'Confianza ciega', un reality adelantado a su tiempo con la misma idea de 'La isla de las tentaciones'

Tras el éxito de GH VIP 7, Mediaset España arranca 2020 apostando por un nuevo programa de telerrealidad titulado La isla de las tentaciones en el que cinco parejas pondrán a prueba su amor delante de las cámaras. Sin embargo, viendo las promos que emiten a diario en Telecinco y Cuatro no pudimos evitar acordarnos de un reality similar que fue un bombazo allá por el año 2002. ¿Recuerdas Confianza ciega?

Aquel éxito apenas duró una temporada en Antena 3 -del 27 de enero al 20 de abril para ser exactos- y a pesar de no lograr mantenerse en la parrilla televisiva, acabó convertido en un reality show de culto capaz de descolocar la vida en pareja.

(©Atresmedia/Mónica Naranjo en La isla de las tentaciones ©Mediaset)

70 cámaras repartidas (excepto en dormitorios y en baños), 80 micrófonos y 6 señales continuas de televisión hicieron posible este reality show, el segundo emitido en Antena 3 después de El bus, que nos enganchó con su propuesta de medir el grado de compromiso y enamoramiento de las parejas. Aunque, como reza el refrán, la carne es débil y este espacio se encargó de refrendar el dicho.

El programa fue presentado por Francine Gálvez (sí, la misma que nos dio tan buenos momentos a nivel autonómico conduciendo Mamma mía y que en este formato demostró su particular habilidad para meter cizaña) y se basa en el exitoso programa estadounidense Temptation Island en el que varias parejas aceptaban vivir con un grupo de solteros del sexo opuesto para probar la fortaleza de sus relaciones. Un espacio televisivo presentado por Mark L. Walberg que, a su vez, se apoyaba en el programa holandés Blind Vertrouwen adaptado por diferentes países que pusieron en marcha su propia fórmula de revisar el estado de salud de los sentimientos.

La mecánica de Confianza ciega, reality que por cierto se grabó en verano de 2001 en Portugal, era similar ya que consistía en separar a los integrantes de tres parejas heterosexuales-con relaciones estables-en dos casas diferentes, la azul para los chicos (sí, muy tópico pero estamos hablando de que se estrenó en el albor de siglo) y la amarilla para las chicas.

En este recordado programa ambos grupos eran tentados de dos curiosas formas capaces de tenernos con el mando quieto sin hacer zapping: por un lado, los protagonistas se debían resistir a los encantos de los “tíos buenos” dispuestos a enamorarse y de las exuberantes seductoras que les acompañaban en esta experiencia puesta al límite. Y, por otro, debían mantener la confianza en su media naranja después de visionar en la sala de cine vídeos de la estancia de sus respectivos amores sin saber si esos fragmentos audiovisuales estaban siendo manipulados por la organización con imágenes sacadas de contexto. Es decir, un invento más con grandes dosis de morbo para provocar celos y lágrimas además de sembrar las dudas en estas cobayas televisivas. Superar las pruebas del programa suponía, más allá de conseguir una cantidad en metálico que es el premio de los realities shows actuales, consolidar la relación sentimental a base de golpes emocionales.

Confianza ciega fue un auténtico experimento sociológico capaz de cambiar con tanto picante la vida a sus protagonistas. Este reality show además abrió la veda hacia nuevos y polémicos formatos televisivos como ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, reuniendo a 2.753.000 espectadores en su gala de estreno (20,4%) y a 3.365.000 (32,4%), una audiencia aplastante, en la final que proclamó a Carolina e Israel la pareja ganadora ya que fueron los únicos participantes que no se dejaron tentar por la seducción durante los dieciséis días que permanecieron en el complejo turístico del Algarve. Y es que María José y Luis optaron por abandonar el programa mientras que Nube y Rafa (¡qué grandes!) rompieron su relación al final.

