Confusión y bochorno en Iowa por el retraso de los resultados de la primaria demócrata

Natalie Serrano, left, and Isaac Garcia watch caucus returns come in with their son Leonel, 2, at a Democratic presidential candidate Sen. Bernie Sanders, I-Vt., caucus night campaign rally in Des Moines, Iowa, Monday, Feb. 3, 2020. (AP Photo/Matt Rourke)

Los demócratas en Iowa esperaban vivir una noche en la que su icónico proceso primario, conocido como caucus, proporcionaría un indicador clave sobre cuáles de sus precandidatos cuentan con un empuje mayor rumbo a la nominación presidencial y, en su momento, de la Casa Blanca.

Pero lo que se ha vivido es un fracaso bochornoso, al menos en términos del proceso. No de ciertos precandidatos por no lograr los resultados esperados sino del partido en Iowa en sí: llegada la medianoche del lunes y la madrugada del martes, no se había revelado ningún resultado del proceso electoral demócrata en Iowa, ni se sabía claramente por qué esa situación resultó así.

Confusión, enojo, incertidumbre y ridículo son palabras que han aflorado en muchos medios para describir lo sucedido y el sentir al respecto entre las campañas de los candidatos y entre los ciudadanos en Iowa y más allá.

Problemas con el conteo de votos en los caucus de Iowa produjeron un enorme retraso en la revelación de sus resultados. En la foto, un conteo de votos en uno de los precintos en Iowa. (AP)

Quienes podrían clamar victoria inequívocamente no pudieron hacerlo, al menos de modo explícito, y quienes podrían ser percibidos como perdedores evitaron ese estigma.

Fallo técnico

Fallas técnicas en una aplicación móviles para transmitir votos, saturación de las líneas telefónicas tradicionales para reportar el conteo, esfuerzo de recuento adicional ante discrepancias para garantizar la calidad y precisión de los resultados, conteos inconsistentes por mala interpretación de las reglas de asignación de votos y un proceso de caucus (asambleas de votantes) más complejo que nunca son razones que se han esgrimido para explicar el por qué del enorme retraso en la emisión de resultados.

Cuatro años atrás, hacia la medianoche de la jornada electoral el Partido Demócrata ya había reportado más del 90% de los votos. En 2020, nada.

El escándalo ciertamente ha sacudido al Partido Demócrata en general, y al de Iowa en lo específico, y ha puesto en cuestión más que nunca la pertinencia de que ese estado, poco representativo de la composición demográfica del país y de la militancia demócrata, sea el primero en realizar su proceso de selección de delegados a la Convención donde se designará a su candidato presidencial para encarar a Donald Trump.

Incluso ha puesto en cuestión inquisitivamente la viabilidad futura del sistema de caucus, elaboradas asambleas ciudadanas con participación más bien reducida, y la posible pertinencia de pasar en Iowa y en el puñado de estados que aún realiza caucus a un sistema de voto secreto directo para sus procesos primarios.

Un cartel explica el porcentaje de votos (15%) en un precinto que se necesita para que un precandidato pueda recibir delegados durante los caucus en Iowa. La reasignación de los votos de los candidatos que no llegaron a ese porcentaje hizo al proceso más complejo y creó confusión. Todo catalizado, al parecer, por fallas de un app y la saturación de las líneas telefónicas para el reporte de resultados.(Getty Images)

El fiasco en Iowa es aún más severo si se considera los ingentes recursos económicos y humanos, y el tiempo dedicado a ellos, que los aspirantes demócratas, sus equipos de campaña, sus voluntarios y, en sentido amplio, los donantes (ya sea pequeños o grandes) dedicaron a atraer a los votantes en Iowa, en el entendido de que el resultado del primer estado en votar le proporcionaría al triunfador (o a los que en una votación muy disputada se colocaran en los primeros sitios) un impulso sustantivo que catalizaría sus posibilidades en los procesos primarios siguientes.

Una boleta para registrar al candidato de segunda opción en los caucus de Iowa, un proceso de reasignación de votos que hizo mucho más complejo el proceso. (Getty Images)

Eso se ha frustrado y, en cierto modo, afecta más a los aspirantes que apostaron mucho en Iowa para potenciar sus aspiraciones, como el caso de Pete Butigieg, quien según los pronósticos esperaba un buen resultado. Aunque Iowa ofrece solo 41 delegados a la Convención demócrata, donde se requieren unos 1,990 para ganar la candidatura, la noción de ser percibido como ganador o como fuerte contendiente en Iowa resultaba muy valioso o codiciada, mucho más que la docena o veintena de delegados que un candidato pudiese lograr en Iowa.

En cambio, candidatos que según encuestas podrían haber encarado una mala noche en Iowa evitaron ser sujetos de esa imagen de vencido y tuvieron una suerte de paso libre, sin mucha erosión, a los siguientes proceso primarios.

Sanders lidera por delante de Biden la intención de voto en los "caucus" de Iowa

Incluso para Bernie Sanders, el puntero en las encuestas, la falta de resultados oportunos le negó la posibilidad de alzarse victorioso de modo explícito, lo que habría hecho (al igual que otros) si hubiese habido resultados que lo colocaran a la cabeza.

Así, aunque en general los candidatos optaron por verlo del lado positivo, planteando que tuvieron un buen resultado, proyectándose a la siguiente cita (la primaria de New Hampshire) y señalándose cada uno como el adecuado para vencer a Trump, la falta de resultados de los caucus en Iowa mostró que la complejidad del proceso de caucus en Iowa, que en 2020 se hizo con un modelo de triple conteo, sobrepasó la capacidad de los organizadores partidarios demócratas, algo que presumiblemente será usado en su contra por sus rivales republicanos.

Y aunque la principal razón aludida del retraso es loable, asegurar la integridad y precisión de los resultados y evitar difundir datos con errores o que pudiesen luego resultar impugnados o desacreditados, una percepción muy difundida es que los demócratas en Iowa echaron a perder el primer gran resplandor de su proceso primario.

Y si, como se ha insinuado, alguna de las campañas cuestiona la calidad en sí del proceso, el bochorno podría continuar por más tiempo.

Con todo, los resultados presumiblemente aflorarán y los delegados se asignarán a los diferentes candidatos, pero eso a la postre no será tan influyente en los resultados posteriores como se suponía o aspiraba. En realidad, dado el calendario demócrata de 2020, será en el llamado Supermartes de principios de marzo, y en la semana posterior, donde en una cantidad sustantiva de estados se definirá una porción sustantiva de los delegados y se delineará quién tiene viabilidad.

Se esperaba que esa decantación pudiese haber comenzado en Iowa, lo que no parece probable, al menos no como llegó a darse en algunos procesos del pasado. Pero sí debe suscitar un cuidado adicional para que en los procesos electorales que siguen, tanto en las primarias como en las generales, se realicen procesos de votación y cómputo ordenados y con cómputos precisos y oportunos.

En elecciones que serán presumiblemente muy tensas y competidas como las que se avecinan, la transparencia, la eficiencia y el rigor en el conteo y de difusión de los resultados de unas votaciones realizadas de modo limpio son imperativos. Lo han sido siempre, pero la necesidad de esa calidad queda más que evidente tras lo sucedido en Iowa.