Si hoy te contagias con coronavirus… ¿qué tratamiento te dan en el hospital?

Hospital Universitario La Paz en Madrid donde se han tratado cientos de pacientes por coronavirus | imagen Antonio Pérez-Martínez

La aparición de un nuevo virus, del que hace solo unos meses apenas sabíamos nada, ha puesto en jaque a miles de millones de personas en todo el mundo. La inquietud e incertidumbre de las primeras semanas, poco a poco, se fue calmando conforme aparecían algunos estudios e investigaciones que arrojaban algo de luz sobre cómo operaba el coronavirus, cómo se transmitía o cuáles eran los síntomas más comunes. Aún así, y ante la falta de un tratamiento indicado o una vacuna, los profesionales sanitarios han estado luchando durante meses sin saber, a ciencia cierta, cuáles eran los pasos a seguir, sobre todo en los casos más graves.

Hablamos con algunos médicos que están viviendo desde dentro esta crisis sanitaria para averiguar cómo se las están apañando para tratar a los pacientes de COVID19 sin contar con un tratamiento eficaz y probado. Contactamos en primer lugar con el doctor Vicente Baos, médico de Familia y miembro de la red de Expertos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) para comprender mejor las herramientas que han ido utilizando para tratar a los pacientes en estos meses. El caso del doctor Baos es muy significativo puesto que él mismo estuvo hospitalizado por COVID19 durante más de dos semanas y ha publicado recientemente el relato pormenorizado de su experiencia en el hospital.

“Vivimos un debate global sobre qué hacer en estos momentos porque ahora mismo no hay ningún tratamiento que posea evidencias científicas” nos explica el doctor, “y, mientras no contemos con ensayos clínicos de calidad, todos nos preguntamos ¿Qué hacer? ¿No hacer nada, tan solo asistir solamente con tratamiento de soporte? ¿Se deben implementar las terapias que van apareciendo porque tienen base fisiológica pero aún no tienen evidencias? ¿Qué es ético y qué no es ético?” 

“En algunos países, como Estados Unidos, se están limitando a ofrecer soporte vital básico. En España utilizamos el consentimiento informado al paciente”

Esta primera cuestión es de vital importancia, porque no todos los países han optado por las mismas estrategias. En algunos países, sobre todo en Estados Unidos, la tendencia es "como no hay nada, no se usa nada". Se da un tratamiento de soporte y punto. Esto es lo que en la mayoría de casos se está haciendo en Estados Unidos principalmente porque están muy influidos por cuestiones legales. Es un país donde los juicios y pleitos por cualquier desliz médico son muy importantes y los intensivistas estadounidenses prefieren, quizá por temor a uno de esos pleitos, no arriesgar con ningún tratamiento que aún no cuenta con ensayos clínicos y por tanto solo están ofreciendo soporte vital”.

En muchos otros países, incluyendo España, se está acudiendo a la figura del consentimiento informado, es decir: “explicamos al paciente que el COVID19 no cuenta aún con un tratamiento definido y pedimos su consentimiento para tratarlo con diferentes medicamentos según su estado y síntomas”. En opinión del doctor Baos esta actuación es mejor opción que no hacer nada, aunque le gustaría que ese consentimiento informado se realizara por escrito, ya que hasta ahora basta con el consentimiento informado de manera verbal. "Cuando estuve enfermo a mí también me informaron de que no existía tratamiento y me preguntaron si estaba de acuerdo en utilizar medicamentos que no están indicados específicamente para este caso... y, por supuesto, contesté que sí".

