Lo peor del coronavirus está al llegar y la histeria no ayuda

¿Tenemos al coronavirus entre nosotros desde mucho antes de lo que nos pensamos? Ya en enero el hospital Puerta de Hierro de Majadahonda tuvo a varios pacientes ingresados en estado grave con una neumonía que entonces se quedó sin identificar. Ahora -según me han contado varios doctores- se sospecha que pudo ser coronavirus, aunque ya es imposible tener la certeza de ello.

MADRID, SPAIN - Un hombre lleva una máscara en el exterior del hospital de Torrejón, donde se concentra uno de los mayores focos de coronavirus. (Eduardo Parra/Europa Press, Getty Images)

En una farmacia cercana al hospital una mujer española cuenta que su hijo ha pasado la cuarentena en casa. Resulta que trabajaba en Wuhan, y huyó de la zona cero del coronavirus a mediados de enero, antes de que cerraran la ciudad. Ha estado en cuarentena, no ha salido de casa, cuenta la madre. Y yo me horrorizo al pensar que los que sí que han salido han sido el resto de miembros de la familia.

En esa farmacia, por cierto, se ha agotado hasta el alcohol. La gente se está llevando de manera compulsiva -e inútil- cualquier cosa que cree que le puede servir, incluido todo tipo de vitaminas o suplementos alimenticios, aunque la farmaceútica le diga que no sirven para nada. Les da igual. El pánico es mayor que la razón.

REUTERS/Juan Medina

Delante de mí, en la larguísima cola que he tenido que hacer, un anciano ha pedido una mascarilla para su mujer, enferma de cáncer. El hombre llevaba la receta expedida por el oncólogo, pero ni aún así ha podido hacerse con una. No hay. Y su esposa -paciente de altísimo riesgo- está ahora expuesta a cualquier virus. Incluso el más inofensivo puede matarla.

Yo pido medicación para una enfermedad crónica. No tengo, me contesta la farmacéutica, pero voy a encargarte para tres meses, porque de momento el sistema de distribución de medicamentos funciona perfectamente, pero con este miedo y la altísima demanda de todo, hasta que ibuprofenos, igual se ralentiza.

Carteles en centros de salud madrileños.

Un rato antes, en el centro de salud varias mesas puestas ante el mostrador impiden que las personas se acerquen a los administrativos que atienden a los pacientes nada más entrar. Por todas partes, varios carteles recuerdan las precauciones que hay que tomar. Y en la consulta, la doctora nos recibe con mascarilla puesta y las sillas donde nos sentamos pegadas a la pared, lejos de su mesa. Si tiene que acercarse al enfermo o explorarlo, se lavará enseguida las manos con gel desinfectante.

Varias mesas puestas frente al mostrador de atención de un centro de salud impiden que los pacientes se acerquen.

Son medidas de precaución básicas, pero que ayudarán a que los sanitarios no enfermen y puedan seguir atendiéndonos.

Esto no ha hecho más que empezar. Durante los próximos días -según me cuenta un médico del centro nacional de epidemiología- los casos se dispararán de forma que puede parecer alarmante. Ya lo tienen previsto y son conscientes de ello. Este primer gran pico de la pandemia les servirá para poder ponerle números al comportamiento del coronavirus en España: tipología de afectados, número de fallecidos o su tipología.

Lo más importante ahora es no sobrecargar los servicios de salud. Intentar que el número de contagios permita atender de manera adecuada y con el equipo adecuado a los pacientes más graves. No podemos llegar al punto en el que habrá que “escoger” a quién intentar salvar. No podemos llegar al punto en el que no haya respiradores en la UCI para todos y los médicos tengan que decidir a qué paciente intubar o monitorizar. Nuestro cometido más importante ahora es limitar nuestros contactos con otras personas para ralentizar el número de contagios y proteger a los grupos de riesgo. Aunque no sólo a ellos. Recordad que seguimos enfermando y accidentándonos como antes del coronavirus. Y que la vida de la gente que sufra un ictus, tenga cáncer, o acabe de tener un accidente de coche, también dependerá de cómo puedan atenderlos en las urgencias de los hospitales.


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