7 comportamientos tóxicos que jamás debes tolerar

Si podemos encontrar algo por lo que vivir, si podemos encontrar algún significado para poner en el centro de nuestras vidas, incluso el peor tipo de sufrimiento se vuelve soportable”, escribió el psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis. Tenemos una increíble capacidad de adaptación. Podemos acostumbrarnos a las situaciones más duras. A veces es una suerte. Otras veces una desgracia, porque la tendencia a normalizar ciertos comportamientos, sobre todo aquellos que nos hacen daño, cuando podemos ponerles coto, nos conduce a sufrir innecesariamente.

“Las personas tóxicas se adhieren como bloques de cemento atados a tus tobillos y luego te invitan a nadar en sus aguas envenenadas” - John Mark Green [Foto: Getty]
Las personas tóxicas se adhieren como bloques de cemento atados a tus tobillos y luego te invitan a nadar en sus aguas envenenadas” - John Mark Green [Foto: Getty]

Acomodación desadaptativa: Justificar los comportamientos tóxicos para “salvar” la relación

Cuando los comportamientos tóxicos provienen de personas cercanas – la pareja, padres, hijos o amigos – y no queremos romper la relación, aunque sea insatisfactoria, estaremos tentados a buscar pretextos para excusarlos. Entonces se pone en marcha un proceso de acomodación mediante el cual modificamos nuestros esquemas mentales para poder adaptarnos a las condiciones externas, o sea, para soportar - como buenamente podamos - los comportamientos tóxicos.

Esto supone alterar nuestro sistema de valores, creencias, opiniones y hasta nuestra autoimagen para lograr un nuevo equilibrio. Ese cambio interior nos permite “acostumbrarnos” a lo que está ocurriendo, a una situación que en otras circunstancias habría hecho sonar todas las alarmas para que nos alejáramos lo antes posible.

Sin embargo, cuando los comportamientos tóxicos provienen de una persona cercana, solemos desestimar esas señales de alarma y, en vez de replantearnos la situación asumiendo que están mediando comportamientos tóxicos, simplemente asumimos la culpa de lo que está ocurriendo. Ese mecanismo de acomodación termina siendo desadaptativo porque excusamos comportamientos que no deberíamos tolerar.

Las personas que han desarrollado un estilo de apego inseguro, cuyas necesidades emocionales no fueron satisfechas en su infancia, tienden a recurrir a estas estrategias de acomodación desadaptativa porque prefieren mantener la relación a toda costa, aunque ello signifique seguir haciéndose daño. Las personas que han desarrollado un apego seguro, al contrario, tienen más posibilidades de hacer frente a los comportamientos tóxicos y ponerles coto porque, aunque valoran la relación, también valoran su equilibrio, bienestar y salud emocional.

Comportamientos tóxicos que no tienen cabida en una relación madura

La toxicidad viene en diferentes formas y tamaños. Aprender a detectarla es clave para protegerse. [Foto: Getty]
La toxicidad viene en diferentes formas y tamaños. Aprender a detectarla es clave para protegerse. [Foto: Getty]

La toxicidad viene en diferentes formas y tamaños. Más allá de la dominación y la violencia existen otros comportamientos tóxicos que se manifiestan en forma de manipulación, mentiras, culpas, críticas destructivas o juegos mentales retorcidos. Estos comportamientos son menos evidentes, pero pueden dejar profundas heridas emocionales, si no se les pone coto a tiempo.

1. Desvalorizar tus ideas y sentimientos para hacerte sentir más pequeño/a que una hormiga

Un desacuerdo se puede demostrar de forma respetuosa. O de forma tóxica. La desvalorización de tus ideas y sentimientos con el objetivo de humillarte y hacerte quedar en ridículo es una estrategia de manipulación y sometimiento que no debes tolerar. Es probable que esa persona te diga que estás equivocado, que no tienes las ideas claras o que eres demasiado sensible. Así logra que dudes de ti mismo/a. De hecho, la desvalorización y el desprecio son estrategias de manipulación muy poderosas que pueden afectar profundamente tu autoestima, provocan una gran activación a nivel fisiológico e incluso pueden despertar más hostilidad que la propia ira, según revelaron investigadores de la Universidad de Pensilvania.

2. Proyectar sus fallos en ti para que caigas bajo el peso de sus culpas

Un comportamiento tremendamente tóxico consiste en proyectar las inseguridades, fallos y debilidades propias en los demás, convirtiéndolos en su chivo expiatorio. Esa persona, en vez de madurar, asumir sus defectos y responsabilizarse por las consecuencias de sus actos, simplemente los proyecta en los más cercanos. Si está enojado, te dirá que el enojado/a eres tú. Si se comporta de manera irracional, te tachará de insensato/a. La constante en su comportamiento es que jamás asume sus errores, sino que los lanza como una patata caliente para que seas tú quien cargue con sus culpas. Este mecanismo de proyección te obligará a cargar con un peso que no te corresponde, y si lo llevas durante demasiado tiempo, es probable que caigas bajo su peso psicológico. Ya lo había dicho el escritor John Mark Green: “Las personas tóxicas se adhieren como bloques de cemento atados a tus tobillos y luego te invitan a nadar en sus aguas envenenadas”.

