Cómo saber si eres celíaco antes de que aparezcan los primeros síntomas

La detección temprana de la enfermedad reduce la posibilidad de desarrollar patologías más graves. Aquí tienes las vías (diferentes y más o menos convencionales) para averiguarlo

Más de la mitad de la población española tiene el condicionante genético para desarrollar la celiaquía, pero solo una de cada 200 acaba siendo celíaca.(Foto: SYNLAB)
Más de la mitad de la población española tiene el condicionante genético para desarrollar la celiaquía, pero solo una de cada 200 acaba siendo celíaca.(Foto: SYNLAB)

La enfermedad celíaca afecta a cerca del 1 por ciento de la población europea, y es más frecuente en las mujeres, con una proporción del doble que los hombres.

Además, son cada vez más las personas que presentan molestias digestivas originadas tras la ingestión de determinados alimentos. Los alimentos que más frecuentemente se relacionan con estas molestias digestivas son alimentos derivados de cereales y de lácteos.

Qué es la enfermedad celíaca
La celiaquía se debe a la intolerancia al gluten, un conjunto de proteínas presentes en la mayoría de los cereales más comunes, como el trigo, el centeno, la avena o la cebada.

Se caracteriza por una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino delgado, provocada por una respuesta inmunitaria, que dificulta la absorción de macro y micronutrientes.

Esta intolerancia al gluten se produce en personas predispuestas genéticamente y cada vez es más frecuente: se estima que más de la mitad de la población española tiene el condicionante genético para ser celíaca, aunque solo una de cada 200 personas desarrolla la celiaquía. Afecta sobre todo a los niños, aunque puede afectar a individuos de cualquier edad y tiene una base hereditaria.

Los síntomas más frecuentes son la pérdida de peso y apetito, fatiga, náuseas, vómitos, diarrea, distensión y dolor abdominal, pérdida de masa muscular y retraso del crecimiento entre otros. Pero también hay formas atípicas que dan síntomas no digestivos como la anemia ferropénica crónica, las alteraciones menstruales, los abortos de repetición, los trastornos de la coagulación e, incluso, los trastornos psiquiátricos.

Las formas típicas de la celiaquía tardan entre dos o tres meses en diagnosticarse desde el momento de la sospecha pero las atípicas pueden tardar entre dos y tres años.

El tratamiento consiste en el seguimiento de una dieta estricta sin gluten que debe continuar durante toda la vida. Eliminando el gluten de la dieta se produce la normalización clínica y funcional, reparándose los daños causados en las vellosidades intestinales. Sin embargo, esta dieta de exclusión es compleja, ya que el gluten está presente en el 80 por ciento de los alimentos sólidos manufacturados.

“Aún no se conoce bien el mecanismo por el cual algunas personas con este condicionante genético se vuelven celíacas en un determinado momento de su vida (de niños, adultos e, incluso, después de los 60 años) y otras no. Es como si se pulsara un interruptor de la luz. Lo que está claro es que esta enfermedad es universal y tiene un tratamiento muy eficaz que es la exclusión completa y definitiva del gluten de la dieta. Pero nadie debería autodiagnosticarse y autoexcluir el gluten de su dieta sin existir un motivo ni haber sido estudiado ni diagnosticado por un especialista”, puntualiza el Dr. Francesc Casellas Jordá, especialista en Aparato Digestivo, experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y coordinador de la Unidad de Crohn-colitis del Hospital Universitario del Vall d’Hebron de Barcelona.

Suprimir el gluten de la dieta (sin haber recibido un diagnóstico de celiaquía por parte de un especialista) es un error porque puede causar efectos secundarios en el organismo de las personas sanas y puede contribuir a que haya más casos de difícil diagnóstico.(Foto: CSD)
Suprimir el gluten de la dieta (sin haber recibido un diagnóstico de celiaquía por parte de un especialista) es un error porque puede causar efectos secundarios en el organismo de las personas sanas y puede contribuir a que haya más casos de difícil diagnóstico.(Foto: CSD)

Detección precoz del celiaquismo

La enfermedad celíaca debe diagnosticarla un especialista en Aparato Digestivo mediante un análisis de sangre o serología y biopsias duodenales del intestino delgado.

Primero se estudia a los familiares de primer grado la existencia de este condicionante genético. Después, se realiza una analítica de sangre o serología para detectar la presencia de anticuerpos de la celiaquía, en particular de la enzima glutaminasa, y luego una gastroscopia para practicar
biopsias duodenales.

En los casos dudosos, se debe recurrir a métodos auxiliares de diagnóstico como la citometría
de flujo para un estudio genético, ayudando a descartar los casos que no son de celiaquía y determinar los que sí lo son.

Pero hay otras medios que pueden ayudar a detectarla como la exploración dental.La exploración tiene dos objetivos: comprobar la salud bucal general y, en su caso, detectar la presencia de esta enfermedad. El segundo objetivo es prevenir los efectos de la celiaquía en la salud bucodental”, nos cuenta el doctor Héctor J. Rodríguez Casanova, ex patrono de la Fundación de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración y colaborador de Compromiso y Seguridad Dental.

Y es que la celiaquía afecta al esmalte de los dientes, a la decoloración de éstos y al mal desarrollo del esmalte. Pueden aparecer puntos marrones, amarillentos o blanquecinos. Además, el esmalte no tiene un aspecto homogéneo y puede parecer más translúcido.

También afecta al desarrollo de los dientes provocando retraso en su crecimiento o que crezcan de forma asimétrica.

