Abandonar los hábitos heredados, el mejor regalo que puedes hacerte

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Los hábitos heredados forman parte de ti, pero no son tuyos. [Foto: Getty Images]

 

¿Te has preguntado alguna vez por qué sueles desayunar lo mismo? ¿O por qué cenas aproximadamente a la misma hora? ¿O por qué discutes con tu pareja una y otra vez por los mismos motivos? Es probable que cada día hagas muchas cosas sin saber muy bien el motivo, aunque ya forman parte de ti.

Esas acciones automáticas se denominan hábitos y no incluyen solo pequeñas tareas, como cepillarte los dientes después de comer o ponerte el cinturón de seguridad cuando entras al coche. Los hábitos también dan forma a patrones de pensamiento, estilos de afrontamiento ante los problemas o formas de relacionarse con los demás y con uno mismo.

A la larga, esos hábitos terminan definiendo quién eres, determinando tus decisiones y, por supuesto, influyendo en tu nivel de felicidad y bienestar. Algunos de esos hábitos son positivos. Otros no. Algunos son fruto de una decisión consciente. Otros son heredados.

Tus hábitos, ¿son realmente tuyos?

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La persona que eres hoy depende en gran medida del entorno donde creciste. [Foto: Getty Images]

Te guste o no, la persona que eres hoy depende en gran medida del entorno donde creciste. Tu familia desempeñó un papel protagónico en la formación de tu personalidad. De hecho, es probable que muchas de las acciones que realizas a diario sean hábitos heredados, no elecciones conscientes.

La mayoría de los hábitos heredados se adquieren mediante el aprendizaje vicario; o sea, observando el comportamiento de otras personas, generalmente los padres, y extrayendo conclusiones sobre lo que es más útil o dañino.

Los padres suelen ser el primer modelo para sus hijos. Los niños, a falta de referentes sociales que les indiquen cómo comportarse, suelen dirigir la mirada hacia sus padres. La conducta y las actitudes de sus progenitores les ayudan a navegar por el mundo. Al observar cómo responden sus padres en diferentes circunstancias, los niños aprenden qué puede ser peligroso o, al contrario, qué es deseable. Eso crea hábitos.

Así los hijos terminan comportándose como sus padres, asumiendo sus modelos de pensamiento o la forma de relacionarse con los demás. Por eso, si tus padres solían prepararte una taza de leche con chocolate en el desayuno, es probable que la sigas bebiendo. Si solían reprimir sus emociones, es probable que tú también lo hagas. También es probable que hayas tomado de ellos tu estrategia para afrontar el estrés, hacer frente a los cambios o lidiar con la incertidumbre.

Por supuesto, también hay hábitos heredados culturalmente. De hecho, las estructuras de vida sobre las que se organiza la jornada suelen ser patrones adquiridos del entorno. En España, por ejemplo, se cena tarde mientras que en el Reino Unido se cena más temprano.

Esas costumbres se repiten regularmente y llegan a caracterizar el comportamiento de grandes grupos, pero generalmente no se cuestionan. Sin embargo, muchos de esos hábitos culturales marcan – para bien o para mal - el estilo de vida de las personas. En Suecia, por ejemplo, el 70% de las personas tienen el hábito de practicar deporte al menos una vez a la semana mientras que en Bulgaria el 78 % de las personas nunca hace ejercicio, según reveló el Eurobarómetro.

Por desgracia, detectar los hábitos heredados suele ser difícil porque siempre han estado ahí y es probable que nunca hayas cuestionado su origen o pertinencia. Sin embargo, separar el grano de la paja es un ejercicio de madurez y limpieza mental imprescindible.

Los hábitos como aliados para alcanzar tus metas

Los hábitos positivos y saludables conducen a tomar mejores decisiones.. [Foto: Getty Images]
Los hábitos positivos y saludables conducen a tomar mejores decisiones. [Foto: Getty Images]

 

Los hábitos no son tu enemigo. De hecho, pueden facilitarte la vida porque no tendrás que estar pensando continuamente en el próximo paso que debes dar. Te ahorran muchas decisiones cotidianas, como qué desayunar, a qué hora cenar o cómo organizar tu jornada.

En realidad, los hábitos son potentes herramientas de cambio. Cuando instauras hábitos positivos, saludables y desarrolladores, te resulta infinitamente más fácil tomar buenas decisiones, incluso en situaciones difíciles.

Un estudio desarrollado en la Universidad del Sur de California reveló que las situaciones de estrés, fatiga o agobio no activan automáticamente lo malos hábitos, como ver demasiada televisión o comer alimentos poco saludables.

Cuando estás estresado o fatigado, careces de la fuerza de voluntad suficiente para tomar decisiones, de manera que tu cerebro, para ahorrar energía, simplemente activa el “piloto automático”. Eso significa que, si tienes malos hábitos, implementarás comportamientos dañinos, pero si has cultivado buenos hábitos, se activarán esas conductas.

Por tanto, no es necesario que emprendas una cruzada contra los hábitos, sino que reflexiones sobre las costumbres que has heredado, pero son desadaptativas y no se alinean con tus objetivos de vida actuales.

¿Cómo detectar y cambiar los hábitos heredados?

El entorno es una “mano invisible” que moldea tu comportamiento. [Foto: Getty Images]
El entorno es una “mano invisible” que moldea tu comportamiento. [Foto: Getty Images]

Los hábitos son patrones grabados en la memoria que cambian lentamente. Después de repetir un comportamiento una y otra vez, como tomar un café todas las mañanas, llega un momento en el que te paras delante de la máquina del café y ni siquiera te cuestionas si te apetece tomarlo ese día. Simplemente te lo preparas. Muchos de tus hábitos se han automatizado, incluso a nivel corporal, de manera que si quieres modificarlos tendrás que armarte de paciencia y actuar de manera más consciente.

El primer paso consiste en reflexionar sobre tus principales hábitos haciéndolos pasar por tres filtros:

  1. ¿Es útil? No todos los hábitos heredados son dañinos ni es necesario deshacerse de ellos. Pregúntate en qué medida esa costumbre que has adquirido de tus padres o de la cultura a la que perteneces te resulta útil. ¿Te ayuda a ahorrar tiempo y energía cada día? ¿Aumenta tu productividad? ¿Te hace sentir mejor? ¿Te aporta alguna ventaja? Si descubres que ese hábito se ha convertido en un obstáculo, ha llegado el momento de eliminarlo.

  2. ¿Es adaptativo? Los hábitos deben ayudarte a responder de manera más adaptativa al entorno facilitando un ajuste funcional cuando las condiciones cambian. Si un comportamiento te causa más problemas de los que resuelve, es disfuncional y desadaptativo. Por tanto, pregúntate si ese hábito te ayuda a afrontar mejor los retos actuales. ¿Es adecuado para la etapa vital que estás atravesando? ¿Te permite crecer como persona? ¿Te ayuda a lidiar mejor con los problemas?

  3. ¿Te representa? Cuando tus objetivos vitales cambian, pero sigues arrastrando hábitos del pasado, estos se convertirán en un obstáculo para tu desarrollo. Por eso, debes reflexionar sobre su coherencia preguntándote hasta qué punto te sientes identificado con ese hábito. ¿Está en sintonía con tus nuevos valores o metas? ¿Te sientes orgulloso de esa costumbre? ¿Te reconoces en ese comportamiento? ¿Se ajusta al estilo de vida que estás llevando?

Por supuesto, detectar los hábitos heredados disfuncionales y desadaptativos no es tan fácil ya que durante mucho tiempo han actuado por debajo de tu nivel de conciencia. Por eso, a lo largo del proceso pueden aparecer resistencias psicológicas. Escribir te permitirá asumir la distancia emocional necesaria para vencer esos miedos y apegos, de manera que puedas ver con claridad los hábitos de los que necesitas desprenderte porque te hacen daño o han perdido su sentido.

Cuando los detectes, recuerda que el entorno es una “mano invisible” que moldea tu comportamiento. Cambiar hábitos tan arraigados suele ser difícil. Por eso es fundamental que diseñes espacios que te ayuden a desarrollar comportamientos más saludables y positivos.

Un estudio realizado en el Hospital General de Massachusetts en Boston proporciona una pista. Estos investigadores querían que las personas eligieran bebidas más saludables y, para conseguirlo, ofrecieron agua junto a refrescos en varios puntos de la cafetería del hospital. Bastó modificar las opciones disponibles para que las personas bebieran más agua y menos refrescos. Ese pequeño gesto facilitó la toma de decisiones más saludables sin recurrir a la fuerza de voluntad.

Por tanto, si quieres deshacerte de un hábito, debes cambiar tu entorno, prestando especial atención a esas pequeñas señales que desencadenan el comportamiento. Si entras en la cocina y ves un paquete de galletas abierto, es probable que termines comiéndolas. Si sueles discutir cuando estás agotado, sería mejor que evitarás temas delicados cuando llegas a casa después de una dura jornada de trabajo.

Y no olvides ponértelo fácil a la hora de desarrollar un hábito nuevo. Si quieres desayunar de manera más saludable, deja el desayuno preparado la noche antes. Si quieres empezar a correr o ir al gimnasio, determina los días y libera esos horarios en tu agenda. Si quieres aprender a tocar guitarra, déjala en un lugar accesible y a la vista. Solo debes programar las señales adecuadas y enfrentar tu jornada con un mayor nivel de conciencia.

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