¿Cómo se fabrica un esquí?

Esther Bedia Alonso

Podría decirse que el ser humano es curioso de forma natural. Nace con mucho interés por todo lo que le rodea. Tocar, desmontar, descubrir, construir... Sin embargo, con el paso de los años esa importantísima cualidad va perdiendo fuelle y, a menudo, se deja de reparar en todos los objetos y herramientas cotidianas. Hacen un servicio y cumplen su función pero ¿cómo y quién los fabrica? Para los amantes del deporte blanco que mantengan viva su curiosidad ahí van las respuestas sobre sus esquís.



En 1971 el grupo francés Rossignol estableció en España, concretamente en el municipio de Artés, en la comarca barcelonesa del Bages, una fábrica de esquís. Actualmente mantiene dos en todo el mundo. La otra está en Sallanches, a los pies del Mont Blanc. “Hasta la fecha se han fabricado aquí 14.000.000 de pares de esquís. Cuenta con una plantilla de 240 personas y se hacen alrededor de 420.000 pares de esquís al año, la gran mayoría destinados al mercado exterior”, explica Joan Torrella, responsable de producto de la fábrica de Rossignol en Artés.

Una mano de obra muy especializada y más de 40 años de experiencia fabricando esquís son los puntos fuertes de esta factoría catalana, innovadora y tecnológicamente avanzada. “Artés ha sabido evolucionar e incorporar avances técnicos lo que es algo esencial para continuar en la vanguardia mundial como fabricante de esquís”, afirma Torrella.

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¿De qué están hechos los esquís?

Madera, fibra de vidrio o de carbono y plástico son los materiales básicos para fabricar un esquí. “Para el núcleo se usan diferentes tipos de maderas más o menos ligeras en función del tipo de utilización del esquí”, dice Torrella. Con el plástico se hacen la parte superior y la suela, que siempre lleva polietileno de diferentes calidades. “Un esquí de alta gama normalmente será más duro y llevará varias capas de fibra y también de lámina de metal. Un esquí más blando será más apto para aprendizaje y llevará menos capas de fibra”, afirma este ingeniero.

A la hora de fabricar un esquí lo primero es preparar todos los materiales que lo componen. Pueden ser hasta 25 piezas diferentes para cada unidad. El núcleo de madera se mecaniza para obtener las dimensiones necesarias. Se forman los cantos de acero y se pintan las partes decorativas. También hay que cortar las suelas y las capas de fibra de vidrio.

Después llega el ensamblaje. “Es la parte fundamental del proceso y se hace en un molde”, comenta Torrella. El molde se introduce en una prensa que hará que todos estos elementos queden para siempre unidos. “Las condiciones de prensado son a 100ºC de temperatura y 10 bares de presión”. Luego se pule el esquí. “Es una parte del proceso bastante compleja ya que debe hacerse en una línea con sucesivas máquinas. Cada máquina realiza una operación diferente hasta conseguir un acabado total que debe permitir que el esquí deslice correctamente y tenga un agarre preciso al mismo tiempo. Los reglajes de las máquinas son fundamentales para conseguir este objetivo”, concluye el responsable de producto de Artés.

Control y calidad

Para que un nuevo modelo de esquís pueda salir al mercado debe someterse previamente y en la fase de homologación a unos tests mecánicos y sobre nieve muy exigentes. “Una vez en la cadena de producción el control de calidad está presente en todo el proceso. Es básico controlar los materiales y el producto de principio a fin con el objetivo de garantizar la mejor calidad. Un buen acabado de la suela y cantos es esencial para que el esquiador perciba buenas sensaciones desde el primer momento en que se coloca los esquís”, asegura Torrella.

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