Cómo superar una traición dolorosa y seguir adelante

Es más fácil esquivar una lanza que un puñal oculto, reza un proverbio chino. [Foto: Getty]

Hay traiciones que duelen, a secas y sin paliativos. Cuando hemos confiado mucho en una persona, su traición es un terrible baño de realidad que nos deja una herida emocional difícil de sanar. De repente, nuestro sentido de la realidad se socava, la confianza se desmorona y nos preguntamos: ¿Qué pasó? ¿Quién es realmente esa persona? ¿Cómo pudo hacernos algo así? ¿Podremos superarlo y volver a confiar?

La confianza es oxígeno psicológico para nuestra vida

"El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez, pero el que de nadie se fía muestra tener todavía menos" - Arturo Graf [Foto: Getty]

Ninguna soledad es más solitaria que la desconfianza”, escribió Steven Stosny.  Necesitamos confiar en los demás. La confianza alivia la ansiedad y la incertidumbre a la que estamos sometidos, generando una sensación de seguridad. De hecho, las personas con tendencia paranoide, propensas a desconfiar de los demás y creer en las conspiraciones, experimentan más sentimientos de alienación y hostilidad. También suelen percibirse en desventaja y creen que no tienen control sobre sus vidas, según reveló un estudio realizado en la Universidad de California.

La confianza es una vía de doble sentido. Beneficia a aquellos en quienes confiamos, pero también nos favorece porque consolida la idea de que el mundo es un sitio más seguro y sabemos que, en caso de necesidad, las personas en quienes confiamos nos ayudarán. Son precisamente esas profundas implicaciones psicológicas de la confianza lo que hace que los daños que provocan las traiciones sean tan graves.

Perdonar o no perdonar… Esa es la cuestión

"El débil no puede perdonar. El perdón es un atributo de los fuertes" - Gandhi [Foto: Getty]

La traición se produce cuando una persona viola, a sabiendas, las normas explícitas o implícitas que rigen la relación. Por tanto, puede presentarse presenta bajo diferentes formas: una infidelidad, mentiras, indiscreciones, el abandono o el distanciamiento y frialdad emocional.

Las traiciones graves son unas de las experiencias psicológicas más dolorosas que podemos sufrir en nuestras vidas. Suelen desencadenar emociones negativas como la ira, tristeza y frustración. En casos extremos, puede llegar a matizar todos los aspectos de nuestra vida durante un largo período de tiempo, sumiéndonos en un estado de dolor, confusión e incertidumbre. De hecho, incluso en los casos más leves, las traiciones pueden ser tan perturbadoras que alimentan el rencor y deseo de venganza.

Cuando nos traicionan nos enfrentamos a una decisión complicada: nos dejamos llevar por el deseo de venganza o lo superamos, perdonamos y trabajamos para reconstruir la confianza perdida. El “problema” es que, si bien el perdón suele predecir una mejor relación y bienestar personal, como indicó un estudio realizado en la Universidad Brigham Young, generalmente es incompatible con nuestros impulsos y nos despoja del estado “privilegiado” en el que nos ha colocado la traición.

De hecho, la traición, aunque dolorosa, coloca a la víctima en un “nivel superior”.  Se supone que, como resultado de sus efectos negativos, la traición crea una deuda interpersonal en la que la otra persona nos debe algún tipo de compensación para reparar el daño causado. Esa percepción, sin embargo, suele generar graves problemas en la relación debido a lo que se conoce como “brecha de la empatía”, un proceso marcado por distorsiones de la perspectiva que permiten que tanto la víctima como quien ha traicionado se vean a sí mismos bajo la luz más positiva.

Eso significa que la víctima creerá que el comportamiento del perpetrador es más arbitrario, incomprensible e injustificable; le atribuirá un mayor grado de responsabilidad, percibirá la agresión como más severa y exagerará sus efectos sobre la relación. Quien cometió la traición pensará que su comportamiento no fue tan negativo, disminuirá sus consecuencias sobre la relación, se centrará en la parte de responsabilidad que tiene la otra persona y, por supuesto, es probable que no esté dispuesto a pagar eternamente por ese error.

Por tanto, cuando no se produce un auténtico perdón, sino que la traición se arrastra como una pesada loza, esperando que la persona que la cometió se redima todos los días de su vida - pidiendo perdón prácticamente por existir – antes o después la relación naufragará. También debemos tener en cuenta que la persona que nos traicionó se convierte en un recuerdo constante de la posibilidad de que nos traicionen nuevamente, sufrimos lo que investigadores de la Universidad de Columbia Británica han catalogado como “contaminación mental”, la cual no solo puede afectar nuestra autoestima y generar dolor sino que incluso puede desencadenar preocupaciones patológicas y un estado de ansiedad.

Por eso, si creemos que no seremos capaces de perdonar y dejar de echarle en cara a la persona su traición, suele ser mejor poner punto final a la relación – al menos tal y como era hasta ese momento.

La confianza sabia

Las traiciones pueden convertirse en una oportunidad para desarrollar una mayor madurez, resiliencia y sabiduría. [Foto: Getty]

Perdonar no siempre es fácil, depende de la magnitud de la traición y de cuánto se haya roto la confianza. Cuando una traición provoca un tsunami emocional que hace tambalear nuestra visión del mundo y de las personas, necesitaremos más tiempo para recuperarnos.

Mientras estamos heridos, nuestras defensas inconscientes no nos permitirán volver a confiar en nadie más. Por eso debemos asegurarnos de pasar página en algún momento de la vida porque si nos quedamos aferrados a lo ocurrido, es como si nos traicionaran cada día. Un estudio desarrollado en la Universidad Baylor reveló que cuando nos han traicionado podemos desarrollar una “aversión a la traición” que provoca cambios en nuestro funcionamiento cerebral, en especial en la zona insular, los cuales terminan afectando nuestras decisiones y nos predisponen negativamente, impidiéndonos desarrollar relaciones asertivas.

Lo cierto es que guardar rencor es como beber veneno esperando que dañe al otroGuardar resentimiento nos enferma, literalmente, por eso el perdón no es exclusivamente un acto que libera a quien nos traicionó sino que nos libera a nosotros mismos porque nos damos permiso para dejar esa historia detrás y poder desarrollar las relaciones que realmente queremos y merecemos.

Quienes guardan rencor reviven continuamente los recuerdos hirientes del pasado, lo cual amplifica los pensamientos hostiles y la tristeza, un estado que con el paso del tiempo terminará generando problemas psicológicos como la depresión, según reveló un estudio realizado en la Universidad de Maine.

Perdonar no significa volver a confiar en la persona que nos traicionó sino tan solo poner punto final a ese capítulo de nuestra vida. Se trata de impedir que una traición nos arrebate la capacidad de confiar y de mirar el mundo con optimismo.

Por supuesto, la traición es un tema complejo. Las circunstancias varían enormemente, así como nuestra tolerancia y el dolor emocional. Sin embargo, se trata de una experiencia humana inevitable que puede ayudarnos a crecer como personas. Enfrentar los abandonos, rechazos y traiciones que trae la vida nos permite descubrir la fuerza que hay en nuestro interior. Ese “rito de paso” - aunque desagradable - puede guiarnos hacia una mayor resiliencia, madurez y sabiduría. Todo depende de cómo lo afrontemos.

 

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