Ayuda a tus hijos a encontrar su verdadera vocación; evita desviarlos por tus intereses

Berna Iskandar
·Colaboradora
·8 min de lectura
(Getty Creative)
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  • Compramos la idea de que hay que poner a los hijos, desde muy temprana edad, a aprender a leer, escribir, creándole agendas tan exigentes como las de un adulto

  • La mejor manera de acompañar a tu hijo o hija a desplegar su real vocación, es respetando el ritmo de sus procesos madurativos

  • El sistema escolar mayoritario, al igual que los estilos parentales basados sobre cimientos autoritarios, desconecta a los niños y los desvía de su verdadera vocación

Un papá alejado del registro de su hija que juega a descubrir la cura del cáncer y que sueña con ser investigadora científica, desea y espera que se gradúe de arquitecta para que en un futuro lleve la empresa familiar de remodelación y decoración de interiores. Un niño que siempre sintió una gran curiosidad y pasión por los animales ha expresado un montón de veces que quiere rescatar especies en riesgo de extinción, pero su madre que quiso ser médica y acabó graduándose de contadora, le habla de lo maravillosa que sería su vida si estudiara medicina. Una familia centrada en su futura estabilidad económica, inscribe al hijo apasionado por la alfarería en una escuela de alta exigencia académica pensando que la informática, la ingeniería, la medicina o las finanzas son el tipo de carreras que debe estudiar para asegurar su futuro.

Expectativas propias, anhelos, deseos y miedos de los padres comportan los primeros obstáculos que desvían a niños y niñas del encuentro con su vocación. Si a esto le sumamos que asistimos a tiempos de cambios vertiginosos donde una carrera de hace cinco años puede dejar de ser funcional hoy o dejar de existir al cabo de pocos años, quedan los elementos servidos para que llegado el momento de elegir una carrera u oficio, en lugar del propio registro interior que debería expresarse claro y fuerte en nuestros hijos como base para la toma de decisiones, se recurren a test vocacionales que arrojan veredictos en general bastante cuestionables.

Los padres conscientes observan y permiten a los hijos conectar con los propios anhelos, con el propio impulso vital, con ese hacer que les permite mantenerse en eje con el sí mismo. Respetar sin desviar, sin empujar ni forzar a nuestros hijos en aras de complacer nuestros sueños y anhelos, entender que no es lo mismo educar para funcionar que para ser, son grandes desafíos de la crianza.

El falso mito del "máximo potencial" en los niños

(Getty Creative)
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A menudo observo progenitores angustiados en el afán de que sus pequeños (bebés y preescolares) alcancen el "máximo potencial" con miras a ser competitivos en el futuro. Progenitores ansiosos buscando estrategias, métodos o algún tipo de entrenamiento o estimulación llamada en algunos casos “temprana” capaz de garantizar rápidos avances de habilidades sobre todo cognitivas, creyendo que esta es la manera de encauzarlos hacia lo que mejor les conviene o necesitan en nuestras sociedades competitivas orientadas básicamente a funcionar en el engranaje de la productividad y del consumo.

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Igual que pasa con el sueño y la alimentación infantil, el control de esfínteres y tantas otros aspectos del desarrollo de los hijos durante la crianza, de forma entrelazada con la búsqueda de la vocación, vamos imponiendo nuestras prioridades y deseos en lugar de centrarnos en conocer a nuestros pequeños, sentirlos y ayudarlos a conocerse, sentirse, descubrirse para que, como resultado, logren vivir una vida congruente con su propia persona. Cabe preguntarse, ¿qué ha pasado con esta manera de entender la crianza y la educación?, ¿cuántas personas han acabado desempeñándose en un trabajo o profesión que les motiva, apasiona, en el que aportan a la humanidad su dones y su máximo potencial?, ¿por qué estos casos son excepcionales y no la norma?, ¿cuántas personas se encuentran hoy trabajando en la profesión u oficio para el que estudiaron y cuántas han acabado haciendo otra muy diferente más ajustada a sus reales deseos?

Terminamos por comprar la idea de que hay que poner a los hijos, desde muy temprana edad, a aprender a leer, escribir, hacer muchas tareas escolares en casa, apuntarlos a actividades extracurriculares para que aprendan idiomas, deportes, que elegimos para ellos muchas veces sin tomar en cuenta su verdadero deseo, creándole agendas tan exigentes como las de un adulto. 

