Así se convierte un adolescente en un adicto al juego

El juego forma parte de nuestro ADN y el de la mayoría de los animales. Jugando se aprende, nos relacionamos jugando, socializamos, y nos ayuda a pasar un buen rato, ya sea en solitario o con otros participantes. Sin embargo, para algunas personas el juego puede acabar convirtiéndose en un problema. Tan grave que repercute en sus relaciones personales, familiares y sociales o en su trabajo. En definitiva, para ciertos individuos, jugar es una enfermedad. Y, lamentablemente, cada vez más jóvenes son víctimas del juego. Hay varias razones por las que ocurre. 

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El cerebro de un adicto no es igual que el de los demás 

Históricamente, se ha culpado y responsabilizado siempre al adicto, y se ha asociado su adicción a una personalidad viciosa, débil y falta de voluntad. De ahí que en vez de ayudarle con el tratamiento adecuado, se agravaba el problema así como el estigma. Sin embargo, gracias al avance de la medicina, se ha comprobado por técnicas de imagen que hay cambios en el cerebro y, además, que existe cierta predisposición a la adicción. 

Los expertos han encontrado diferencias en el cerebro de una persona con una adicción. Se conoce como neuroadaptación y la razón por la que alguien no puede evitar dejar de consumir una sustancia o llevar a cabo determinado comportamiento se encuentra en una región denominada sistema límbico. Esta interviene en el sistema de recompensa de nuestra mente. Además, es la responsable de que sintamos otras emociones, tanto positivas como negativas. Y es esta zona la que nos 'miente' diciéndonos que nuestra adicción es necesaria para nuestra subsistencia. Este engaño es posible por la alteración en la liberación de unas sustancias responsables del placer, como por ejemplo, la dopamina.

Por otro lado, también existe una condición genética que aumenta el riesgo de ser adictos. El doctor Nestor Szerman, miembro de la Sociedad Española de Patología Dual, aclara que "se trata de personas vulnerables por factores genéticos y medioambientales y padecen casi en su totalidad otros trastornos mentales". Se conoce patología dual, y suele darse en el 96% de las personas adictas, "aunque esta situación no se detecte". Así "el trastorno por juego puede manifestarse en personas con tendencia a la depresión o ansiedad, trastorno bipolar, psicosis y, sobre todo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o  trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Son además personas con rasgos específicos de impulsividad", indica el especialista, que además es presidente de la Fundación de Patología Dual.

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Cada vez más jóvenes 

Uno de los datos más alarmantes es que la ludopatía está afectando a personas cada vez más jóvenes. El acceso a internet y los juegos online son factores que aumentan este riesgo. Como explica el doctor Néstor Szerman, “las personas adultas con un trastorno por juego recurren más a la lotería o a las máquinas tragaperras, mientras que los jóvenes juegan más a apuestas deportivas y póquer online. Por lo tanto, la oferta de las nuevas modalidades de juego por internet se dirige especialmente al colectivo joven”.

Además, dado que el cerebro se desarrolla lentamente hasta más allá de la segunda década de la vida de una persona, “los adolescentes son más vulnerables a la adicción al juego a través de internet porque su cerebro es inmaduro y tiene menor capacidad de control”, detalla el especialista. El hecho de que su cerebro no haya completado su neurodesarrollo hace que que sufran una mayor impulsividad. Pero aun así, "solo se produce en aquellos con alta vulnerabilidad a desarrollar trastornos mentales. Eso nos lleva a proponer elevar la edad legal de poder entrar en contacto con sustancias o juego, hasta al menos los 21 años", añade el especialista.  

Por último, no hay que olvidar que el juego online es de una modalidad que cumple con todos los criterios de ser "altamente adictiva". Incluso más que el juego presencial. Varios factores influyen en ello. 

  • La posibilidad de jugar en solitario 
  • La oportunidad de realizar apuestas bajas 
  • La disponibilidad de la herramienta para jugar en cualquier momento del día y en cualquier lugar
  • La privacidad (se puede jugar en el ordenador o en el móvil sin la preocupación de qué pensarán los demás)

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¿Cómo saber si mi hijo es adicto? 

Según recuerda el doctor Nestor Szerman, jugar mucho no significa ser adicto. "Hablamos de conducta adictiva cuando esta actividad deja de ser lúdica e impacta de forma negativa en estos chicos y chicas, en detrimento de sus relaciones familiares, afectivas y académicas, y tiene una repercusión conductual, ya que, por ejemplo, deben conseguir dinero para seguir jugando”.

Estos cambios de comportamiento son los que hacen saltar las alarmas en el entorno del adolescente con un trastorno por juego: “A los afectados les cuesta reconocer que tienen una adicción, lo que retrasa la puesta en marcha de medidas terapéuticas. En el caso de los adolescentes, el juego les produce un efecto sedante y calmante del malestar que ya sufrían previamente”.

En estos casos, es importante consultar con un profesional médico para que pueda realizar un diagnóstico que confirme si se trata de un trastorno adictivo, si se sufre otra enfermedad y cómo tratarlo de la mejor manera para que pueda volver a encauzar su vida. 

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Tratamiento 

Es importante que no estigmaticemos a las personas que sufren una adicción y que les ayudemos a lograr un tratamiento y a seguirlo. En este sentido, el doctor explica que la adicción al juego se puede tratar y las personas pueden romper este círculo que les aboca a consumir más y más. "Como en el resto de los trastornos mentales, el tratamiento debe ser biológico (con fármacos apropiados), psicológico y social, en ese orden", recalca el especialista. Los grupos de ayuda mutua son también útiles para algunos perfiles clínicos de pacientes, en sentido complementario. 

Hay que tener claro, sin embargo, que aunque se pueda tratar eficazmente, "el riesgo de recaída existe para siempre, y aumenta según la gravedad del trastorno. La persona afectada debe tomar precauciones, excluirse de cualquier entrada a salas de juego off-line y on-line y ser siempre consciente de este peligro", concluye el doctor Nestor Szerman, de SEPD. 

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