Cómo usar la sal contra el hielo correctamente para ser eficiente y no dañar al medio ambiente

J Toledo y José de Toledo
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MADRID, SPAIN - JANUARY 11: Military personnel from UME carry out snow removal work at the Puerta de Atocha Station on January 11, 2021 in Madrid (Spain). The Minister of Defence, Margarita Robles, has travelled to Atocha to thank the military for their collaboration in various tasks following the devastation caused by the snowstorm 'Filomena'. (Photo by Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images) (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
Photo by Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images

Sal. Ahora mismo, la sal es un bien preciado. Y por un buen motivo: con la gran nevada que ha caído en buena parte del país, y con la bajada de temperaturas que se espera, va a hacer falta mucha sal para hacer seguro el poder recuperar la movilidad.

Pero aunque, casi con seguridad, no es lo que nos parece más urgente ahora mismo, hay que tener en cuenta que usar esta sal tiene un impacto muy importante sobre el medio ambiente. ¿Cómo de importante? Mucho. Y por eso es importante saber usar bien esta sal. Porque cada pista sobre cómo usarla se relaciona con, al menos, un impacto.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la sal no se debe echar sobre la nieve. Lo mejor que se puede hacer es retirar la nieve hacia un lugar donde no “moleste”, y usar la sal únicamente sobre el hielo, o sobre el suelo mojado que podría congelarse. Así podemos ayudar a salvar los ecosistemas. ¿Por qué?

Pues porque de esta manera se utiliza mucha menos sal. Y el impacto ecológico de la sal, como la de cualquier otro contaminante – porque actúa como tal – depende de la concentración. Si usamos menos sal, llegarán menos iones cloro – uno de los componentes de la sal, y el que más problemas produce para la fauna – a los ecosistemas, y el impacto será menor. Cuanta más nieve retiremos y dejemos que se descongele sola, mejor.

Otro factor a tener en cuenta es no echar sal cerca de masas de agua. No echar sal en una fuente o un estanque, pero mucho menos en caminos cercanos a ríos o a lagos. Porque de hacerlo, el impacto sería directo, y la concentración – la cantidad de sal por litro de agua, para entendernos – es mayor que si la misma cantidad de sal llega a las masas de agua lavada por el deshielo o la lluvia.

Y lo más importante, nunca echar sal sobre césped, árboles o similares. Aquí el impacto es muy claro: si echamos sal sobre una planta, la mataremos. Y lo que es peor, el terreno dejará de ser fértil. Al menos de momento, y probablemente de una buena temporada. Eso, si la sal no “la chupa la tierra” – no percola – y termina en los acuíferos. Que el impacto de la salinización de las aguas subterráneas es preocupante.

Convendría tener cuidado y no utilizar sal donde haya elementos expuestos que se puedan oxidar, aunque esto ya es más complicado de controlar. El problema aquí es que la sal ayuda en la corrosión de los materiales, lo que hace que haya que cambiarlos antes de que termine su vida útil con el impacto que eso tiene. Sí, es un efecto muy indirecto; y también casi imposible de manejar. Pero… es importante tenerlo en cuenta.

Y por supuesto, hay que tener mucho cuidado con la sal acumulada en montones si se recoge para una finca o una urbanización. Dejarla descubierta es malgastarla, y fomentar todos los posibles impactos de los que hemos estado hablando.

Tal vez ahora mismo sea lo que menos nos preocupa, el impacto que echar sal pueda tener en los ecosistemas. Pero si hay un momento para considerarlo y hacer las cosas bien es precisamente ahora.

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Fuentes:

Environmental impacts of road salt and other de-icing chemicals - Minnesota Stormwater Manual (state.mn.us)

Winter pollution: the environmental impacts of road salt — Lake Ontario Waterkeeper

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