Coronavirus | No temas decir “no” a las reuniones sociales durante la pandemia

Jennifer Delgado
·7 min de lectura
Para bregar por esta pandemia sin generar innecesarios conflictos interpersonales necesitamos más tolerancia, empatía y respeto. (Photo: EFE)
Para bregar por esta pandemia sin generar innecesarios conflictos interpersonales necesitamos más tolerancia, empatía y respeto. (Photo: EFE)

La pandemia actual ha traído muchos cambios a nuestra vida, aunque quizá uno de los más difíciles de sobrellevar es el distanciamiento social. Somos seres sociales, por lo que muchas personas, sobre todo después del largo confinamiento, han sentido una imperiosa necesidad de retomar su vida social.

Otros, sin embargo, han preferido mostrarse más cautos y reducir el contacto social, sobre todo a raíz de los rebrotes y el aumento de los casos de Covid-19. De hecho, diferentes estudios, entre ellos uno realizado en la Universidad de Kentucky, han comprobado que el distanciamiento social es una medida eficaz para detener la propagación del virus.

A pesar de ello, las invitaciones sociales siguen lloviendo y rechazarlas suele ponernos en una difícil tesitura. ¿Qué hacer? ¿Debemos acallar nuestras preocupaciones y asistir? ¿Limitarnos a decir “no” y reservarnos nuestras preocupaciones? ¿Inventar una excusa? ¿O quizá argumentar nuestra negativa aduciendo el riesgo de contagio?

Las personas suelen ser más comprensivas de lo que suponemos

Las personas suelen comprender el rechazo de una invitación cuando se aducen motivos de salud. [Foto: Getty Images]
Las personas suelen comprender el rechazo de una invitación cuando se aducen motivos de salud. [Foto: Getty Images]

Cuando rechazamos la invitación de un amigo o familiar para acudir a una cena, una fiesta de cumpleaños o cualquier otro evento social porque nos preocupa la posibilidad de infectarnos, también nos preocupa que esa persona piense que estamos siendo excesivamente cautelosos, insensibles y/o egoístas, que crea que le estamos criticando disimuladamente o que incluso se sienta ofendida.

Un estudio desarrollado por investigadores de la Escuela de Negocios de Harvard reveló que, afortunadamente, esos temores no tienen mucho fundamento. A través de diferentes experimentos, analizaron el costo interpersonal que implica comunicar nuestras preocupaciones relacionadas con la Covid-19 al decir “no” a los encuentros sociales que pueden representar un riesgo para nuestra salud.

Básicamente, los participantes debían imaginar que les invitaban a un encuentro con amigos en una terraza o a salir de excusión con un grupo. Algunos debían ponerse en la piel de quienes rechazaban la invitación y otros en la de quienes recibían el rechazo. En algunos casos la persona simplemente debía decir que no acudiría y en otros se justificaba mencionando el riesgo que representaba el coronavirus.

Las personas que rechazaban la invitación aduciendo el riesgo de contagio creían que los demás se alejarían, pero no fue así. Las personas dijeron sentirse más unidas a sus amigos tras recibir el rechazo e incluso confesaron tener menos interés en acudir a la cita. De hecho, su opinión sobre la persona que había rechazado la invitación era positiva ya que la catalogaban como más sincera, juiciosa y solidaria por expresar sus preocupaciones.

Obviamente, todos no reaccionan de la misma forma. Hay personas muy posesivas y/o egocéntricas que no aceptan bien un rechazo porque creen que el mundo debe girar a su alrededor y lo asumen como una ofensa personal. Sin embargo, en sentido general esta investigación sugiere que las personas suelen ser bastante receptivas, reaccionan bien y no se sienten heridas cuando explicamos que no queremos acudir a determinados eventos sociales para proteger nuestra salud.

El cariño también entraña riesgos

Muchos rebrotes se han originado en reencuentros familiares porque los fuertes vínculos afectivos nos hacen sentir seguros y bajamos la guardia. [Foto: Getty Creative]
Muchos rebrotes se han originado en reencuentros familiares porque los fuertes vínculos afectivos nos hacen sentir seguros y bajamos la guardia. [Foto: Getty Creative]

Cuando la amenaza es tan pequeña como un coronavirus, puede acecharnos en cualquier lugar, incluso donde menos sospechamos. De hecho, en esta segunda oleada muchos rebrotes se han originado en reencuentros familiares.