Por otro lado, la enfermedad celíaca provoca aftas recurrentes y lesiones bucales en los tejidos blandos de la cavidad oral; desaparecen solas, pero suelen volver a salir y llegar a afectar la calidad de vida.

También provoca el ‘síndrome de la boca seca‘ al alterar las glándulas salivares, disminuyendo la producción de saliva, lo que causa sequedad bucal, dificultad en el habla, la masticación o la deglución, y provocar halitosis. Como la saliva es la encargada de regular la acumulación de bacterias en la boca y de contrarrestar sus efectos, un nivel inadecuado de saliva favorece la aparición de caries y enfermedades de las encías.

Una vez detectada la enfermedad es necesaria una higiene bucodental diaria que facilite la correcta eliminación de la placa dental, “imprescindible para evitar la caries y la enfermedad de las encías”, apunta el experto.

¿Se pueden prevenir sus efectos?

Además de evitar los alimentos que contengan gluten, es importante reducir la ingesta de alimentos ácidos y azucarados, ya que facilitan la formación de erosión y caries.

En estos casos, conviene visitar más a menudo al dentista, ya es “la mejor cura, concluye, es la prevención, un diagnóstico precoz de afecciones como la caries o la gingivitis evitará que éstas dañen nuestros dientes o encías de forma grave o irreversible”.

La prevalencia estimada de intolerancia a la lactosa en España se sitúa en torno al 30 por ciento según datos de la SEPD. (Foto: SYNLAB)
La prevalencia estimada de intolerancia a la lactosa en España se sitúa en torno al 30 por ciento según datos de la SEPD. (Foto: SYNLAB)

En ocasiones, las personas presentan dolor y distensión abdominal, hinchazón, gases y diarrea, tras el consumo de lácteos. Estos síntomas se corresponden con la intolerancia primaria a la lactosa, y pueden estar originados por la incapacidad de metabolizar la lactosa, el azúcar principal de la leche.

La lactosa es hidrolizada en el organismo a través de una enzima denominada lactasa dando lugar a glucosa y galactosa que se absorben a nivel intestinal. Cuando la lactosa no es hidrolizada, pasa al intestino grueso provocando los síntomas. La intolerancia primaria a la lactosa o hipolactasia adquirida es la causa más común de intolerancia a la lactosa en el adulto y tiene un origen genético.

Se estima que aproximadamente el 75 por ciento de la población pierde la capacidad de digerir lactosa en algún momento de su vida. La pérdida de la actividad está asociada a la edad, pudiéndose observar una reducción de dicha actividad a partir de los 3-5 años, aunque lo más frecuente es que ocurra en la edad adulta.

Un nuevo test te sacará de dudas

El método más utilizado para el diagnóstico es es el test de Hidrógeno Espirado, consiste en ingerir una cantidad fija de lactosa y se confirma la intolerancia si hay un aumento del hidrógeno medido en el aliento, lo que significa que la lactosa no ha sido digerida y ha llegado al intestino grueso donde las bacterias la descompondrán produciendo mucho hidrógeno.

También se utiliza el test de Gaxilosa, que consiste en administrar una sustancia al paciente que en presencia de lactasa se debe romper para generar xilosa en orina que es lo que finalmente se mide.

“Para identificar los potenciales pacientes intolerantes a la lactosa de una forma fácil, basada en los síntomas (diarrea, dolor abdominal, flatulencia, y/o distensión abdominal –hinchazón-), disponemos de una serie de pruebas diagnósticas y escalas de cuantificación de la sintomatología, diseñadas y validadas en castellano”, explica el Dr. Casellas. Entre las pruebas diagnósticas que deben emplearse destacan las pruebas genéticas, la biopsia intestinal, el Quick test, el Test de aliento de H2, el Test tolerancia a la lactosa y el Test de gaxilosa en orina.

Recientemente se ha diseñado un nuevo estudio genético -INTOLERANCE2, de laboratorios Synlab- que permite saber, en un solo análisis, si existe predisposición genética a la celiaquía y/o a la intolerancia primaria a la lactosa.

La prueba se realiza a partir de una muestra de sangre o cepillado de mucosa bucal, y está especialmente recomendada en personas con sospecha clínica de celiaquía y estudio serológico negativo antes de realizar la biopsia, y en aquellas que tienen sintomatología compatible con enfermedad celiaca o con intolerancia a la lactosa.

Esta prueba permite conocer en un solo análisis si existe predisposición genética a la celiaquía y/o a la intolerancia primaria a la lactosa. La predisposición se determina mediante el estudio de los haplotipos de riesgo HLA-DQ2 y HLA- DQ8.

El 90 por ciento de las personas con enfermedad celíaca son HLA-DQ2 positivos, mientras que el
resto poseen variantes alélicas que codifican HLA-DQ8 sin HLA-DQ2 (6 por ciento) o un solo alelo del HLA-DQ2. Por tanto, la ausencia de los haplotipos estudiados hace que el diagnóstico de celiaquía sea muy poco probable.

La intolerancia a la lactosa se determina mediante el análisis de la región promotora del gen LTC situada en el gen MCM6. La prueba INTOLERANCE2 analiza el polimorfismo-13910 (rs4988235) en el gen MCM6, responsable del 90 por ciento de los casos de intolerancia primaria a la lactosa en población caucásica.

¿Te has sometido a algún test o prueba similar? ¿has dejado de consumir gluten o/y lácteos sin control médico? ¿Sabías que el autodiagnóstico puede tener consecuencias negativas para la salud?

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