Pero este arriesgado reality supuso asimismo la introducción de un debate dominical capaz de rozar el 50% de share con Juan Ramón Lucas como moderador, analizando todo lo ocurrido junto a colaboradores como Ramoncín, Lydia Lozano o Juan y Medio. Una fórmula que ya han ido adoptando otros exitosos programas de Mediaset como Gran Hermano o Supervivientes y que próximamente seguirá La isla de las tentaciones con Sandra Barneda liderando un debate semanal acompañada de un equipo de colaboradores que examinarán el comportamiento de las distintas parejas.

En este contexto, el estreno de La isla de las tentaciones no nos coge por sorpresa, es más, cabe la posibilidad de que el formato nos decepcione porque, a simple vista, Confianza ciega ofrecía una idea más innovadora y retorcida que la actual con una parrilla saturada de realities datings shows en los que la fidelidad está infravalorada. Y más en un entorno paradisíaco.

Mucho ha llovido desde aquel 2002 (que no 2020) donde el éxito precisamente radicaba en que varias almas de cántaro radiaban inocencia, confundiendo la realidad con la ficción y reaccionando con despecho de forma natural. Y los espectadores, que por amor hemos sufrido alguna que otra vez, nos sentíamos más que identificados con aquella especie de tragedia griega que se había montado y que conducía al desamor televisivo. Una respuesta imposible de captar espontáneamente en los tiempos que corren donde los montajes están a la orden del día y todos los que buscan seguir haciendo tele están más que resabiados.

De hecho, me atrevo a aventurar que este programa llega muy tarde (fue grabado el pasado verano en República Dominicana) y ha perdido la gracia antes de su emisión con parejas como la de Alex y Fiama, de Mujeres y hombres y viceversa, habiendo roto públicamente, es decir, conociéndose ya el desenlace de su historia. Una decisión que este par de mediáticos hicieron pública a través de Sí, quiero, su canal de Mtmad.

Si bien la promoción de este formato producido en colaboración con Cuarzo Producciones no ha llegado todavía a atosigar a los espectadores, estoy segura que el nuevo reality de parejas presentado por Mónica Naranjo -una decisión que, todo sea dicho, ha sido muy cuestionada ya que la cantante ha demostrado que no tiene mucho tirón como presentadora en Mónica y el sexo-, no será la única experiencia de los protagonistas en el grupo de comunicación de Fuencarral. Y es que esta idea de La isla de las tentaciones lleva años circulando por los realities del mundo, nutriendo a los diferentes canales de escándalos amorosos y de personajes que lo mismo valen para un roto que para un descosido.

Así, si los asuntos de Confianza ciega se siguieron ahondando en programas de Antena 3 de aquel entonces como Sabor a ti, lo mismo ocurrió en Chile con Amor a prueba que se concibió como la adaptación de Temptation Island y fue un exitazo en Mega durante 2014 y 2015. Y es que la fama de sus protagonistas tampoco se esfumó tras su paso por el reality ya que, ojo al dato, participaron entre otros Tony Espina, de actualidad por su ruptura con Makoke, y Oriana Marzoli cuya primera aparición televisiva en España fue en el programa Mujeres y hombres y viceversa aunque también siguió soltando perlas en Supervivientes 2014 y GH VIP 6.

En este sentido, asimilando cómo ha evolucionado el género, el casting de La isla de las tentaciones está muy bien seleccionado ya que no todos los participantes son puramente anónimos y varias parejas saben lo que es que su relación sea observada con lupa con el piloto rojo encendido. Ahí tenemos a Susana Molina y Gonzalo Montoya que cimentaron su amor en Gran Hermano 14 o a Andrea e Ismael quienes tuvieron una primera cita televisada en First Dates. ¿Será el reality demasiado para estas parejas o realmente los protagonistas están hechos el uno para el otro? Próximamente descubriremos la respuesta de este cóctel televisivo tan explosivo que viene marcado por la estela de Confianza ciega el cual, aunque nunca fue renovado, supuso una gran revolución en la parrilla televisiva haciéndonos reflexionar sobre si el amor de pareja es realmente más fuerte que la tentación.

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Imágenes: ©Atresmedia/©Mediaset