El arte de poner límites para proteger tu espacio emocional, sin parecer agresivos

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Sin límites claros, tu vida puede convertirse en un coladero de demandas excesivas. [Foto: Getty Images]
Sin límites claros, tu vida puede convertirse en un coladero de demandas excesivas. [Foto: Getty Images]

La mención de la palabra “límite” suele generar un rechazo casi instantáneo. Los límites tienen mala fama porque los hemos asociado a la falta de libertad y el autoritarismo. Sin embargo, si queremos proteger nuestro equilibrio emocional debemos ser capaces de poner límites.

Establecer límites nos ayuda a consolidar nuestra identidad, blinda nuestros derechos, facilita las relaciones interpersonales y preserva nuestro bienestar mental. En cambio, no trazar esas líneas rojas o establecer límites demasiado laxos nos puede dejar vulnerables ante la manipulación y el oportunismo.

El punto de partida: cambiar nuestra idea sobre los límites

Los límites tienen como objetivo protegernos y cuidarnos. [Foto: Getty Images]
Los límites tienen como objetivo protegernos y cuidarnos. [Foto: Getty Images]

Cuando pensamos en los límites solemos asociarlos con una barrera, valla o muro, pero en realidad son más bien una línea dibujada en la arena. De hecho, la palabra límite proviene del latín limitis, que originariamente se refería al sendero que separaba una propiedad de otra. Ambas partes podían transitar por aquel sendero porque era tierra de nadie, pero sobrepasarlo equivalía a invadir la propiedad ajena.

Los límites personales se parecen más a ese sendero divisorio que a un cartel enorme que diga “prohibido el paso”. No siempre son obvios, sino que suelen ser sutiles. No son una forma de control sino una herramienta para decidir quién puede entrar en nuestro círculo íntimo y determinar cómo queremos que nos traten.

Los límites personales definen ese espacio en el que comenzamos nosotros y termina la otra persona. Por tanto, establecer límites no significa que queramos excluir o alejar a los demás de nuestra vida, sino que queremos dejar claro qué estamos dispuestos a aceptar y qué no toleraremos bajo ninguna circunstancia.

Establecer líneas rojas no es un acto egoísta por el cual debamos sentirnos culpables. Esos límites tienen como objetivo protegernos y cuidarnos. Nos ayudan a mantener la estabilidad mental y son esenciales para establecer relaciones maduras. Por consiguiente, son válidos tanto para el trabajo como para la familia, los amigos, la pareja o los hijos.

Los beneficios de establecer límites saludables en nuestra vida

Los límites saludables nos acercan más de lo que nos separan. [Foto: Getty Images]
Los límites saludables nos acercan más de lo que nos separan. [Foto: Getty Images]

Tener límites demasiado flexibles convertirá nuestra vida en un colador por el que puede entrar todo, incluido lo que nos daña. Los límites demasiado rígidos, en cambio, nos alejan de las personas. La clave consiste en establecer límites saludables que nos permitan determinar a quién dejamos entrar y hasta dónde, en quién podemos confiar y hasta qué punto estamos dispuestos a llegar.

Los límites saludables nos acercan más de lo que nos separan. Mejoran la calidad de nuestras relaciones porque nos permiten dejar claro lo que está bien y lo que nos molesta cuando interactuamos con los demás.

Cuando nos enfrentamos a un juego nuevo, por ejemplo, cuanto más claras sean las reglas para todos, más fácil será jugar. Ese mismo principio se aplica a las relaciones interpersonales. Los límites terminan promoviendo interacciones más positivas porque las personas saben qué es aceptable y qué no es tolerable.

En ese sentido, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard descubrieron que los profesores que establecían límites en sus clases hacían sentir más cómodos a los estudiantes en las interacciones porque estos sabían qué barreras no debían sobrepasar. Establecer límites claros también permitió que esos profesores trabajaran durante más años evitando el agotamiento que suele estar vinculado a su profesión.

De hecho, los límites también nos permiten conservar nuestra energía emocional. Cuando no establecemos límites claros, es probable que nos encontremos cada día en la trinchera defendiendo nuestro espacio íntimo de personas que intentan “asaltarlo” con peticiones, pretensiones o expectativas que son dañinas para nosotros.

Unos límites saludables dejarán claro qué estamos dispuestos a hacer y qué no. Por tanto, minimizarán esas incursiones en nuestro espacio personal y no tendremos la necesidad de repeler esos “ataques” continuamente. Así evitaremos emociones como la frustración, la ansiedad o la culpa y tendremos más energía para cuidarnos.

Curiosamente, comunicar nuestros límites también puede ayudarnos a crear una red de apoyo que nos proteja. Investigadores de la Universidad de Alabama comprobaron que cuando ponemos límites antes de que se produzca el conflicto, las personas a nuestro alrededor pueden detectar con mayor rapidez los comportamientos inadecuados de los demás, de manera que podrían ayudarnos a contrastarlos.

