Cómo dejar de sentirte responsable por todo y por todos de una vez

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La hiperresponsabilidad se convierte en una válvula de escape para aliviar la sensación de culpa permanente. [Foto: Getty Images]
La hiperresponsabilidad se convierte en una válvula de escape para aliviar la sensación de culpa permanente. [Foto: Getty Images]

Ser responsable suele ser visto con buenos ojos. Significa que eres alguien confiable, comprometido, cumplidor y que se preocupa por los demás. Es lo opuesto a eludir la responsabilidad culpando a los otros o inventando excusas.

Sin embargo, la hiperresponsabilidad no es un valor. Cuando asumes la responsabilidad por todo y de todos, es probable que termines dejando tu vida “aparcada”, sumiéndote en un bucle de estrés e insatisfacción que no hará más que empeorar.

La trampa de la hiperresponsabilidad que debes evitar a toda costa

La hiperresponsabilidad termina siendo tóxica para todos al cabo del tiempo. [Foto: Getty Images]
La hiperresponsabilidad termina siendo tóxica para todos al cabo del tiempo. [Foto: Getty Images]

La responsabilidad siempre ha sido considerada como un valor. Asumir la responsabilidad por tus errores, meteduras de pata, opiniones, roles y reacciones emocionales es un signo de madurez. Sin embargo, es muy fácil traspasar la línea y caer en la responsabilidad excesiva.

Si asumes continuamente tareas y obligaciones que corresponden a los demás, te sientes responsable por sus emociones e incluso te disculpas, aunque no hayas hecho nada mal, es probable que estés siendo hiperresponsable.

La hiperresponsabilidad es una actitud que implica sentirse directamente responsable por cosas que están fuera de tu control. Es asumir deberes que no te atañen, cargar con culpas que no son tuyas y agobiarte con problemas que no te conciernen.

Es probable que quienes te rodean estén encantados de que les restes responsabilidades y les evites esfuerzos, pero también es probable que tu vida se convierta en un auténtico calvario. Tu agenda se llenará, hasta el punto de no quedar ni un hueco libre para ti mismo, y las necesidades de los demás se multiplicarán absorbiendo tus propias necesidades, hasta llegar a anularte. Como resultado, sucumbirás ante el peso de la responsabilidad excesiva.

La hiperresponsabilidad a menudo es un síntoma del trastorno obsesivo compulsivo, aunque en otros casos las creencias disfuncionales sobre la responsabilidad provienen de la infancia. Si de niño tus padres u otros adultos te culpaban por cosas sobre las cuales no tenías ningún control, como su relación de pareja, la economía familiar o su propia insatisfacción vital, es probable que hayas crecido sintiéndote culpable y responsable por las vidas, los sentimientos y las decisiones de los demás.

Lo peor de todo es que la hiperresponsabilidad se refuerza a sí misma. El exceso de responsabilidad conduce a la autoinculpación. Y es probable que la sensación de culpa por no hacer lo suficiente o no llegar a todo te empuje a comprometerte aún más para aliviar esa culpabilidad, lo cual refuerza a su vez la creencia de que necesitas asumir la responsabilidad para que esos sentimientos desagradables desaparezcan. En esos casos, la hiperresponsabilidad se convierte en una válvula de escape para aliviar la sensación de culpa permanente.

De hecho, se ha apreciado que “las personas altamente propensas a la culpa pueden evitar establecer relaciones interdependientes con otras personas que perciben como más competentes que ellas” porque el hecho de que la pareja ofrezca más y se beneficie menos desencadena una culpabilidad insoportable.

Con el tiempo, ese mecanismo de culpas y responsabilidades se automatiza, haciendo que seas más vulnerable a la manipulación y a que las personas se aprovechen de ti. Sin darte cuenta, es probable que termines asumiendo responsabilidades que no te corresponden y sacrificándote continuamente. O sea, te suprimes.

Obviamente, ese estado de hiperresponsabilidad crónico no es sostenible a lo largo del tiempo. Más temprano que tarde terminará generando estrés, angustia e incluso síntomas físicos que pueden dan lugar a enfermedades psicosomáticas. No puedes priorizar continuamente las necesidades de los demás ni resolver todos los problemas del mundo, por más que lo desees y te esfuerces. Ese camino solo conduce al desgaste físico y emocional. Y ni siquiera es beneficioso para quienes te rodean.

