¿Cómo se vive después de un ictus?

Tras pasar por un ictus llega el momento de aprender a vivir en el presente y descubrir las secuelas invisibles

El ictus que sufrió Sharon Stone le produjo un aneurisma. Desde entonces su oído quedó dañado. (Foto: Getty)

Cada 15 minutos una persona muere en España por un ictus, segunda causa de muerte global y primera en la mujer en España. Su incidencia es el doble que el cáncer de mama o 14 veces más que las muertes por accidentes de tráfico.

Mucha gente sigue pensando que es una enfermedad propia de edades avanzadas, pero el ictus también es muy frecuente en las personas jóvenes y el estrés puede ser uno de sus desencadenantes. El ictus puede afectar a cualquier persona de entre 20 y 64 años.

Pasar por un ictus es pasar por una situación de duelo, de pérdida.  A los efectos físicos que pueda dejar, se suman muchas dificultades que habrá que afrontar, tanto en el ámbito cognitivo como emocional. Para quienes se enfrentan a esta nueva situación, y para sus familias, es un cambio drástico. El ictus interrumpe la vida anterior.

Sin embargo, aunque el trabajo es duro, con los años se puede recuperar el ritmo de vida anterior al accidente cerebrovascular. Así lo contó la actriz estadounidense Sharon Stones. “Tras el derrame, mi cuerpo cambió. Tuvieron que pasar meses para recuperar la sensibilidad de la pierna izquierda y un año hasta que mi visión volvió a la normalidad. Además, pasé dos años aprendiendo a hablar y a andar”.

Lorena Larios y Marta Mañeru, psicóloga y logopeda de la Asociación Ictus de Aragón (AIDA),  conocen bien las situaciones y los diferentes momentos por los que pasan las personas que han tenido un ictus. Y recuerdan que el ictus no solo afecta a la persona que lo sufre, también sus familias, “a las que debemos tener en cuenta siempre porque su actitud también repercute en el paciente”, explican.

De ahí que destaquen la importancia de la escucha y la capacidad de conexión. Uno de los principales objetivos de la rehabilitación es este y apartir de ahí se debe hacer un trabajo interdisciplinar.

“Es importante ver a la persona como un todo, entender lo que está pasándole emocionalmente para evitar bloqueos y que en su recuperación vaya todo acompasado”, nos explican.

Existe un componente genético, pero el tabaco, el estrés, la obesidad o la hipertensión arterial también pueden generar accidentes cerebrovasculares. (Foto: Getty)

Ponen como ejemplo el caso del lenguaje y del habla “si su capacidad de comprensión y expresión mejora; si su habla es más inteligible, le permitirá comunicarse mejor ayudándole así a poder expresar sus sentimientos, a tomar parte más activa en su tratamiento integral”.

Las personas que han sufrido un ictus se enfrentan a una nueva vida que deben aprender a gestionar, y aunque se apoyen en los profesionales para que estos les proporcionen todos los recursos necesarios para afrontar esta nueva fase de su vida, “son ellos quienes deben tener un papel activo”, subrayan Lorena y Marta.

Este es su lema para que el proceso de recuperación sea más llevadero: “fija tus ojos hacia delante en lo que puedes hacer, no hacia atrás en lo que no puedes cambiar”.

Y en este camino, las expertas quieren llamar la atención sobre la disfagia, la dificultad para tragar. Afecta a un 45 por ciento de las personas que han tenido un accidente cerebro vascular (ACV), pero también al 27 por ciento de las personas de más de 70 años y más de del 60 por ciento de los pacientes institucionalizados.

Cada vez afecta a más mujeres jóvenes lo sufren, y lo superan como la actriz Silvia Abascal. Tras cinco años se ha recuperado y retomado con éxito su profesión.  (Foto: Getty)

Puede alterar la eficacia y la seguridad de la deglución y con ello se puede producir desnutrición y deshidratación. Pero, además, puede producir penetración laríngea y aspiraciones que generan infecciones y complicaciones respiratorias importantes. Esta es una de las consecuencia del ictus, para mostrar a las familias cómo identificar la disfagia, qué medidas se deben tomar y cómo actuar para evitar comprometer la vida de las personas.

Claves para reconocer los síntomas del ictus:

  • Dolor de cabeza muy intenso, diferente a cualquier otro tipo de cefalea.
  • Pérdida repentina y brusca de fuerza en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.
  • Sensación de hormigueo en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.
  • Pérdida súbita de visión, parcial o total, en uno o ambos ojos.
  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse.
  • Sensación de vértigo intenso, inestabilidad o desequilibrio.

Con estas sencillas pautas puedes prevenirlo:

  • Deja el tabaco, y haz que lo dejen quienes te rodean.
  • Si eres diabético controla tu enfermedad.
  • Evita la hipertensión. Ten en cuenta que otros factores como la aterosclerosis o el colesterol van a afectar a la calidad de la circulación sanguínea del cerebro.
  • Mantente activo y realiza ejercicios aeróbicos de forma regular.
  • Cuida tu alimentación, consume fruta fresca y evita los productos procesados.

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