Lo cierto es que los límites nos ayudan a navegar mejor por la vida estableciendo cauces para que las relaciones fluyan con mayor facilidad. Restan espacio a la incertidumbre dejando claro qué esperamos de los demás y nos permiten establecer compartimentos relativamente estancos para que la vida laboral no contamine la vida personal. Todo ello redunda en una mayor satisfacción personal, un mayor sentido de autoeficacia y un mayor bienestar.

¿Cómo poner límites saludables para protegernos?

Unos límites saludables garantizan relaciones respetuosas y enriquecedoras para todos. [Foto: Getty Images]
Unos límites saludables garantizan relaciones respetuosas y enriquecedoras para todos. [Foto: Getty Images]

- Reconoce tus derechos asertivos básicos

Muchas personas no se atreven a poner límites porque no conocen sus derechos asertivos. Por esa razón se sienten culpables cuando establecen líneas rojas en sus relaciones. Sin embargo, todos tenemos derecho a ser tratados con respeto y a que se reconozcan nuestras necesidades al mismo nivel que las de los demás.

También tenemos derecho a decir “no” sin sentirnos culpables ni dar explicaciones, así como a cambiar de parecer, no cumplir con las expectativas irracionales que los demás pueden tener sobre nosotros y decidir qué hacer con nuestro cuerpo, tiempo y propiedades. Comprender esos derechos básicos nos dará la fuerza necesaria para establecer límites que nos protejan psicológicamente.

- Determina dónde necesitas poner límites

Hay personas que son capaces de poner límites adecuados en el trabajo, pero tienen problemas para ponerlos en casa y eso termina pasándoles factura. Por tanto, es importante determinar en qué áreas de nuestra vida necesitamos establecer límites más claros.

Para detectarlas, podemos pensar en aquellas situaciones en las que accedimos a hacer algo y luego nos sentimos enojados por haber dicho que “sí”. O en las situaciones en las que permitimos que alguien nos tratara de una manera que nos hizo sentir mal.

La intuición nos dará una mano. Podemos prestar atención a las señales que envía nuestro cuerpo en determinadas circunstancias o cuando nos relacionamos con alguien. ¿Experimentamos una sensación de ahogo cada vez que tenemos que afrontar unos plazos de entrega muy ajustados? ¿Apretamos los dientes cada vez que un familiar se entromete en nuestra vida? ¿Nos hierve la sangre cada vez que un colega de trabajo nos pide un favor? Esas reacciones podrían indicarnos que necesitamos poner un límite inmediatamente.

- Comunica tus límites de manera asertiva

Un límite vale de poco si no lo comunicamos y quienes nos rodean no son conscientes de su existencia. Por eso, es importante dejar claras las líneas rojas que los demás no deben traspasar. Y debemos hacerlo con firmeza, pero con una actitud asertiva.

Si trazamos límites de manera agresiva, los demás sentirán que estamos siendo muy duros, que los estamos castigando o incluso echando de nuestra vida. En cambio, cuando establecemos límites de manera asertiva sonaremos firmes, pero amables. El lenguaje asertivo es claro e innegociable, pero no culpa ni amenaza al otro.

Nos ayudará mantenernos enfocado en nosotros y usar oraciones en primera persona. Por ejemplo, en vez de decir: “Deja de molestarme mientras trabajo”, podemos decir: “Necesito concentrarme mientras trabajo, quiero que sepas que durante ese tiempo no estaré disponible”.

- Deja claras las consecuencias de traspasar esos límites

Si vamos a establecer límites, también es importante dejar claras las consecuencias de no respetarlos. No se trata de una amenaza, sino de que los demás sepan cómo actuaremos si no respetan las líneas rojas que hemos trazado.

Unos límites sin consecuencias no serán eficaces. Es como aprobar una ley que no prevé consecuencias para quienes la violen. Muchos la respetarán, pero otros no. Si no dejamos claras las repercusiones, es probable que algunas personas sigan invadiendo ese espacio personal que queremos proteger.

Una vez más, debemos recurrir a la asertividad y hablar en primera persona. Por ejemplo, si nos molestan las insinuaciones de un colega de trabajo, podemos explicarle que queremos mantener la relación en el plano profesional y que si vuelve a pasarse de la raya nos veremos obligados a comunicar su comportamiento. Establecer consecuencias le dejará claro a las personas cuán importantes son esos límites para nosotros y hasta dónde estamos dispuestos a llegar para defenderlos.

Por supuesto, poner límites es un arte difícil de dominar, pero nuestra salud y bienestar dependen de ello. Solo debemos asegurarnos de no ser extremadamente rígidos ni demasiado laxos. De hecho, vale la pena volver sobre nuestros límites cada cierto tiempo para reevaluar su pertinencia y cambiarlos si es necesario. A fin de cuentas, unos límites saludables garantizan relaciones respetuosas y enriquecedoras para todos.

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