Las claves para desarrollar un sentido de la responsabilidad saludable

Comprender que cada quien debe asumir sus obligaciones traerá equilibrio, tranquilidad y felicidad a tu vida. [Foto: Getty Images]
Comprender que cada quien debe asumir sus obligaciones traerá equilibrio, tranquilidad y felicidad a tu vida. [Foto: Getty Images]

Reevalúa tus creencias sobre la responsabilidad

Para desarrollar un sentido de la responsabilidad saludable necesitas reflexionar sobre las creencias disfuncionales que están alimentado la hiperresponsabilidad. A menudo eso implica zambullirse en un profundo trabajo introspectivo para descubrir por qué sueles sentirte responsable por todo y todos. ¿Asumes responsabilidades ajenas porque crees que eres mucho más competente? ¿Quizá quieres encargarte de todo porque prefieres mantener el control? ¿O simplemente te sientes culpable diciendo “no”?

Sea cual sea la causa, recuerda que evitar que las personas se responsabilicen por sus actos, decisiones, problemas o emociones a menudo les hace más mal que bien. La madurez se alimenta de los desafíos, los problemas y las responsabilidades. Hacerte cargo de todo puede terminar socavando su autoestima, dignidad y potencial para aprender y crecer. La mayoría de las personas tiene una fuerza interior increíble, por lo que no necesitan “solucionadores” ni “protectores” sino tan solo alguien que las escuche y apoye con paciencia y cariño.

Cambia tu fuente de motivación

Si después de esa tarea de introspección descubres que lo que te empuja a asumir las responsabilidades de los demás es la culpa, es conveniente que cambies tu fuente de motivación. Cuando te haces cargo de todo y de todos solo porque crees que “debes” o “tienes” que hacerlo, esas responsabilidades se convertirán en una fuente de insatisfacción y frustración permanente. Para romper ese bucle necesitas encontrar una motivación más saludable.

Piensa en la motivación como el combustible que te mueve. El sufrimiento y la culpa son “combustibles” eficaces, pero dolorosos. Te empujan a la acción, pero no producen satisfacción. En cambio, la alegría, la gratitud y el amor son “combustibles” más saludables que generan un bucle virtuoso. Por tanto, en vez de desperdiciar energía sintiéndote culpable por no hacer lo suficiente o por negarte a asumir responsabilidades que no te corresponden, es mejor que te enfoques en los sentimientos positivos que experimentas cuando puedes ayudar.

Devuelve las responsabilidades que no te corresponden

Haz un repaso de todas las responsabilidades que has asumido, tanto aquellas literales como las emocionales. ¿Te corresponden? ¿Es justo que las sigas asumiendo? ¿Cómo están afectando tu vida o tu bienestar? ¿Esa otra persona puede asumirlas? Reflexiona sobre esas obligaciones y piensa en el estrés o el resentimiento que te generan, así como en el tiempo y la energía que consumen. Anota las responsabilidades que no te corresponden y que no estás dispuesto a seguir asumiendo. No se trata de desentenderte de todo, sino de que cada quien se responsabilice por su vida.

Puedes imaginar que las responsabilidades son libros que has tomado prestados de una biblioteca. Así te resultará más fácil asumir la distancia psicológica necesaria y evitar la sensación de culpa. Comienza por una tarea pequeña que no te corresponde y realizas en lugar de tu pareja, hijos o colegas del trabajo hasta llegar a obligaciones mayores, como devolver a una persona la responsabilidad por su vida y su felicidad. Recuerda que, independientemente de cómo asumiste esa responsabilidad, ya la hayas aceptado libremente o bajo presión, siempre tienes la opción de devolverla.

Prepárate para las resistencias

Si has cargado con responsabilidades ajenas durante mucho tiempo, es probable que esas personas se encuentren en una cómoda zona de confort, por lo que no esperes que estén dispuestas a asumir sus obligaciones tan fácilmente. De hecho, en algunos casos incluso es probable que intenten hacerte sentir culpable lamentándose porque las estás “abandonando” o incluso te digan que eres egoísta.

Si cedes ante esas resistencias, volverás al punto de partida y te sentirás cada vez más frustrado e insatisfecho. No te enzarces en discusiones inútiles ni intentes defenderte porque en realidad no les estás abandonando ni eres egoísta. Mantente firme y simplemente di que no vas a seguir asumiendo esas obligaciones porque no te corresponden.

Recuerda que no eres responsable de todos y de todo. A la larga, lo que está en juego es tu salud y tu equilibrio emocional. Haz espacio para ti en tu agenda. Organiza tiempos de “recarga emocional” para que puedas ocuparte de tu salud psicológica con la misma diligencia con que te encargabas de otras responsabilidades.

La solución es simple, aunque significa que sea sencilla: responsabilízate solo por ti y por lo que puedes controlar. Asumir que no puedes mantener todo bajo control y que cada quien debe enfrentar sus obligaciones te ayudará a dejar ir el exceso de tensión y te traerá el equilibrio, la tranquilidad y la felicidad que necesitas.

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