Salvemos el cielo de la amenaza de lunas artificiales y anuncios orbitales

Dos exposiciones diferentes de una luna casi llena. (Imagen creative commons vista en Flickr, crédito: Lee Haywood).

Hace poco más de un año, los amantes de la astronomía amateur, esos mismos que huyen de las ciudades a lugares ignotos y oscuros desde los que solazarse con la contemplación del cielo entraron en pánico. Los chinos, cada vez más audaces en sus apuestas tecnológicas, habían anunciado la creación de una segunda luna, en este caso artificial, que puesta en órbita geostacionaria sobre la ciudad de Chengdu, reflejaría luz solar cada noche para ahorrar los costes de la iluminación. Su idea era que colocando 4 espejos lo bastante grandes en una órbita baja (500 kilómetros de altura), y configurándolos de forma correcta para que concentraran su luz en un área circular de entre 10 y 80 kilómetros de diámetro, se crearía una especie de fulgor lunar (8 veces más brillante que el de nuestro satélite natural) que haría innecesarias las farolas.

La noticia se publicó en el China Daily, y desde allí saltó a los medios de comunicación de medio planeta.  En ella se advertía que el primer lanzamiento de los cuatro espejos se efectuaría este mismo año de 2020 desde el centro de lanzamiento de satélites Xichang, en Sichuan. Si todo iba bien con este primer espejo, en 2022 se lanzarían los otros 3 artefactos, que podrían funcionar individualmente o en enjambre. El artículo citaba a Wu Chunfeng, jefe de la nueva área de ciencia social Tian Fu en Chengdu, a quien habrían entrevistado en exclusiva.

Los cálculos indicaban que la ciudad de Chengdu podría ahorrar alrededor de 174 millones de dólares al año en electricidad si la luna artificial iluminase 50 kilómetros cuadrados de la ciudad.

Bien, pues ya estamos en 2020 ¿qué ha sido del proyecto luna artificial? Nadie ha vuelto a oír una palabra. De hecho, revisando la web apenas he encontrado una referencia posterior (septiembre de 2019) en la BBC en la que se recordaba la idea y se reconocía precisamente esto, que desde el anuncio no había vuelto ver noticia (por fortuna añado yo).

Lo más preocupante de esta última fuente es que me generó una nueva preocupación que sumar a la de la luna artificial china, y era la del “anuncio pixelado celeste” ruso. En efecto, la BBC hablaba de una start-up rusa (llamada StartRocket) que preveía lanzar al espacio un enjambre de 300 mini-satélites que portarían velas solares retráctiles reflectantes. Todos juntos se situarán en órbita baja formando columnas, como los pixeles en una pantalla. Y sí, lo habéis adivinado, la idea sería poder iluminar cada minisatélite a voluntad para que pudiéramos leer textos a simple vista en el cielo nocturno.

¿Os imagináis la impensable pérdida poética que experimentarían cada pareja, cuando al intentar contemplar embelesados el estrellado cielo que les cubre leyeran “bebe Coca Cola”? Solo de pensarlo me apetece migrar a Marte.

¿Veremos anuncios de refrescos en el cielo? (Crédito imagen: KhabarNaama.com).

No contentos con convertir la órbita baja en un basurero en el que abundan trozos metálicos, que son y serán un verdadero problema cuando nos lancemos a explorar otros mundos, ahora a algunos espabilados cegados por el fulgor del capitalismo, les parece buena idea lanzar enjambres de mini-satélites, o de espejos, con los que destrozar uno de los pocos espectáculos gratuitos que nos ofrecía la noche: la inmensidad del universo.

En fin, por fortuna lanzar cargas útiles al espacio es tan sumamente caro que prácticamente solo los gobiernos, sus agencias y las grandes corporaciones se lo pueden permitir. No obstante, parece obvio que más tarde o más temprano, alguien propondrá alguna idea similar y encontrará la forma de financiarla. Me pregunto si llegado ese momento los humanos de a pie seremos consultados al respecto.

¿Qué habría dicho Shakespeare de un cielo nocturno con dos lunas y cubierto de mensajes publicitarios? Él que en el “Mercader de Venecia”  le pide a una joven que se siente bajo el claro de luna y que mire “la bóveda celeste tachonada con patenas de brillante oro, donde hasta la más pequeña de las esferas que observas produce con su movimiento el cántico de un ángel”. ¿Se habría sentido igualmente inspirado Beethoven por el satélite artificial chino, como para componer su maravillosa sonata para piano nº 14 “claro de luna”?

Llamadme antiguo y acusadme de oponerme al progreso si queréis… pero por favor dejad el cielo incólume. El último reducto de poetas y astrónomos, de la humanidad toda, no merece que lo enfanguemos como hemos hecho con todo.

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