¿Me debo sentir mal si no quiero leer más noticias sobre la guerra de Ucrania? La respuesta de una psicóloga

Una mujer y su hijo saliendo de Ucrania rumbo a Eslovaquia. [Foto: Robert Nemeti/Anadolu Agency vía Getty Images]
Una mujer y su hijo saliendo de Ucrania rumbo a Eslovaquia. [Foto: Robert Nemeti/Anadolu Agency vía Getty Images]

 

Dieciséis horas después de que Estados Unidos lanzara la aciaga bomba sobre Hiroshima, la Casa Blanca emitió un comunicado del presidente Harry S. Truman en el que reconocía que había tirado una bomba completamente nueva, pero equiparó su poder destructivo al de las bombas tradicionales. Durante las semanas siguientes se dijo muy poco, de manera que el público tardó en enterarse de los terribles efectos de la radiación ionizante.

En la actualidad, ese lapso de tiempo se ha encogido tanto q&ue prácticamente podemos conocer en tiempo real lo que está sucediendo del otro lado del mundo. Eso puede ser una bendición o una maldición. De hecho, los disparos, bombardeos y explosiones de la actual guerra en Ucrania se están sintiendo en muchas casas eu se dijo muy poco&

Sucedió cuando la pandemia y vuelve a suceder ahora: el temor nos mantiene pegados a las noticias. Las consumimos con avidez y sin pausa, hasta caer en un estado de infoxicación. La infoxicación va mucho más allá de sentirse abrumado por las noticias, provoca sentimientos de impotencia, confusión e indefensión, así como ansiedad, frustración, ira, vulnerabilidad y fatiga mental.

De hecho, se ha constatado que un consumo excesivo de información genera mayor estrés y empeora la salud, además de limitar el tiempo que dedicamos a las actividades que nos ayudan a relajarnos. Mantenernos en ese estado durante días terminará pasándole una elevada factura a nuestro equilibrio emocional. Por eso, muchos psicólogos ya han lanzado la voz de alarma.

Tener más información no nos garantiza que podamos tomar mejores decisiones

Estar permanentemente pendientes de las noticias no suele ser una buena idea. [Foto: Getty Images]
Estar permanentemente pendientes de las noticias no suele ser una buena idea. [Foto: Getty Images]

Cuando nos sentimos en peligro, es normal que intentemos buscar información para detectar mejor los riesgos y diseñar un plan para protegernos. Al menos en teoría, porque en la práctica todo es mucho más complejo y no solemos reaccionar de manera tan racional, sobre todo cuando la información es ambigua y compleja. Como resultado, estar más “informados” no siempre es mejor.

Un estudio muy interesante realizado en plena pandemia de coronavirus, cuando el consumo de medios se disparó a niveles récord, comprobó que las personas que consumían demasiada información mostraban menos comportamientos de protección.

¿Cómo es posible que alguien, supuestamente más informado, se proteja menos?

La clave radica en la manera de procesar la información. Los investigadores constataron que las personas infoxicadas usaban un procesamiento heurístico, en vez de sistemático. El procesamiento sistemático implica un razonamiento profundo en el que se presta atención a todos los detalles para intentar comprender a fondo la información disponible. En cambio, el procesamiento heurístico consiste simplemente en recurrir a atajos mentales, como pensar que la opinión de un experto es ley o que un argumento es cierto solo porque está publicado en una fuente supuestamente de confianza.

Recurrimos a esos atajos heurísticos cuando nuestra capacidad de procesamiento se ve sobrepasada por el flujo de información. Como resultado, nos volvemos más descuidados en el análisis de lo que vemos o leemos. No somos capaces de identificar la información relevante, no prestamos atención a los datos que contradicen nuestras creencias y nos volvemos sesgados.

En un estado de infoxicación, nos resulta difícil encajar los detalles en la perspectiva general, de manera que nos volvemos extremadamente emocionales. Eso significa que el exceso de información dificulta el aprendizaje y afecta nuestra capacidad para tomar decisiones informadas y racionales, haciendo que nos volvamos más impulsivos.

No logramos asumir una postura crítica, sino que nos convertimos en consumidores pasivos de ese intenso flujo de acontecimientos. Nuestros hábitos empeoran aún más el problema porque solemos consumir información mientras hacemos otras cosas, como navegar por las redes, comer o conducir de camino al trabajo. La multitarea incrementa aún más los niveles de cortisol y adrenalina, las dos hormonas vinculadas al estrés.

Por consiguiente, debemos comprender que estar permanentemente pendientes de las noticias no suele ser una buena idea.

