Dejar que la vida fluya: la mejor lección que nos enseña 'Cómo conocí a vuestra madre'

ATENCIÓN: ESTE ARTICULO CONTIENE SPOILERS

No hay dudas que disfrutar de una buena serie nos ayuda a intensificar nuestras emociones. Gracias a la creación de escenarios y personajes ficticios no sólo aumentamos nuestro pensamiento crítico con respecto a todo cuanto nos rodea sino que somos capaces de enfrentarnos a nuestros propios miedos e inquietudes.

En mi caso personal, la serie Cómo conocí a vuestra madre tuvo su propia función catártica y me parece un buen título para recordar catorce años después del estreno del primer episodio. Y voy a explicar por qué.

(©CBS)

De cada serie los espectadores extraemos un conjunto de lecciones que bien podríamos tener en cuenta en nuestra vida cotidiana. En Cómo conocí a vuestra madre la clave se encuentra en reparar en los diálogos entre los cinco protagonistas, de hecho, en su momento a más de uno nos ayudó a enfrentarnos a situaciones de nuestro día a día.

Esta comedia dramática estadounidense narrada por Bob Saget (Danny Tanner en Padres forzosos) se podría considerar una digna sucesora de Friends. Y no sólo porque cuenta con un casting en estado de gracia que conecta con el público (conformado por Josh Radnor, Jason Segel, Neil Patrick Harris, Cobie Smulders y Alyson Hannigan) sino porque también narra las aventuras y desventuras de un grupo de amigos neoyorkinos en su proceso de madurez. Es más, lo hace de una forma original situando la historia en el año 2030 cuando uno de los protagonistas, Ted Mosby, decide contarles a sus dos hijos adolescentes cómo conoció a su madre.

Dejando de lado el polémico desenlace de la serie, tras descubrirnos después de más de doscientos episodios plagados de flashbacks y divertidas anécdotas el destino de la madre de Luke y Penny Mosby, las nueve temporadas fueron un regalo para los espectadores. Y es que desde el 19 de septiembre de 2005 hasta el 31 de marzo de 2014 dicha ficción consiguió emocionar y hacer reír al público con las narraciones de este soltero empedernido, pero también transmitió varias lecciones de vida muy valiosas.

La primera enseñanza, que incluso he seguido a rajatabla en mi desarrollo personal, es que es preferible dejar que la vida fluya. Desde el primer capítulo Ted Mosby tiende a pensar demasiado quién será la mujer de su vida e incluso exagera su continuo sentimiento de soledad. Pero, como sucede en la vida real, el tiempo es el encargado de sorprendernos como en la ficción hizo al propio protagonista que comió perdices con su amiga Robin y, curiosamente, el propósito de la serie pasa de relatar a sus hijos cómo conoció a su madre a explicarles cómo enamoró a la reportera canadiense. Ambos se convirtieron en los nuevos Ross y Rachel de la pequeña pantalla, demostrando a los espectadores que hay una fina línea entre el amor y la amistad, esa que también es la base del triunfo en el matrimonio de Marshall y Lily.

Además de asumir que lo que tenga que pasar pasará, hay que saber disfrutar el momento y, por ende, apreciar el lado bueno de las cosas. ¿O es que acaso no se te saltó la lagrimita viendo cómo Ted no se separaba de Tracy, la madre en mayúsculas encarnada por Cristin Milioti, en los últimos instantes de su vida? Su amor además es el ejemplo perfecto que da sentido a la leyenda oriental del hilo rojo que insiste, básicamente, en que si dos personas estás destinadas a conocerse, la conexión nunca se romperá hasta ese momento. En este sentido, la serie de CBS deja claro que no existen las coincidencias sino más bien la sincronicidad que explica mismamente que no es producto del azar que una exnovia del protagonista fuera compañera de piso del personaje más buscado de la historia.

Cómo conocí a vuestra madre también puede ser una serie muy reveladora si la disfrutas cuando tienes más o menos la misma edad de los personajes porque es ahí donde te das cuenta que todos nos hacemos mayores y que es inevitable que a veces la amistad pase a un segundo plano cuando formas tu propia familia o sigues el camino hacia tus sueños.

No obstante, el desenlace de la ficción es especialmente significativo porque demuestra que a pesar de que Barney acabe madurando y rompiendo con su rol de mujeriego empedernido gracias a la llegada de su hija Ellie, que Marshall triunfe como arquitecto y padre de familia o que Robin también beba del éxito en el trabajo, su nexo de unión permanece inquebrantable. En otras palabras, todos los protagonistas dan un paso adelante en su desarrollo personal, como viene siendo ley de vida, pero se intuye que siempre que lo necesiten se podrán agarrar a ese pasado común porque los amigos se convierten en familia como ya comprobamos ante la muerte del padre de Marshall, unos de los momentos más fatídicos de la producción.

En este punto, considero que Cómo conocí a vuestra madre es una de esas ficciones que no pasan de moda y que aún seguimos disfrutando como el primer día porque ha envejecido tan bien como la citada Friends, Breaking Bad o House. En definitiva, a pesar de que esta historia de CBS no sea un título revolucionario porque bebe de otros de las mismas características, es una de esas series a las que siempre regresar para recordarnos que lo bueno a veces se hace esperar y que el amor no es amor porque exista flechazo o surja de golpe sino porque, de una manera directa o indirecta, están ahí nuestros amigos para ver cómo hacemos magia con la realidad.

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