No bastan las horas escolares sino que además extendemos los horarios con actividades extracurriculares, sometiendo a los niños a mucha presión. Olvidamos que los hijos necesitan tiempo, libertad y acompañamiento para ser niños, andar a su aire y conectar por sí mismos a su ritmo con experiencias que ayuden a explorarse, conocerse y reconocerse. 

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Perdimos de vista la importancia de observar a nuestros hijos con la confianza de que, a su propio ritmo, nos mostrarán las pistas sobre sus intereses, pasiones, habilidades, anhelos y que nuestra tarea es observar, validar y apoyar. ¿Puedes decir ahora mismo cuál es el color favorito de tu hijo, por ejemplo? ¿Te sorprendería saber que muchos padres a los que les hago esta pregunta no saben qué responder?

No hacen falta ni agendas exigentes con actividades extra curriculares, ni hijos súper estimulados en gimnasios especiales desde que son bebés para que desarrollen habilidades o inteligencias prodigiosas. La mejor manera de acompañar a tu hijo o hija a desplegar su real vocación, es respetando el ritmo de sus procesos madurativos, sin coartar su curiosidad natural, su interés innato en aprender, su espíritu crítico y su creatividad. Esto va sucediendo en el continuum de la cotidianidad del andar por la casa y en los sitios habituales durante la convivencia. 

El sistema escolar mayoritario, al igual que los estilos parentales basados sobre cimientos autoritarios, desconecta a los niños de su sabiduría intuitiva y su propio registro interior, desviándolos de su verdadera vocación y provocando una pérdida cuantiosa de dones potenciales para poner al servicio de la humanidad.

¿Cómo ayudarlos a encontrar su verdadera vocación?

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Encontrar la verdadera vocación y hacer a través de ella nuestra misión, incide de forma potente en el despliegue del gozo, la realización y el sentido de la vida. Los padres necesitamos aprender a aceptar lo que nuestro hijo, desde su ser único e irrepetible, manifiesta como su deseo y pasión. Para ello es imprescindible, establecer desde que nacen, una sólida conexión, un vínculo seguro, y estar dispuestos a reconocer sus intereses, anhelos, deseos, además de apoyarles a desarrollarse orientados por ellos en lugar de imponerle los nuestros.

Sobre las nuevas profesiones u oficios que cobran popularidad y que los niños y jóvenes sienten que es lo que quieren ser o hacer, como es el caso del fenómeno de los Youtubers, habría que determinar hasta qué punto se trata de un deseo basado en una motivación interna o se ha construido a partir de influencias externas que llenan el vacío de otras posibilidades de explorar y reconocer sus pasiones de forma amplia y motivante, sin tareas escolares aburridas o actividades extraescolares dirigidas, por ejemplo.

Las actividades extracurriculares como el deporte, las artes, idiomas, benefician siempre que respetemos el interés y el disfrute del niño, así como la importancia del tiempo y juego libre para su sano desarrollo. Mucho mejor cuando se realizan alejados de pantallas, en entornos naturales en experiencias de contacto real con sus iguales y con otras personas.

¿Qué podemos hacer si hemos desviado a nuestros hijos de su vocación?

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Cuando hemos desviado a nuestros hijos del registro de su vocación nos queda la opción de resarcirlos de la confusión y la desorientación inducida. 

  1. El primer paso es hacernos conscientes del control y la imposición de nuestros deseos sobre los de ellos. 

  2. El segundo ayudarles a reconectar con su brújula interior. Un ejercicio con el que podemos comenzar y que propone la terapeuta y escritora Laura Gutman, consiste en invitar a nuestro hijo o hija a cerrar los ojos, ponerse la mano en el corazón y pedir un deseo propio, lo primero que se le venga a la mente, no importa que sea un deseo loco. Lo que sea que salga puede darnos pistas para reconectar con esos dones, talentos, pasiones que no registramos o que ayudamos a borrar en nuestro hijo o hija a lo largo de su crianza. 

  3. A partir de allí podemos apoyarle, acompañarle a explorarse, probar, ensayar en esa dirección.

Como colofón dejo estos conocidos versos del poeta libanés Kahlil Gibran para que reconectes con tu misión esencial de progenitor cada vez que lo necesites: Tus hijos no son tus hijos/son hijos e hijas de la vida/deseosa de sí misma./ No vienen de ti, sino a través de ti/ y aunque estén contigo/ no te pertenecen (...)/ Tú eres el arco del cual, tus hijos/ como flechas vivas son lanzados./ Deja que la inclinación/ en tu mano de arquero/ sea para la felicidad.

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