Los trucos para diferenciar una mandarina jugosa de una seca e insípida cuando vas a hacer la compra

·5 min de lectura

El comienzo del otoño marca el inicio de la temporada de cítricos. Es el momento para dar la bienvenida a las naranjas y, sobre todo, a las mandarinas. Pequeñas, agradecidas, fáciles de pelar... No hay duda de que las "hermanas pequeñas" son las favoritas para muchos pero no siempre las que aparecen por la frutería están en su punto óptimo... Aquí van unas cuantas claves para distinguir las que están buenas de las que no lo están tanto. Sujon Akon, de las fruterías Eva, situadas en el Mercado de Barceló y en la calle Espíritu Santo, de Madrid, nos explica en qué debemos fijarnos.

El tacto y los aromas delatan a una buena mandarina. Foto: Getty Creative
El tacto y los aromas delatan a una buena mandarina. Foto: Getty Creative

Por el peso. Cuanto más pesen, mejor. "Esto indica que tienen más zumo y están más jugosas. Si al coger una mandarina o clementina notas que su peso es claramente insuficiente en relación con su tamaño, esto debe hacerte pensar que está ya pasada", explica Akon.

El tacto es clave. Una mandarina en su momento de esplendor debe ser "firme al tacto pero que no ofrezca resistencia a la presión ligera. Esto también es un indicador de que vienen cargadas de zumo y se encuentran en un buen punto de degustación. Si se notan huecas al tacto, mala señal. Significa que la fruta está seca. Si está blanda, sin firmeza, es casi seguro que está muy pasada. Si lo que pasa es que la notamos dura, debemos pensar que lo que ha ocurrido es que se ha recogido verde y, por tanto, no se va a poder pelar bien", dice Akon.

Ojo al color. La mandarina debe ser -aunque parezca obvio hay que decirlo- de color naranja intenso. Sukon recomienda huir de las que tienen un tono amarillo o amarilleado, indicador de que su momento óptimo ya ha pasado. "Si se perciben tonalidades verdosas es que la fruta no estaba aún madura cuando se recogió, y el problema es que nunca llegará a su plenitud de facultades aunque se termine de madurar en cámara: ni en cuanto a sabor y aroma, ni, por supuesto, en lo que respecta a propiedades nutricionales".

Si son de temporada, llegan con las hojas a la frutería. Foto: Getty Creative
Si son de temporada, llegan con las hojas a la frutería. Foto: Getty Creative

La sutilidad del brillo. Akon recomienda huir de las mandarinas "con una piel opaca, cetrina, sin brillo, porque es un indicador de que la fruta está seca". De todos modos, la fruta debe brillar, aunque no deslumbrar: algunas marcas aplican un recubrimiento de cera para darle una pátina de brillo artificial. Las marcas eco nunca aplican cera, por lo que el brillo de la fruta es más nacarado, más sutil, pero es señal de jugosidad igualmente.

El aroma, una buena pista. Las mandarinas son más agradecidas cuanto más frío hace. En plena temporada, de noviembre a enero, la fruta desprende un aroma cítrico y dulce que se percibe incluso desde la piel. "Y no digamos ya al abrirla y rajar la piel", comenta Akon.

El sabor tiene que ver con la temporada. En octubre, cuando comienza la temporada de mandarina, el sabor tiene toques ácidos. A medida que se acerca el final de año el sabor se vuelve más dulce. Luego, a medida que avanzan los meses, vuelve a ir adquiriendo matices ácidos e incluso un poco fermentados que indican que el momento óptimo de maduración va acabando. 

Las semillas también van con el calendario. Son muchos los que rechazan las mandarinas con semillas. "Es más fácil encontrártelas al principio y al final de la temporada. Si lo que queremos es que no las tengan, comamos mandarina en la época central", sentencia Akon.

El color debe ser naranja intenso, con un poco de brillo. Foto: Getty Creative
El color debe ser naranja intenso, con un poco de brillo. Foto: Getty Creative

Vale, ¿y cómo sé cuándo es la plenitud de la temporada? Akon nos recomienda fijarnos en las hojas. "Fuera de temporada en las banastas de los mercados apenas hay hojas. En temporada, sin embargo, las frutas van acompañadas de muchas hojas. Esto es así porque cuando la fruta se ha recolectado en su punto óptimo de maduración se segrega muy fácilmente de la rama del árbol y es frecuente que las hojas del pedúnculo se separen de la rama con la propia fruta", resume. Antes de su temporada, la rama está aún verde y tiesa y al tirar de la fruta el tallo se desgarra pero no cae la hoja.

Fíjate también en el rabillo. Otro truco para diferenciar si se han recogido antes o en su punto óptimo de maduración es fijarse en el rabillo -el pedúnculo-. "En la recolección temprana cortan las mandarinas del árbol con tijera (porque aún no se desprenden solas, habría que retorcerlas para desprenderlas) y las terminan de madurar en cámara. El corte es claramente de cuchilla. Si las recogen en su punto lo hacen a mano, el corte del rabillo es natural, no cercenado, porque la fruta se desprende sola", describe Akon.

¿Mandarina o clementina? No nos resistirnos a irnos de la frutería de Akon sin hacerle una de esas preguntas que nos rondan la cabeza siempre. Quedémonos con esto: las mandarinas son más grandes y las clementinas, más pequeñas. "En España no se acostumbra a hacer zumo, pero en plena temporada es una fruta ideal para exprimir. Siempre mejor elegir la mandarina que la clementina por el tamaño. Eso sí, si lo que queremos es sacarles todo el jugo, mejor esperar a los meses más fríos".

Más historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente