De cómo el coronavirus propicia una vuelta al mundo rural

El confinamiento ha obligado a miles de empresas a implantar el teletrabajo, dando un empujón a la deslocalización residencial. La crisis del coronavirus está haciendo que muchas personas se cuestionen su estilo de vida, planteándose abandonar la gran ciudad y mudarse a un municipio más pequeño o a un pueblo.

Aunque no será de la noche a la mañana, ni a gran escala (porque no todos los trabajos pueden deslocalizarse), lo cierto es que la crisis sanitaria está acelerando un proceso que será inevitable durante la próxima década: el ‘éxodo urbano’. Durante muchos años, la distancia ha sido uno de los motivos que podían limitarnos a la hora de conseguir un trabajo. Ahora, se ha demostrado que muchas ocupaciones pueden llevarse a cabo perfectamente desde casa, o desde cualquier sitio con conexión a Internet.

Los números hablan por sí solos: en el portal Fotocasa, las búsquedas de fincas rústicas de enero a abril se han incrementado en un 46%; los chalés, un 36% y las casas adosadas, un 24%. La inmobiliaria Servihabitat, por su parte, ha registrado un incremento de las búsquedas en las provincias limítrofes a Madrid: 100% en el caso de Guadalajara y 240% en Segovia.

Además de una casa más espaciosa y jardín, lo que buscan estas personas es el acceso a Internet. Si hasta hace poco tener buenas comunicaciones era decisivo a la hora de buscar residencia, ahora es esencial contar con buenas telecomunicaciones.

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Vacaciones en el campo. Siluetas de una familia caminando en la pradera al atardecer. Foto: Getty Images.

¿Un empujón a la España vacía?

Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe, ha manifestado en varias ocasiones su deseo de que esta crisis sirva para cuestionarnos el modelo de distribución de la población en España y para pasar, poco a poco, a un país más vertebrado. Vivir en un estado donde los habitantes estuvieran dispersos a lo largo del territorio y no concentrados en las grandes ciudades podría ser la clave para frenar la propagación de virus similares en el futuro.

Sin embargo, esta transición no va a ser tan fácil. La llamada ‘España vacía’ no cuenta con los mismos recursos sanitarios o educativos que las regiones más pobladas, ni tampoco con las mismas oportunidades de empleo. En muchas regiones, ni siquiera con una buena conexión a Internet.

La tranquilidad y la posibilidad de tener una casa más grande son dos de los motivos que motivan a la gente a plantarse vivir en un pueblo o un pequeño municipio, pero lo cierto es que la gente no se mudará ‘de verdad’ hasta que las condiciones cambien. Es decir, hasta que sea evidente que residiendo en la ‘España vaciada’ van a ganar en calidad de vida y que van a contar con los servicios esenciales.

Por tanto, el Gobierno deberá trabajar en el Pacto de Estado para la Despoblación, que hace énfasis, entre otras cosas, en la mejora de las comunicaciones por vía terrestre y las telecomunicaciones y la recuperación de servicios públicos en el área rural- escuelas rurales, atención sanitaria-. El pacto está enfocado a hacer frente al reto demográfico, el envejecimiento y la despoblación y podría ser la base para construir un nuevo país, con una población repartida por todo el territorio.

Mientras tanto, no obstante, los sociólogos afirman que esta crisis agrandará las diferencias sociales. Según catedráticos de UDIMA (Universidad a Distancia de Madrid) y de UNED, habrá una división entre aquellos que puedan deslocalizarse residencialmente y teletrabajar, con estabilidad y confianza de que su empleo se mantendrá en el tiempo y con dinero para pagar conexión a internet vía satélite; y entre aquellos otros que, aún teniendo el mismo sueño, no puedan dar el salto a una residencia que resulte demasiado alejada de sus puestos de trabajo, que tendrán que conformarse con opciones más asequibles  en manzanas degradadas del centro urbano y periurbano.

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