Distancias cortas: el desafío del encierro en familia

Estar juntos durante las 24 horas representa un desafío inédito para muchas familias. [Foto: Getty Creative]

Las familias se están redescubriendo. Para bien y para mal.

El aislamiento en casa nos permite pasar más tiempo juntos. Y ese es precisamente el problema.

En China se ha producido un aumento récord de solicitudes de divorcio. Apenas se flexibilizaron las medidas de cuarentena, las parejas han puesto rumbo a las oficinas de registro matrimonial para cambiar su “sí, quiero” por un “no, gracias”.

Si vivimos con otras personas, el aislamiento en casa no solo implica gestionar nuestros miedos y ansiedades sino también los miedos y ansiedades de los demás. Y eso puede ser un reto psicológico enorme.

El amor no basta

El amor no basta, es necesario armarse de tolerancia. [Foto: Getty Creative]

Pensar que vivir juntos durante las 24 horas al día será sencillo porque amamos a nuestra pareja es un error. Vivir en un espacio relativamente pequeño durante un periodo de tiempo indeterminado es un reto incluso para las relaciones más consolidadas.

Más temprano que tarde nuestro estado de ánimo se agriará. Debemos estar preparados. Las cuarentenas suelen provocar periodos alternados de aburrimiento, frustración, estrés y enojo, como comprobaron investigadores del King's College de Londres. Si no somos capaces de gestionar asertivamente ese cóctel emocional, surgirán conflictos, discusiones e incluso violencia –  directa o encubierta.

Las cercanías distantes en las que muchas parejas habían vivido hasta ahora, presas de agendas diferentes, en las que se coincidía poco y se hablaba menos, ha abierto brechas que ahora nos vemos obligados a cerrar.

La ruptura brusca de la rutina a la que estábamos acostumbrados, la pérdida del contacto social con los amigos que solían actuar como válvula de escape a los problemas familiares y las preocupaciones por la propia enfermedad o sus consecuencias económicas tampoco facilitan afrontar la convivencia con un buen estado de ánimo.

En esta situación, podemos proyectar nuestras angustias en el otro y hasta culparle, inconscientemente, por lo que ocurre. Sabemos que no es su culpa. Tampoco nuestra. Pero aun así su presencia nos incomoda. Y en ese estado, cualquier cosa que haga – o no haga - puede ser la chispa que encienda la mecha.

Dado que nuestra pareja está pasando por la misma montaña rusa emocional que nosotros, las probabilidades de que avive ese incendio son elevadas. Para no llegar al punto de no retorno, en el que digamos o hagamos cosas de las que más tarde nos arrepintamos, la palabra de orden es tolerancia.

Niños en casa, doble reto

Muchos progenitores están descubriendo una dimensión desconocida de la maternidad y la paternidad. [Foto: Getty Creative]

En España, el 66,7 % de los padres no juega más de dos horas a la semana con sus hijos, según el estudio #JuegaConEllos. El trabajo y la falta de tiempo son las principales razones. Ahora que el ritmo vertiginoso de la vida cotidiana se ha frenado de golpe, esas excusas se han esfumado.

Los padres que están en casa tienen la oportunidad de pasar más tiempo con sus hijos y conectar con ellos. Pero no es fácil. Los niños se aburren en casa. Demandan atención. Quieren jugar. Si son muy pequeños no entenderán por qué su rutina ha cambiado y no pueden salir o ver a sus amigos.

En este escenario inesperado muchos progenitores están descubriendo una nueva dimensión de la maternidad y la paternidad. Redescubren lo que significa ser padres y madres las 24 horas del día, sin descanso. Sin jardines de la infancia, sin colegios, sin abuelos que cuiden a los nietos y den un respiro. Y todo eso los puede sobrepasar, sobre todo si siguen trabajando desde casa.

El estrés, la crispación y la impotencia pueden terminar poniéndonos contra las cuerdas. En ese estado, los gritos o incluso el castigo físico no tardarán en llegar. Sin embargo, llegar a esos extremos solo complicará aún más la convivencia. Si debemos estar juntos, mejor que sea en un hogar feliz donde cada miembro sea valorado y respetado.

La palabra de orden en este caso es paciencia. Si el confinamiento está siendo difícil para nosotros, necesitamos entender que para los niños lo es aún más.

¿Cómo pasar el aislamiento en familia sin terminar odiándose mutuamente?

Happy family at home spending time together. From above.

