¿Cómo hacer una buena compra?

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Photo credit: Edward Berthelot
Photo credit: Edward Berthelot

Esta es la madre del cordero, y creo que puede extrapolarse a toda nuestra relación con el consumo. Ya no es solo aquello tan sabio de nuestros abuelos de «compra poco y bueno», que también, sino: basta de comprar tanto, por Dios. El desgaste de las prendas de los niños y los adolescentes lo entiendo, pero, ¿qué adulto necesita tanta ropa? ¿Hasta dónde damos rienda suelta a la vanidad? ¿En qué momento nos dejamos engañar por el marketing manipulativo que afirma que repetir modelito es vergonzoso? Somos adultos, vemos el telediario y leemos libros, y sabemos lo que hay respecto al cambio climático. Ya vamos tardísimo.

Cómo comprar mejor

+ Después de hacer un ejercicio de introspección de por qué compramos —¿ansiedad? ¿necesidad de aprobación? ¿aburrimiento? ¿desmotivación? ¿gula?—, preguntémonos si lo necesitamos de verdad. Sin autoengaños. ¿Podemos destinar ese dinero a ahorro, salud, educación o fines más elevados que una camiseta chuchurría? La respuesta casi siempre es sí.

+ Es importante dedicar atención plena a la compra. Lo sé: tiempo es precisamente lo que nadie tiene, pero —malas noticias— para comprar bien se requiere paciencia, lucidez y ganas de chafardear. Si uno es capaz de activar un dispositivo de investigación sobre la nueva pareja del ex que dejaría pálida a la CIA, también puede sacar media hora para esto. La primera opción siempre es la proximidad: quien produzca y venda aquí, sea en tienda física u online. Si en la web no consta explícitamente la información toca preguntar. ¿Quién y dónde hace esta ropa? ¿De dónde viene el tejido? No hay que conformarse con respuestas vagas. Una marca decente siempre tendrá ganas de explicar su trabajo. La opacidad no es buena señal. ¿Y si la prenda nos encanta pero es un poliéster Made in China, es decir, el anatema de lo sostenible? En ese caso, valorar con toda frialdad si lo usaremos años y años o si nos cansaremos en media hora. Cualquier prenda que se use dos décadas (una media de tiempo sensata, y poco me parece) está amortizada en lo referente al medioambiente.

+ No comprar nada que no nos quede bien AHORA. Ya cuesta bastante encontrar una prenda que quede bien, como para añadirle la presión de que nos tiene que quedar perfecta en dos meses.

+ No comprar nada solo para un día. ¿Es posible pedirlo prestada a algún amigo, si la ocasión es puntual? ¿Se puede alquilar? Para esto último se puede echar un vistazo a plataformas de aquí como Pantala, ¿Me lo prestas?, Pislow (www.pislow.com) o Armario infinito.

+ Hacer un esfuerzo por investigar nuevas marcas pequeñas y medianas, por probar siluetas nuevas que quizá nos queden bien. Tener curiosidad.

+ Crear un ‘uniforme’ con tus prendas preferidas, y añadirle vidilla con los accesorios, especialmente zapatos y joyas.

+ Ceñirse a un presupuesto realista y sensato. Mi padre me dio un solo consejo económico: gasta menos de lo que ganes. Cierto: mi padre no tenía la profundidad de Maynard Keynes, pero es que no hacen falta presupuestos sofisticadísimos. Si no se puede comprar, no se compra. Se prioriza. Se ahorra. Se intercambia con amigas. La adicción a compras absurdas es síntoma de un problema mayor. Existe la regla del 50/30/20. El 50% de nuestro armario deben ser clásicos que nos solucionen la vida: un cárdigan con gracia, un jersey de cachemir negro o azul, una camisa blanca, unos jeans rectos, un trench, un vestido setentero largo, una camiseta bretona à la Picasso. El 30% son las inversiones, lo que pedirá un esfuerzo por nuestra parte pero después nos traerá alegrías durante décadas: un abrigo azul marino, un buen bolso, un vestido negro, una bufanda increíble, un traje de lana. El 20% es el margen para la locura —y el lugar de donde pueden venir los patinazos—. Para disfrutar de la moda también hay que perderle un poco el respeto, en el mejor sentido. O sea: estar dispuesto a rozar lo excéntrico, lo decadente e incluso lo vulgar.

+ Cada uno decide qué relación quiere tener con la calidad. La cultura y la información siempre acaban ahorrándonos dinero. Alguien que no tiene la inclinación de velar por sus intereses y espera que lo haga por él una empresa o una marca va listo. ¿Es la educación en la calidad una herencia familiar? Al principio sí, pero más tarde depende enteramente de uno.

+ Conocer tu guardarropa al dedillo. ¿De verdad sabes lo que tienes?

+ Antes de comprar una cierta marca, pregunta entre tus amigos si alguno la tiene, y su experiencia con ella.

+ Prioriza tejidos reciclados o naturales (algodón, lino, seda) a los sintéticos (poliéster). Pero de esto hablaremos largo y tendido en otra de las preguntas.

+ Sal a comprar con una prenda concreta en mente (no con el “a ver qué pillo que sea mono”), márcate un horario para no perder tiempo, evita los sábados, compra solo (aprende a confiar en tu criterio) y, aunque suene antediluviano, paga en efectivo. Elige un buen día, no uno en que estés enfadado, cansado o ansioso.

Qué es una buena compra

Lo que te pones una y otra vez, te favorece, te protege, trabaja a tu favor. Esa prenda que tus amigos definen como “muy tú”. La atemporal con un encanto discreto pero contundente y que queda al margen de tendencias absurdas. La que has comprado haciendo un esfuerzo de presupuesto, y por lo tanto valoras más. La que eliges después de preguntar y encontrar marcas comprometidas, con una producción justa y que pagan buenos sueldos a sus proveedores y empleados. La prenda que has dejado ‘en barbecho’ en la tienda hasta que te has dado cuenta de que dos meses después sigues pensando en ella. La prenda que heredas de una hermana y a la que das una nueva vida desde cero. La prenda que te importa tanto que la llevas a la modista para que la haga aún más perfecta. La que combina con al menos 50% del resto de tu armario. La prenda que hace ilusión reencontrar cuando vuelves de unas vacaciones largas.

Es nuestra ‘jefa’ en lo referente a compras de moda responsables. Periodista de formación, ha escrito sobre cultura y estilos de vida en El País, El Mundo, La Vanguardia, Vanity Fair, Vogue, Purple, Marie Claire, Telva o Yo Dona. En 2021 publicó con la editorial Anagrama el ensayo breve “La moda justa”, una invitación a vestir (bien) con ética y una reflexión acerca del actual sistema de producción de la ropa, tan inmoral como absurdo.

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