Los jóvenes que escupen a ancianos cuando les recriminan no llevar mascarilla.

Carme Chaparro
·3 min de lectura

73 menores infectados en una discoteca a la que acudieron 1.000 personas en Córdoba. Y los padres que lo permitieron.

Un partido de fútbol en Navarra entre contagiados y no contagiados.

Unos jóvenes que escupen a la cara -”viejos de mierda”-. a dos ancianos que les recriminan no llevar puesta la mascarilla. “Ya no salgo más”, llora ella, cuando otros viandantes se paran a ayudarlos.

Dueños de discoteca que obligan a los clientes a tapar la cámara del móvil con una pegatina en la que se lee “para poder seguir abiertos”. Así no pueden grabar imágenes de la locura del interior. Los propietarios son responsables de que dentro se cumplan las medidas de seguridad. Pero es más fácil ocultar lo que sucede.

En algunas discotecas españolas se han repartido pegatinas como ésta para evitar que los clientes graben y difundan imágenes del interior que delaten el incumplimiento de las medidas de seguridad por la Covid.
En algunas discotecas españolas se han repartido pegatinas como ésta para evitar que los clientes graben y difundan imágenes del interior que delaten el incumplimiento de las medidas de seguridad por la Covid.

El padre que aúlla a la doctora que le avisa que su hija tiene coronavirus y debe guardar cuarentena en casa “mi hija va a salir cuando le dé la gana”.

El revisor del tren insistiendo, enfadado, por megafonía que la gente tiene que ponerse la mascarilla todo el trayecto y que si no lo hacen llamará a la Guardia Civil para que eche a los rebeldes en la próxima estación.

Personas paseando de un vagón al otro del AVE como si el resto de asientos no estuvieran todos ocupados y el viaje no fuera de tres horas en un lugar completamente cerrado, aumentando la posibilidad de contagio.

Aglomeración y empujones saliendo del vagón del AVE, sin hacer caso a la megafonía que pide que sólo nos levantemos cuando se hayan vaciado todos los asientos que están entre nosotros y la puerta de salida.

Grupos de adolescentes haciendo botellón, sin mascarilla, pasándose las botellas los unos a los otros, en cualquier ciudad y pueblo de España, como si no fueran los jóvenes y los adolescentes el primer grupo de transmisión de la covid.

Fiestas en los pueblos de España. Oye, que es verano y nos tenemos que divertir. No me jodas, MariPili.

Decenas de miles de barceloneses abandonando la ciudad para pasar el fin de semana fuera, a pesar de ser ahora mismo el epicentro de la pandemia y de la recomendación de las autoridades de quedarse en casa para contenerla.

Playas de Barcelona cerradas por aglomeraciones.

Playas de España llenas hasta el muro del paseo marítimo

Turistas llegando a decenas de miles sin prueba del coronavirus y con continuos comportamientos de riesgo.

Temporeros migrantes en condiciones infrahumanas contagiándose de covid en chabolas que otros hacen arder, como en Lepe, Huelva, donde tras tres incendios provocados más de un centenar de temporeros duermen en la calle. Muchos rebrotes han comenzado en la agricultura, con temporeros hacinados en espacios mínimos.

Personas amontonadas en terrazas, interior de bares o casas como si los amigos y familiares no pudieran contagiarse entre ellos y como si este tipo de reuniones no fueran el principal transmisor del coronavirus en España.

Españoles que se creen con derecho a reunirse con toda la gente que quieran, que se creen con derecho a montar fiestas en casa o en el bar, que se creen con derecho a amontonarse en un bar o en una discoteca. “A mí nadie me dice lo que tengo que hacer”.

¡Qué pronto hemos olvidado!

¡Y qué pronto volveremos a caer!

Los hospitales ya están preparando plantas extras para la segunda oleada de la Covid.

Por unos pocos morirán muchos. Y otros muchos más perderán lo que tienen.

Son sólo unos meses, sólo tenemos que dejar de hacer algunas de las cosas que nos gustan durante unos meses, hasta que se encuentre la vacuna. ¿De verdad es tan difícil?

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