La confesión del ladrón de tumbas de mujeres en Italia: “Es como una droga, no puedo parar”

M. J. Arias
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La denuncia por la profanación de la tumba en la que descansaban los restos de la joven italiana Elena Aubry el pasado mes de marzo y el robo de sus cenizas puso sobre la pista a la policía. Unas semanas después daba con el autor del presunto delito. Se trataba de un hombre de 48 años que acumulaba en su casa recuerdos y fotos de otras 374 tumbas de mujeres, según han desvelado esta semana los medios en Italia.

Los robos y las profanaciones se produjeron en el cementerio romano de Verano. (Foto: Marco Di Lauro/Getty Images)
Los robos y las profanaciones se produjeron en el cementerio romano de Verano. (Foto: Marco Di Lauro/Getty Images)

Aubry, de 26 años, falleció en Roma el 7 de mayo de 2018 víctima de un accidente de motocicleta. El pasado de mes marzo, casi dos años después de su fallecimiento, su madre descubrió al ir a visitar a su hija al cementerio que su tumba había sido profanada y sus cenizas, robadas. Denunció en comisaría y las pesquisas policiales condujeron a los investigadores al piso de un hombre cerca de la cincuentena en la capital italiana.

Era el 23 de mayo y el hallazgo sorprendió a todos los implicados. No solo se encontraron con lo que buscaban, sino que la vivienda encontraron recuerdos y fotos de un total de 375 mujeres fallecidas que habían sido cogidos de sus tumbas. El fallecimiento de algunas de ellas se remontaba hasta 50 años atrás en el tiempo.

Además, también localizaron un diario que el detenido llevaba escrupulosamente de sus profanaciones en el que apuntaba la fecha en la que se había producido y el nombre de la difunta junto con su fecha de nacimiento y muerte. El necrófilo, como se refieren a él en Il Messaggero, siempre había estado en la lista de sospechosos principales ya que arrastraba una condena por robar fotos del cementerio impuesta en 2014.

La historia es conocida en Italia, más aún cuando su detención se produjo en mayo, pero ahora ha sido cuando han comenzado a revelarse algunos detalles del caso y, sobre todo, de la declaración del detenido.

“Para mí es como una droga, no puedo parar: tengo que robarlos”, confesó según recoge Leggo. De sus ‘trofeos’ robados ha dicho que conservó “las imágenes más bellas expuestas, con marcos. Para mí eran sagradas”.

También han trascendido algunos detalles de cuál era su modus operandi, como que para poder acercarse a las tumbas sin levantar sospechas y proceder al robo de los recuerdos depositados por familiares y amigos de las fallecidas usaba la excusa de dar de comer a los gatos. Llevaba comida y la colocaba entre las tumbas para poder acercarse.

El necrófilo podría enfrentarse en el futuro juicio a cargos por violación de tumbas, difamación de la tumba, robo y ocultación de un cadáver por el robo de las cenizas de Aubry.