“Sin estudios y análisis clínicos serios aún estamos trabajando a ciegas. La experiencia ahora es el empirismo personal o del servicio”

Una vez que el paciente da su consentimiento para el uso de tratamientos que no están específicamente indicados para esta enfermedad, aparecen más dudas sobre qué medicamentos o terapias pueden resultar de utilidad. “Aún estamos trabajando a ciegas”, explica el doctor Baos, “la experiencia ahora es el empirismo personal o del servicio, “parece que a los que les hemos puesto esto han ido mejor”, “parece que esto no ha funcionado bien”… Sin contar con estudios, investigaciones y análisis clínicos serios, nuestra labor sigue siendo una información empírica opinable en un sentido o en otro, donde no hay homogeneidad en los pacientes, donde unos son más jóvenes, otros son más mayores, unos saturaban muy mal y otros algo mejor”

“Todos los tratamientos que se dan ahora están basados en la asunción, en mecanismos fisiopatológicos. Por ejemplo, inicialmente se especulaba con que ciertos medicamentos para la tensión, ciertos antihipertensivos podían ser dañinos porque compartían un mecanismo de señalización celular con el virus, la evidencia era anecdótica, pero hay gente que por ese miedo los ha dejado de tomar y luego ha acudido al hospital por una crisis hipertensiva”, nos cuenta otro médico desde Baleares, que añade “con cualquier otra enfermedad, cuando haces un ensayo, tienes un análisis de pacientes durante seis meses, un año, seguimiento hospitalario, altas hospitalarias… aquí no tenemos nada de eso, vamos a ciegas, y los pacientes demandan certezas que no tenemos”.

“Lopinavir, Ritonavir, Arbidol, cloroquina…  Aún no tenemos ninguna prueba sólida de que los medicamentos que están apareciendo funcionen”

Se está hablando de infinidad de fármacos, compuestos y medicamentos pero es importante recordar que no tenemos evidencias sólidas de su eficacia en ninguno de ellos. “La hidroxicloroquina, que es el más comentado, sigue estando en preprint puro y con poca calidad, estudios de pocos pacientes y en pocos lugares”. En el tratamiento inicial se usa frecuentemente la asociación del dolquine, hidroxicloroquina más azitromicina, pero es un paso inicial para intentar reducir (teóricamente) la carga viral. “La hidroxicloroquina no ha sido suficientemente estudiada y revisada, todo son preprint y eso significa que no está evaluado, ni para bien, ni para mal. Ni está avalado que sea eficaz, ni está avalado que no los sea”.

Respecto a este medicamento, existe además un problema añadido como nos cuenta un cardiólogo que prefiere no aparecer mencionado en el artículo: “De la cloroquina, sí sabemos en cambio, que produce arritmias cardíacas muy peligrosas, de hecho, hay gente que la usa para suicidarse. Estamos utilizando un medicamento, que no sabemos si funciona realmente, con el riesgo de que, de aquí a seis meses o un año, podamos toparnos con un incremento de efectos secundarios y fallecimientos cardiacos”.

¿Qué hay del Remdesivir?

En las últimas semanas este medicamento ha tenido una verdadera montaña rusa de aciertos y decepciones, pasando de “game changer” a “fracaso en algunos ensayos clínicos”. El doctor Baos nos avisa de que, en España, “el Remdesivir ni siquiera está comercializado. No está autorizado. Lo distribuye el fabricante para hacer ensayos o para tratamiento compasivo, pero no está extendido, ni hay capacidad para administrarlo, aunque fuera realmente eficaz, porque ni siquiera está aprobado”.

Al igual que de otros muchos medicamentos que han surgido como posibles soluciones, no podemos asegurar nada hasta que lleguen más estudios y más ensayos clínicos, con más calidad, con grupos de control… La experiencia ahora se está consiguiendo sobre la marcha, “los intensivistas están aprendiendo mucho y muy rápido, sobre todo a manejar la oxigenación en esta enfermedad que es un poquito diferente de lo que habían visto hasta ahora. Son los que tienen ahora mucha más capacidad de manejar al paciente en la UCI. Y a nivel médico, yo creo que hemos aprendido que se hace lo que se puede y que se va cambiando a base de experiencia propia y preprints, con lo cual es una base de concierto bastante poco sólida”.

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