Pasar de la ansiedad paralizante a la empatía útil

Ciudadanos de Cracovia han donado alimentos, ropa y otros productos para los refugiados ucranianos que huyeron a Polonia tras la invasión rusa a Ucrania. [Foto: Beata Zawrzel/NurPhoto vía Getty Images]
Ciudadanos de Cracovia han donado alimentos, ropa y otros productos para los refugiados ucranianos que huyeron a Polonia tras la invasión rusa a Ucrania. [Foto: Beata Zawrzel/NurPhoto vía Getty Images]

Sentirse abrumados, ansiosos y tristes es normal en la situación actual. Las historias desgarradoras que se escuchan y se ven en las noticias despiertan nuestro lado más humano. Sin embargo, la sobreexposición a ese tipo de información, muchas veces específicamente elegida para generar un estado de alarma y estupor máximos en la audiencia, puede terminar generando lo que se conoce como “síndrome de desgaste por empatía”.

De esta manera, a la sobrecarga cognitiva se añade la saturación emocional. De hecho, no podemos olvidar que venimos de una pandemia. Hemos pasado dos años muy difíciles que han supuesto un enorme reto para nuestro equilibrio emocional, de manera que muchas personas se encuentran particularmente frágiles y vulnerables psicológicamente.

El desgaste por empatía se suele producir cuando experimentamos un intenso deseo de aliviar el dolor o resolver el problema de la persona que sufre, pero nos sentimos incapaces de hacerlo, lo cual nos genera un profundo malestar y una sensación de culpabilidad.

Eso hace que las personas se queden atrapadas en las redes del sufrimiento que han visto en las noticias. Su mente reproduce esas escenas una y otra vez, un fenómeno que se conoce como reexperimentación y que termina causando un gran distrés emocional. La reexperimentación genera un estado de hiperactivación nerviosa que provoca problemas para dormir, dificultades para concentrarse y una irritabilidad extrema que puede desembocar en ataques de pánico.

Por supuesto, sentir empatía hacia quienes sufren es normal, pero someterse a un flujo incesante de información que nos hace mal no es positivo ni beneficioso para nadie. La solución no consiste en desentenderse de la guerra de Ucrania, ni de las otras guerras y conflictos que persisten en el resto del mundo, sino en desarrollar una preocupación empática, que implica reconocer los estados emocionales de los demás y sentirnos conectados afectivamente, pero preservando la capacidad para gestionar ese malestar evitando que nos dañe.

Cuando somos capaces de experimentar ese tipo de empatía, en vez de quedarnos paralizados por la ansiedad, podemos movilizarnos para ayudar. Si te preocupa la situación actual, pregúntate qué puedes hacer en tu radio de acción. Quizá puedas colaborar con diferentes organizaciones humanitarias o ponerte en contacto con la comunidad ucraniana más cercana para saber qué necesitan. Esos pequeños gestos pueden ser de gran ayuda para ti y para otras personas.

Racionar las noticias, la vía para mantenerte informado sin estresarte

Si un día te sientes muy angustiado o ansioso, es mejor que descanses de la avalancha informativa. [Foto: Getty Images]
Si un día te sientes muy angustiado o ansioso, es mejor que descanses de la avalancha informativa. [Foto: Getty Images]

Las noticias se están convirtiendo cada vez más en un espectáculo de entretenimiento. Muchos de los sucesos que se transmiten en las noticias de última hora pueden llegar a ser lo suficientemente impactantes como para causar síntomas de estrés agudo, ataques de ansiedad e incluso trastorno de estrés postraumático. Por esa razón, si te sientes particularmente ansioso, angustiado y/o agobiado por las noticias, es importante que cambies tus hábitos informativos:

  • Programa horarios para ver las noticias. Como regla general, no es buena idea exponerse a un flujo constante de noticias durante todo el día. Es mejor que establezcas un horario limitado para enterarte de lo que está ocurriendo y que dediques el resto del tiempo a otras actividades.

  • No veas noticias antes de acostarte. La luz de las pantallas no solo afecta la calidad del sueño, sino que exponerte a imágenes y titulares impactantes justo antes de irte a la cama aumenta las probabilidades de que no puedas descansar, de manera que al día siguiente te sentirás aún más agotado y ansioso.

  • Desactiva las notificaciones en el móvil. Los servicios de notificaciones “push” que te alertan de los nuevos titulares se han vinculado a la sobrecarga cognitiva y la infoxicación. Por tanto, es recomendable que los desactives. Así no tendrás la tentación de entrar a mirar qué está ocurriendo.

  • Pasa menos tiempo en redes sociales. Las redes sociales se han convertido en una fuente de noticias donde circulan titulares muy llamativos con un elevado impacto emocional. Por tanto, es conveniente que también reduzcas tu exposición a las mismas.

  • Busca fuentes informativas fiables. Si eres una persona muy sensible, es probable que te resulte menos angustiante leer las noticias que ver las imágenes inquietantes que transmiten por televisión. También deberías evitar los canales de noticias de 24 horas y los medios más sensacionalistas para apostar por formatos periodísticos más serios, como documentales o entrevistas en profundidad con expertos, que te permitan formarte una idea más completa de la situación.

Por supuesto, es importante que prestes atención a tu estado emocional en todo momento. Si un día te sientes muy angustiado o ansioso, es mejor que te tomes un descanso de la avalancha informativa. Tu salud mental lo vale.

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