¿Conoces las dos alteraciones más frecuentes durante el embarazo?

Esto es todo lo que debes saber sobre la diabetes y el hipotiroidismo gestacional para reducir el riesgo de aborto y parto prematuro

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El aumento de los niveles de azúcar en la sangre en el embarazo eleva el riesgo de diabetes gestacional y esto puede generar malestar, cansancio y mucha sed. (Foto: Thinkstock / Getty Images)

El aumento de la obesidad y de la edad de la gestación han intensificado tanto los casos de diabetes tipo 2 en mujeres en edad fértil como de diabetes gestacional (cuya prevalencia oscila entre el 10-25 por ciento),y los endocrinólogos también indican que el hipotiroidismo subclínico, el más frecuente en el embarazo, incrementa el riesgo de aborto y parto prematuro.

Si quieres evitar complicaciones para ti y para el bebé así como problemas de salud para ambos a largo plazo es recomendable que el endocrinólogo haga un seguimiento en caso de enfermedades endocrinológicas previas al embarazo que requieren una vigilancia periódica y que, habitualmente, necesitan más supervisión durante el embarazo, muy especialmente en mujeres con diabetes, para las que, además, es aconsejable la planificación de la gestación.

1 de cada 7 embarazos cursa con diabetes gestacional

La diabetes gestacional se define como aquella situación que cursa con niveles elevados de glucosa en la madre, menos graves que la diabetes, que se diagnostica en el segundo o tercer trimestre del embarazo y se asocia a un mayor riesgo de efectos adversos.

Aparece en mujeres que antes de quedarse embarazadas no padecían este trastorno metabólico y suele detectarse a partir de la semana 20 de gestación. El páncreas es el órgano que se encarga de secretar insulina, una hormona cuya función es controlar los niveles de azúcar en sangre. Cuando ingerimos alimentos, aumenta la cantidad de insulina segregada para compensar picos de azúcar y evitar una hiperglucemia, esto es un exceso de azúcar en sangre que podría resultar tóxico para el organismo.

Si se constata la diabetes, el acompañamiento debe ser más específico e incluye evaluaciones periódicas y más detalladas, como la curva glucémica. (Foto: Getty)
Si se constata la diabetes, el acompañamiento debe ser más específico e incluye evaluaciones periódicas y más detalladas, como la curva glucémica. (Foto: Getty)

El aumento de la obesidad y de la edad de la gestación han incrementado tanto los casos de diabetes tipo 2 en mujeres en edad fértil como de diabetes gestacional”, la Dra. Alejandra Durán, miembro del grupo de trabajo de Diabetes de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y médico del Servicio de Endocrinología del Hospital Clínico San Carlos Madrid (España).

También hay enfermedades endocrinológicas que pueden desarrollarse en el embarazo, como las alteraciones en el funcionamiento del tiroides, tanto hipotiroidismo como hipertiroidismo, y la diabetes gestacional”, añaden los especialistas de la SEEN.

Efectos sobre la madre, el feto y el futuro de ambos

  1. Sobre la madre: complicaciones durante la gestación (como mayor incidencia de hipertensión gestacional y su forma más grave, la preeclampsia) y durante el parto (prematuridad y mayor riesgo de cesáreas).

  2. Sobre el feto: más riesgo de recién nacidos con un tamaño menor o mayor del correspondiente para la edad gestacional, de hiperbilirrubinemia e hipoglucemia neonatal, de ingreso en UCI neonatal por Apgar (escala de salud del recién nacido) bajo o por las complicaciones descritas y de traumas durante el parto.

  3. Sobre el futuro de ambos: para la madre, mayor riesgo de desarrollo de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico tras el parto, y para los hijos, mayor adiposidad y riesgo de desarrollar diabetes.

El ejercicio regular reduce el riesgo de diabetes gestacional. (Foto: Getty)
Además de prevenir el aumento excesivo de peso, el ejercicio reduce riesgos como la macrosomia fetal, la preeclampsia, la diabetes gestacional y las cesáreas. (Foto: Getty)

Pese a todo, la endocrinóloga opina que la diabetes gestacional es “una gran desconocida. El adecuado diagnóstico y manejo, con educadores y dietistas-nutricionistas entrenados, así como la colaboración entre Endocrinología, Atención Primaria, Obstetricia y Pediatría, controlaría esta avalancha que, si no detectamos ahora, supondrá una alta carga asistencial en el futuro por la probable aparición de consecuencias metabólicas en estas mujeres y en su descendencia”.

Es importante recordar que los controles y visitas al obstetra durante el embarazo y post parto juegan un rol fundamental en el desarrollo saludable del niño por nacer y del recién nacido

¿Se puede controlar?

En el 80 por ciento de los casos, se controla con dieta y modificaciones nutricionales. Aunque la mejor opción para evitar la diabetes gestacional sería conseguir un peso pregestación adecuado, pero según la especialista “no es realista”.