3. Manipular tus inseguridades para que te conviertas en su marioneta

Todos tenemos puntos débiles, áreas en las que nos sentimos inseguros, cosas de las que preferimos no hablar o historias pasadas que nos gustaría dejar a buen resguardo en nuestra memoria. Algunas personas, sin embargo, son especialistas en detectar esas inseguridades para hacerte sentir mal. Se aprovechan de lo que saben sobre ti, de esas cosas que quizá le contaste en un momento particularmente vulnerable, para atacar donde más te duele. No dudan en usar esa información como moneda de cambio recurriendo al chantaje emocional para que hagas lo que quieren. En la mayoría de los casos no se trata de un chantaje directo sino sutil, por lo que suele ser más difícil de detectar. Si saben que temes al fracaso, por ejemplo, pueden activar el recuerdo de tus fracasos anteriores para que tomes la decisión que más les conviene.

4. Ignorarte como castigo, aposta y con alevosía

A veces, cuando estamos muy enfadados, es mejor no discutir. Sin embargo, cuando una persona se niega continuamente a escucharte o incluso a hablar sobre un problema importante, está poniendo en práctica un estilo de afrontamiento pasivo-agresivo que puede llegar a ser muy dañino. Usar el ostracismo como arma puede ser extremadamente doloroso y angustiante. Psicólogos de la Universidad de Kentuchy revelaron que esta estrategia afecta considerablemente el bienestar emocional, disminuye la autoconfianza y aumenta el riesgo de sufrir depresión en quien la sufre. Cuando ocurre en el trabajo, el ostracismo puede llegar a afectar más el desempeño y la estabilidad emocional que los comportamientos de acoso clásicos, según reveló otro estudio publicado en la revista Organization Science. Si una persona deja de hablarte como castigo y te ignora cada vez que no satisfaces sus expectativas, está intentando manipularte a golpe de indiferencia, condicionando su atención y cariño a que te sometas a sus normas y deseos. Y eso no es amor, es posesión.

El control no es amor, es posesión. [Foto: Getty]
El control no es amor, es posesión. [Foto: Getty]

5. Criticarte constantemente, día sí y día también

La crítica puede ayudarnos a crecer, nos permite reconocer nuestros errores y repararlos, pero cuando es excesiva y a todas horas se transforma en algo tóxico. Si el más mínimo error que cometes desencadena un rosario de críticas que se remonta prácticamente a tu infancia y las palabras de esa persona no tienen como objetivo ayudarte a mejorar sino hacer que tu autoestima caiga más allá del subsuelo, estás viviendo una relación tóxica. De hecho, las críticas destructivas no mejoran precisamente la relación. Un estudio publicado en la Journal of Applied Psychology reveló que cuando recibimos una crítica destructiva disminuye nuestro deseo de colaborar para solucionar futuros desacuerdos, además de generar tensión y resistencia. Las críticas desalentadoras constantes también harán que te plantees metas menos ambiciosas a largo plazo y seas cada vez menos eficiente en su consecución, lo cual indica que ese goteo incesante de recriminaciones está mellando tu autoestima y autoconfianza.

6. Presionarte para que hagas lo que desea

Las técnicas de presión psicológica pueden oscilar desde la imposición evidente que cursa con amenazas directas hasta tácticas sutiles y manipuladoras que resultan mucho más difíciles de descubrir. Frases aparentemente inocuas como “si me quisieras, lo harías” o “con todo lo que he hecho por ti y así me pagas” en realidad esconden una presión velada. El mensaje oculto de estas frases es: “eres una mala persona si no actúas como quiero”. Reaccionar con un enfado excesivo o hacer como que no existes son otras tácticas de presión encubierta para que cedas. Este tipo de presiones suelen actuar por debajo de tu radar, por lo que generalmente no te darás cuenta de que esa persona te está manipulando hasta que no estés completamente atrapado/a en sus redes. Si siempre cedes a los deseos del otro pero esa persona nunca cede para complacerte a ti, es una señal de alarma de que existe un profundo desequilibrio de poder en esa relación.

7. Tergiversar la realidad, hasta límites inverosímiles

El gaslighting es una técnica de manipulación muy sutil que consiste en boicotear tu percepción de la realidad. Es una forma de abuso mental en la que se tergiversa lo ocurrido para confundirte y lograr que dudes de tu memoria, percepción o incluso de tu cordura. Después de una discusión, por ejemplo, la persona manipulará los hechos y tus palabras para hacerte creer que tienes la culpa de todo. Y lo hará con tal seguridad, que comenzarás a dudar de lo ocurrido y asumirás su versión. Primero será con situaciones sin importancia, en las que cedes para no discutir. Luego el gaslighting se extiende a situaciones más importantes, pero en ese momento ya habrás comenzado a dudar de tus juicios y serás más propenso/a a asumir la verdad del manipulador. A la larga, este comportamiento tóxico minará completamente tu autoconfianza, haciéndote caer en un Matrix emponzoñado donde quedas a merced del manipulador.

En cualquier caso, debemos recordar que todos estos comportamientos tóxicos son, en el fondo, intentos de control, por lo que no tienen espacio en una relación madura. Lo más sano, para ambos, es establecer límites en los que se respeten las ideas y sentimientos del otro. Si no lo logramos, si no logramos que la otra persona respete nuestra identidad y espacio psicológico, debemos preguntarnos - y respondernos honestamente - si esa relación vale la pena.

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