Consejos para cuidar tus esquís

Esther Bedia Alonso

En estos tiempos de austeridad y reciclaje es posible que muchos esquiadores estén haciendo números y comprobando su presupuesto antes de lanzarse pista abajo. El material duro es una de las grandes inversiones en este deporte así que saber cuidarlo, protegerlo, almacenarlo de una temporada a otra o repararlo, si llega el caso, puede ahorrarte algún que otro dolor de cabeza... y de bolsillo.



El profesor de esquí alpino de la escuela de esquí Aramón y Javalambre, Alejandro Sánchez Abril, destaca en primer lugar la importancia de “mantener las suelas de nuestros esquís en buen estado, de forma que si tienen algún agujero es necesario repararlas para evitar que la humedad penetre en el núcleo y lo deteriore”.

Precisamente en su libro Guía del esquiador: acondicionamiento, técnica y otros conocimientos, Sánchez Abril explica de forma sencilla y paso a paso cómo reparar unos esquís con un poco de maña, paciencia y las herramientas adecuadas. Un perfecto capítulo DIY (abreviatura del inglés: Do It Yourself, Hazlo tú mismo) con el que cualquiera puede arreglar agujeros o rayaduras provocadas por el uso.

Antes de empezar la reparación Sánchez Abril aconseja disponer del siguiente material: banco y tornillos de fijación para mantener el esquí inmovilizado, gomas elásticas para bloquear los frenos de las fijaciones, disolvente, barras de polietileno (también llamadas cófix que se pueden comprar en cualquier tienda especializada) y rasqueta metálica y de plástico. También recomienda que el esquí esté seco y la suela a temperatura templada.

La superficie de la suela “debe estar limpia y plana”, así que habrá que lijarla y limpiarla con disolvente. Una vez seca llega el momento más delicado, que consiste en calentar las barras de cófix e ir cubriendo las rayaduras y agujeros con las gotas calientes. De nuevo se deja secar y se pule con la rasqueta metálica. Afilar los cantos requiere un poco más de pericia, varias limas de distinto grosor y goma abrasiva. Por último está el encerado que puede ser en frío, por fricción o en caliente (el más común). El color de la cera es importante porque “cada uno está destinado a una temperatura distinta de nieve”. “Lo más normal en talleres es usar ceras universales, de color rosa, indicadas para temperaturas de entre -2° y -9°”, explica Sánchez Abril.

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En temporada y fuera de ella
 
Encerar los esquís con regularidad a lo largo de la temporada es, según este técnico deportivo en esquí alpino, muy recomendable para evitar “que entren impurezas dentro del esquí y mantener la suela hidratada” ya que esto favorece un deslizamiento óptimo. Para eliminar la nieve que se queda adherida al esquí no es conveniente golpearlo contra el suelo. Lo más apropiado es “secarlos cuidadosamente con una toalla protegiéndolos así de la humedad y evitando que se oxiden los cantos”. En temporada invernal, si se usan a diario, se pueden guardar, bien secos, en una taquilla o apoyados de pie y encajados suela con suela.

Al finalizar la temporada es conveniente “dejarlos con las suelas, los cantos y la cera hechas”. Después se aflojan por completo los muelles de las fijaciones y se envuelven enteros con film transparente. También es importante engrasar los muelles cada dos temporadas como mínimo. A la hora de almacenarlos “lo ideal es dejarlos separados, envueltos y en una superficie en la que el esquí esté apoyado entero”, concluye Sánchez Abril.

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