La explicación es psicológica: cuando nos encontramos con personas con quienes mantenemos fuertes vínculos afectivos solemos bajar la guardia porque nos sentimos seguros emocionalmente. Esa también es la razón por la que somos más propensos a aceptar las invitaciones que provienen de familiares y amigos cercanos, según un estudio.

En este caso, los investigadores pidieron a los participantes que imaginaran que iban al supermercado y hablaban con un amigo, un familiar, una persona desconocida, un compañero de trabajo o un cajero. Luego debían indicar qué probabilidades pensaban que tenían de contraer el coronavirus o les pedían que imaginaran que habían enfermado e indicaran la posible fuente de contagio.

Las personas eran más propensas a identificar a los desconocidos como una fuente de riesgo y contagio de Covid-19 y desestimar a los amigos y familiares. Los investigadores concluyeron que “subestimamos los riesgos asociados a la interacción con personas cercanas, aunque seamos conscientes de la importancia del distanciamiento social”.

Por supuesto, es comprensible que deseemos pasar tiempo con las personas que queremos. No hay nada de malo en ello. El problema es la falsa sensación de seguridad que puede conducirnos a comportamientos de riesgo que podríamos terminar pagando muy caro.

La regla de oro para rechazar una invitación

La regla de oro es ser honestos y responsabilizarnos por nuestra decisión explicando que deseamos proteger nuestra salud. [Foto: Getty Creative]
La regla de oro es ser honestos y responsabilizarnos por nuestra decisión explicando que deseamos proteger nuestra salud. [Foto: Getty Creative]

Ante todo, es importante comprender que tenemos derecho a decir “no”. Solemos pensar que decir “sí” equivale a ser educados mientras que dar una negativa implica una falta de respeto que puede ofender a la persona que nos ha invitado.

A nivel social, la palabra “no” se ha rodeado de un halo negativo, por lo que asumimos inconscientemente que “contamina” todo aquello a lo que la apliquemos. De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Columbia comprobaron que nuestro cerebro reacciona de manera particularmente intensa ante el “no”.

Sin embargo, no ser capaces de poner límites es lo que nos lleva a aburrirnos infinitamente en esa obra de teatro a la que fuimos por compromiso, sobrecargarnos con tareas ajenas o estar siempre disponibles para los demás dejando insatisfechas nuestras necesidades.

Por tanto, si nos preocupa acudir a esa celebración, cena o quedada, o simplemente no nos sentimos cómodos con el riesgo que podríamos correr, lo mejor es rechazar la invitación cortésmente. Si necesitamos una dosis extra de coraje para decir “no”, los investigadores nos recomiendan que pensemos en nuestro bienestar y en el de las personas que queremos, en vez de dar alas a las preocupaciones sociales y a nuestro deseo de agradar y quedar bien.

Cuando llegue el momento, la regla de oro es ser honestos y responsabilizarnos por nuestra decisión. Aunque es tentador evitar la incomodidad inventando planes falsos, eso podría sumirnos en una espiral de mentiras y excusas para seguir rechazando los días u horarios alternativos que nos propongan. De hecho, es probable que al final incluso nos sintamos obligados a acudir solo para encubrir nuestra falta de sinceridad.

Por tanto, en vez de inventar justificaciones o echarle la culpa a alguien, solo tenemos que explicar nuestras razones. No es necesario extenderse demasiado porque eso demostraría que nos sentimos culpables. Un simple “me encantaría verte, pero en estos momentos casi no estoy saliendo para disminuir el riesgo de contagio” podría bastar.

En cualquier caso, la mejor manera para bregar a lo largo de esta pandemia, que amenaza con alargarse en el tiempo, consiste en asumir una postura equilibrada y precavida. Eso implica encontrar un punto intermedio que nos permita seguir disfrutando de la vida y de las personas que más amamos con cierto grado de seguridad. Hay que cuidarse sin caer en el alarmismo.

De hecho, podemos proponer planes alternativos más seguros. Si no nos apetece cenar en un espacio cerrado, podemos proponer pasear por un entorno natural - las probabilidades de que una persona transmita la Covid-19 en un entorno cerrado son 18,7 veces mayores que al aire libre, según un estudio.

En sentido general, para evitar conflictos interpersonales en medio de una pandemia en la que necesitamos más que nunca los unos de los otros, debemos ser conscientes de que todos estamos atravesando por un periodo inédito de nuestras vidas para el cual no estábamos psicológicamente preparados. Eso significa que debe primar la tolerancia, la empatía y el respeto. Hay personas que pertenecen a grupos de riesgo y hay personas que tienen una baja tolerancia al riesgo. Y debemos respetar a ambos.

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