Los grandes olvidados de las cancelaciones que sufre el deporte por el coronavirus

Asientos vacíos en el Amway Center de Orlando (EE UU), donde se tenía que haber jugado ayer un partido de NBA suspendido por el coronavirus. Foto: Stephen M. Dowell/Orlando Sentinel/Tribune News Service via Getty Images.

La suspensión, esperemos que temporal, de la mayoría de las competiciones en buena parte del mundo debido al brote de coronavirus no significa solamente que cuando enciendas la tele no vayas a encontrar partidos de tu equipo favorito. El tópico tan repetido de “el deporte se ha convertido en un negocio” muestra ahora su lado más crudo y literal. El puesto de trabajo de millones de personas en todo el planeta depende de que los balones, sean cuales sean sus formas, tamaños y colores, sigan moviéndose.

En el caso de la NBA, por ejemplo, no solo se trata de los superhombres de dos metros que luchan por la pelota entre las dos canastas, o de sus entrenadores o incluso de los directivos. La liga de baloncesto estadounidense, la más importante del mundo, también depende para su funcionamiento adecuado del personal de mantenimiento, o del de limpieza de los pabellones, o de los vigilantes de seguridad, o de los taquilleros, o incluso del dependiente que atiende a los espectadores en el puesto de hot dogs. Incluso las cheerleaders que amenizan los intervalos tienen su contrato a tiempo parcial y no ven un centavo si los encuentros no se disputan.

Los multimillonarios protagonistas del espectáculo no sufrirán demasiado problema para salir adelante, pero a toda esta segunda o tercera línea de empleados sí que les supone una catástrofe quedarse sin la fuente de ingresos que sustenta sus economías. ¿Qué solución se les ha dado para poder salir adelante durante la suspensión del campeonato, que en principio es “hasta nuevo aviso” sin fecha prevista para volver (aunque al menos serán 30 días)?

De manera institucional, ninguna. La NBA como entidad no ha dado a conocer ningún programa de ayudas a los más desprotegidos de entre sus colaboradores. Sí que hay quien, a título individual, ha intentado aportar su granito de arena. La iniciativa que más ha llamado la atención en este sentido es la de Kevin Love, jugador de los Cleveland Cavaliers. El ala-pívot, que en 2018 firmó una ampliación de contrato por valor de 120 millones de dólares en cuatro temporadas (y que no siempre ha sido el jugador mejor valorado por los aficionados), ha decidido donar 100.000 dólares a través de su fundación para ayudar a mitigar la situación de los empleados del Rocket Mortgage FieldHouse, el pabellón donde su equipo actúa como local.

¿Mucho dinero o poco? Cada cual que juzgue. El hecho es que lo ha donado, que es más que lo que pueden decir otros. Y su ejemplo está empezando a cundir. De hecho, su propio equipo va a tomar ejemplo y, según cuenta la periodista de la CNN Ana Cabrera, va a pagar a los trabajadores de manera exactamente igual a como haría en días de partido normales.

Otro que se ha implicado activamente es Mark Cuban. El propietario de los Dallas Mavericks dijo en una conferencia de prensa que está haciendo cálculos para ver cuánto costaría “dar apoyo financiero a las personas que no van a poder venir a trabajar” debido a la cancelación de los partidos. Eso sí, no ha dado aún ni cifras concretas ni detalles sobre cómo se aportaría esta ayuda.

En cualquier caso, al menos de momento, los planes de solidaridad dependen de iniciativas particulares en algunos puntos concretos del mapa, no de un sistema de ayuda coordinado. Y fuera de la NBA no ha trascendido que nadie haya decidido adoptar alguna medida similar. Solo nos queda confiar en que la crisis del coronavirus termine pronto y todos podamos volver a la normalidad cuanto antes.

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