¿Qué puede aprender España de Singapur para gestionar el coronavirus sin caer en el caos?

El coronavirus COVID-19 ha llegado con fuerza al continente europeo. Italia es de momento el país más afectado con cientos de casos y varias víctimas mortales, pero los efectos del brote cada vez se hacen más patentes en España, donde en las últimas horas se ha pasado de solo dos casos confirmados y aislados a casi una decena.

La OMS ya ha advertido de una posible pandemia global y las comunidades autónomas se preparan para tratar una enfermedad que es completamente nueva, pero que tiene muchas similitudes con la gripe común.

Varias personas se protegen con mascarillas en Taiwán. (AP Photo/Chiang Ying-ying)

Y la mejor manera de hacerlo sería imitando otros casos exitosos. Por ejemplo, el de Singapur, un estado que ha sido capaz de contener el coronavirus de una forma muy eficiente y sin que haya histeria colectiva. Tal y como cuenta The Telegraph, esta próspera isla es un modelo que podrían imitar otros países en la lucha contra el brote.

Singapur fue una de las primeras naciones en verse afectada por el COVID-19. Su cercanía a China, el gran número de ciudadanos chinos que viven allí y el hecho de ser una ciudad internacional de finanzas con muchos viajeros provocó que desde muy temprano hubiera casi un centenar de casos.

Sus autoridades rápidamente se pusieron en marcha con el objetivo de contener la epidemia, pero a diferencia de China o Italia, donde se han impuesto cuarentenas, en la isla se ha intentado que su población siga haciendo vida normal. Eso sí, implantando una serie de medidas que se han revelado como eficaces.

Una de las primeras fue la de prohibir de manera estricta el ingreso en el país de cualquier persona que hubiera visitado recientemente China, lo que tuvo efectos inmediatos, ya que redujo la capacidad de los potenciales portadores del virus de transmitirlo al resto de la sociedad.

Además, ha impuesto una serie de normas básicas y de sentido común que han sido cruciales para evitar los contagios. Es obligatorio para acceder a casi cualquier edificio el lavado de manos con un gel desinfectante, un recurso sencillo que sirve para limitar la propagación del COVID-19.

También se anima a los ciudadanos a que se tomen la temperatura con frecuencia, lo que facilita la detección temprana de los nuevos casos potenciales. Cuando se confirma un caso, las autoridades rápidamente se ponen en contacto con todas las personas que hayan podido estar en contacto con el infectado y les colocan en cuarentena.

Varias personas usan máscaras en Singapur (AP Photo/Danial Hakim, File)

Normalidad dentro de la excepcionalidad

Mientras tanto, el resto de la población puede seguir haciendo vida normal, aunque extremando las precauciones. Como es evidente, el brote de coronavirus ha afectado también a la economía de Singapur, pero manteniendo la normalidad ante la situación las autoridades han logrado que no cunda el pánico y que todo funcione más o menos como de costumbre.

A pesar de todas las medidas exitosas, también hubo algunos momentos de alarma entre la población y a principios del mes de febrero se produjeron compras generalizadas de suministros que dejaron vacíos los estantes de las tiendas.

Una vez estabilizada la situación, la normalidad, dentro de este estado excepcional, ha vuelto a Singapur y el país ha demostrado que con sentido común y responsabilidad se puede combatir perfectamente el COVID-19.

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