La dieta mediterránea es la más adecuada”, asegura la especialista. El 20 por ciento restante necesita tratamiento farmacológico: “La insulina es el tratamiento de elección, aunque existen trabajos publicados con fármacos como la metformina o las sulfonilureas”.

Las modificaciones en el estilo de vida y el control de la evolución de las mujeres con diabetes gestacional previenen el futuro desarrollo de diabetes tipo 2. “Idealmente, el seguimiento por parte del endocrinólogo debería ser postparto, a los 3 o 6 meses, al año y cada 3 años”, añade Durán.

¿Qué pasa con el tiroides?
El funcionamiento del tiroides puede verse afectado durante el embarazo. El hipertiroidismo, que afecta al 0,2 por ciento de las gestantes y, en la mayoría de las ocasiones, es transitorio durante las primeras 14 semanas de embarazo, normalmente apenas manifiesta síntomas ni precisa tratamiento.
Por otro lado, se estima que el 2-6 por ciento de las gestantes tienen hipotiroidismo subclínico, en el que la hormona tiroidea libre es normal y hay elevación de la hormona estimulante del tiroides, que puede aparecer desde las primeras semanas de gestación.

La Dra. Elena Navarro, coordinadora del área de Tiroides de la SEEN y médico del servicio de Endocrinología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, explica que “el hipotiroidismo gestacional es una alteración en la función del tiroides que determina una insuficiente producción de hormonas tiroideas y que suele ocurrir en mujeres que presentan una enfermedad tiroidea previa, generalmente autoinmune, y en aquellas que padecen un déficit de yodo, por no tener un aporte adecuado del mismo en la alimentación, por lo que se recomienda una suplementación de yodo durante el embarazo”.

Según la especialista de la SEEN, “la mayoría de las guías recomiendan, desde hace unos años, el screening de función del tiroides a todas las gestantes antes de la semana 10 y, por ello, se diagnostican más casos”.

El hipotiroidismo subclínico, que es el más frecuente durante el embarazo, incrementa el riesgo de aborto y parto prematuro. Con respecto al bebé, “los estudios son contradictorios y no hay suficiente evidencia de que pueda condicionar un déficit neurocognitivo”, señala la coordinadora del área de Tiroides.

En cuanto al hipotiroidismo franco, en el que la hormona tiroidea libre ya está descendida, la experta afirma que “se relaciona, claramente, con problemas en la madre durante el embarazo, como hipertensión, riesgo de aborto, eclampsia o parto prematuro, y en el bebé con prematuridad, retraso del crecimiento intrauterino y retraso en el desarrollo psiconeurológico”.

El tratamiento del hipotiroidismo gestacional consiste en la administración de hormona tiroidea por vía oral hasta conseguir la normalización del funcionamiento del tiroides. La dosis varía en función de los controles analíticos, que han de ser periódicos a lo largo de todo el embarazo.

El hipotiroidismo desaparecerá o no tras el parto dependiendo de la enfermedad que haya condicionado la alteración de la función del tiroides. “Si es una enfermedad autoinmune, como la tiroiditis linfocitaria crónica, es posible que la alteración se mantenga tras el parto y precise continuar el tratamiento con hormona tiroidea”, concluye la Dra. Elena Navarro.

Para evitar complicaciones

  • Acude a todas las revisiones y controles médicos. Tener un control durante el embarazo es muy importante. Dependiendo de los resultados, el obstetra practicará pruebas para seguir los niveles de la glucemia en la sangre y la glucosa.

  • Si no hay ninguna contraindicación médica u obstétrica se aconseja practicar unas tres horas de ejercicio moderado a la semana. Con esto es suficiente para disminuir los depósitos de grasa, lo que mejora la sensibilidad a la insulina y también controla la tensión arterial. Entre los beneficios confirmados se encuentran: prevención de ganancia excesiva de peso (factor fundamental en la transmisión intergeneracional de obesidad), menor riesgo de macrosomia fetal (bebés que nacen con un peso superior a 4 kilos), de preeclampsia, diabetes gestacional, parto por cesárea, dolor lumbar, dolor pélvico e incontinencia urinaria. Tu médico te dirá cómo y con qué frecuencia debes practicarlo. Por lo general, lo más indicado es caminar (tras la comida y la cena a ritmo moderado o, si estás muy acostumbrada, intenso) o nadar todos los días durante 30 minutos.

  • Elabora (junto a un nutricionista) un plan de comidas específico, de acuerdo a tu altura, peso y nivel de actividad. La dieta tendrá que contener el equilibrio correcto de proteínas, grasas y carbohidratos, al tiempo que debe proporcionar la cantidad adecuada de vitaminas, minerales y calorías. Para mantener estables los niveles de glucosa, es esencial no saltarse comidas, sobre todo el desayuno, y que evitar productos azucarados.

¿Conocías las consecuencias de la diabetes gestacional?

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