Cómo remontó el Atlético de Madrid de Simeone al Liverpool de Klopp

Diego Pablo Simeone corre hacia los aficionados del Atlético de Madrid para celebrar el triunfo ante el Liverpool. (Foto Julian Finney/Getty Images)

La noche vivida sobre el césped de Anfield entre el equipo con más fe del continente, el Atlético de Madrid de Simeone y el mejor equipo del mundo, el Liverpool de Jürgen Klopp, marca una nueva entrega en una saga interminable de partidos históricos de la Copa de Europa. Un duelo prácticamente inexplicable con una reacción inconcebible. De no ser porque el Atlético jamás pierde la fe, goza del mejor portero del mundo, Jan Oblak, y supo golpear al mentón de la máquina inglesa en el momento adecuado pese al dominio demostrado.

De hecho, hay que retroceder hasta 2016 para encontrar un encuentro donde el conjunto rojiblanco se haya sentido tan sumamente sobrepasado y a contracorriente de la dinámica del duelo: derrota ante el Bayern de Munich de Guardiola (2-1). Pero como anoche, fue cuestión de fe. Un salto al vacío del compromiso y la filosofía cholista en un proyecto que se inició en diciembre de 2011 para cambiar por completo la historia de un club abonado a la irregularidad y la inestabilidad hasta entonces.

Así, en el año más difícil desde que es técnico colchonero tras las pérdidas de Diego Godín, Filipe Luis y Antoine Griezmann, el Atlético de Madrid se plantó en Anfield con un plan tan simple como directo. Un 4-4-2 en bloque bajo para evitar los veloces contragolpes del Liverpool con Diego Costa como punta de lanza para amenazar e intimidar al contraataque. Y aquí empezó el primer problema: el ritmo de partido pasó por encima del hispanobrasileño, por lo que el Atlético se quedó sin vía de escape desde el principio.

Con los laterales ingleses aportando la profundidad necesaria por fuera, el flanco derecho del Liverpool fue un foco enorme de dudas para el Atlético. Así, Oxlade-Chamberlain buscaba la espalda de Renan Lodi y estiraba por fuera, mientras Wijnaldum cargaba la zona de remate. En este sentido, el muro de contención que crearon Jan Oblak y Felipe para aguantar al Atlético en los peores momentos y repeler las embestidas reds fue extraordinario pese al tanto del neerlandés en el primer asalto. Una tendencia que se multiplicó en el segundo tiempo.

¿Por qué no cayó el Atlético si tan superado estaba? Además de la estelar actuación de Jan Oblak bajo palos y el azar, hay que acudir al don de la puntualidad colchonera y a la fortaleza mental de un grupo humano que levantó un 2-0 en la prórroga. Con un centrocampista, Marcos Llorente, que entró por Diego Costa para marcar el primer doblete de su carrera profesional en un partido de Champions League. La dirección de campo de Simeone decidió la eliminatoria del mismo modo que lo hizo la diferencia de nivel entre las dos porterías.

Si el fútbol es un juego de errores, los gazapos de Adrián San Miguel cuando el Liverpool tenía el partido de cara son difíciles de imaginar con un guardameta de la entidad de Alisson Becker como titular. De este modo, las desafortunadas acciones del cancerbero español en el 1-0 y en el 2-0 significaron un mazazo emocional extraordinario para un conjunto que no ha sido el mismo tras enfrentarse a los rojiblancos.

El Atlético de Madrid derrotó al mejor equipo del mundo siendo fiel a sus ideas en una temporada de construcción para volver a enseñar al mundo que la obra competitiva de Simeone no tiene límites. Como tampoco los tiene la fe ni el compromiso de su equipo. Un técnico que ya ha eliminado de la Copa de Europa al Barça de Messi, Luis Suárez y Neymar, al Bayern de Múnich de Pep Guadiola, al Chelsea de José Mourinho y ahora, al Liverpool de Jürgen Klopp. Que pase el siguiente rival del constructor de equipos.

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