El aislamiento en familia puede ser una dura prueba, pero también es una oportunidad para pasar tiempo de calidad juntos. Escucharse. Conectar. Comprenderse. Descubrir los defectos del otro. Darnos cuenta de que somos humanos, con nuestros miedos y paranoias. Y decidir amarnos a pesar de ello. Darse ánimos y apoyarse mutuamente. Confirmar que, pase lo que pase, podremos solucionarlo.

Pero antes de llegar a ese nivel tenemos un arduo trabajo por delante.

1. Cambiar la perspectiva: tener a alguien a nuestro lado es un privilegio

Cuando la casa se convierte en un campo de batalla y luchas por trabajar, es difícil ver el lado positivo del trasiego y el ruido. Lo sé. Sin embargo, en las circunstancias actuales estar acompañados es un privilegio. En España 4,7 millones de personas pasarán la cuarentena solas. Esas personas no tendrán a su lado a alguien que les transmita calor humano. Que les consuele y calme. O que les cuide si enferman. Debemos pensar en ello antes de enfadarnos. Enfocarnos en lo positivo nos ayudará a mitigar los roces del día a día y sentirnos agradecidos por las personas que están a nuestro lado.

2. Metas realistas preservan familias

El coronavirus es el enemigo, pero el reto para la mayoría de las familias es la convivencia. No sabemos cuántos días de aislamiento quedan por delante, por lo que es importante partir de metas realistas. Los conflictos surgirán. Llegará una palabra fuera de lugar. Un tono de voz más alto de lo habitual. Una mirada dura. El objetivo no es una armonía perfecta sino la autoconciencia. Eso significa hacer todo lo posible por calmar los ánimos y comprender los miedos del otro.

El aislamiento domiciliario nos pasa factura a todos. Pero no en el mismo momento. Para mantener la calma en casa, es importante detener la ira, impotencia o angustia del otro. Eso implica no avivar el conflicto ni entrar en el juego de las recriminaciones. Hoy nos tocará parar la tormenta nosotros. Mañana lo hará nuestra pareja. Solo así se puede mantener el equilibrio.

3. Las emociones que no se expresan, se enquistan

La frustración por el aislamiento, el miedo al contagio y la angustia por los que queremos forman un cóctel explosivo. Esconder esas emociones no es bueno porque, más temprano que tarde, terminarán saliendo a la luz. En su lugar, es importante que hablemos de lo que sentimos con nuestra pareja. Compartir inquietudes y temores crea un vínculo especial que refuerza la relación.

Eso incluye a los hijos. Tampoco es buena idea esconder las emociones negativas a los niños. Debemos asegurarnos de escuchar y empatizar con sus miedos, así como explicarle la situación de manera que puedan entenderla, sin generar alarmismo, pero tampoco minimizándola.

4. Crear nuevas rutinas y rituales agradables

En tiempos de incertidumbre, la rutina es un bálsamo que nos devuelve la seguridad perdida. Establecer una rutina en casa también facilitará la convivencia. Por tanto, es conveniente dar cierto orden al día. Para los niños, cuyo mundo ha cambiado radicalmente, ese orden es muy importante ya se convierte en una fuente de estabilidad y tranquilidad.

Estar confinados en casa también es un buen momento para establecer nuevos rituales familiares. Puede ser algo tan sencillo – e inusual - como comer todos juntos y sin distracciones. Mantenerse activos físicamente también es fundamental porque el ejercicio nos ayuda a liberar energía y calmar las emociones. Aunque no se pueda salir, podemos planificar divertidas sesiones de entrenamiento en casa o incluso de baile.

5. Zonificación: poner en cuarentena la cuarentena

Para quienes no están acostumbrados, la convivencia durante las 24 horas del día puede ser vivida como una invasión importante de la privacidad, lo cual terminará siendo agobiante. Una estrategia consiste en zonificar la casa, por muy pequeña que sea. La idea es crear zonas diferenciadas de juego y trabajo, así como un área para estar en familia y otra para estar a solas. Aunque ambos padres estén en casa, pueden turnarse para cuidar de los niños, de manera que el otro pueda recargar las pilas. Podemos estar juntos pero no revueltos.

El confinamiento compartido es una prueba definitiva de compatibilidad, no solo para las parejas recientes sino también para aquellas que ya llevan años y que, arrastrados por la velocidad cotidiana, se han convertido en dos extraños. Sin embargo, necesitamos ser conscientes de que estamos enfrascados en una lucha sin precedentes en la que el objetivo no es derribar al adversario sino que todos salgamos fortalecidos. Por eso las armas que necesitamos son la tolerancia, la paciencia, la comprensión y el amor.


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